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La travesía en el desierto de los Patriots sin Tom Brady

New England, la franquicia estadounidense más laureada en el siglo XXI, está a un paso de la Super Bowl siete años después de haber ganado su sexto título con el legendario quarterback

Patriots sin Tom Brady

Incluso tras siete años de barbecho, ninguna franquicia en el deporte estadounidense supera los seis títulos de los New England Patriots en lo que va de siglo: solo lo igualan los Lakers en la NBA. Lo que en términos históricos sería un lapso —los Chicago Bulls llevan 28 años sin ganar desde que se fuera Michael Jordan, los New York Yankees no reinan en el béisbol desde 2009 y Canadá lleva sin campeón en la NHL desde 1993— no ha sido una digestión rápida para una entidad que no quería perder, quizás para demostrarle a Tom Brady, el quarterback con el que ganó aquellos títulos entre 2003 y 2019, que se equivocó yéndose.

Tanta frustración acabó con el otro cónyuge del matrimonio más fructífero de la NFL, el entrenador, Bill Belichick, que se marchó tras 24 temporadas sin ampliar su palmarés en el divorcio, algo que sí logró Brady. De una forma parecida a aquella historia, que empezó por accidente, los de Massachusetts han dado la vuelta a un año de cuatro victorias y 13 derrotas en una temporada con 14 victorias y pelearán el domingo en Denver por volver a la Super Bowl. Al corral de los ganadores.

Brady creó una leyenda inesperada, pues fue elegido en la sexta ronda del Draft del 2000: 198 jugadores salieron antes que él. Sin un solo complejo, le dijo al propietario, Robert Kraft, que había tomado la mejor decisión de su vida. Inédito en su primer año, aprovechó la lesión del veterano Drew Bledsoe en 2001 para liderar al equipo en play-off, entre méritos, como remontar diez puntos a los Raiders, y circunstancias como un error arbitral que ignoró el balón que perdió en la posesión que mandó el partido a la prórroga. No solo ganaron esa noche, sino la primera Super Bowl de la franquicia, la de 2001 ante los Rams.

La decisión de Belichick, que llegó un año antes —con 5 victorias y 11 derrotas—, ya no tenía marcha atrás y ambos ganaron tres títulos en cuatro años. Una unión que aguantó incluso tras una década sin trofeos, perdiendo por el camino dos finales dramáticas ante los New York Giants. Brady volvió a sonreír en 2015 en una final que los Seahawks tenían ganada antes de perder el balón en los últimos segundos. Ahí empezó otro periodo dorado con tres títulos en cinco años, incluyendo una remontada imposible ante los Atlanta Falcons en 2017. Los dos años que no ganaron cayeron en la final de conferencia en Denver porque su kicker falló una patada de trámite y perdieron otra Super Bowl ante los Philadelphia Eagles. Éxito por decreto.

Brady siguió el patrón de otros grandes quarterbacks que dejaron el equipo de su vida en el epílogo de sus carreras. Desde Peyton Manning, que consiguió ganar con los Broncos tras hacerlo con los Colts, a Brett Favre o Aaron Rodgers, incapaces de repetir su corona con los Packers en otros lares. En su último año, 2019, dejó caer su tristeza pese a ganar los ocho primeros partidos. Así llegó el 4 de enero de 2020 y su eliminación en casa ante los Tennessee Titans. Dos meses después, anunciaba su salida para ganar al año siguiente el título con los Tampa Bay Buccaneers. Los Patriots lideraban el palmarés junto a los Pittsburgh Steelers, pero aquella guinda ponía a un individuo por encima de cualquier franquicia. Brady, 7; Patriots, 6.

Ahí empezó el luto en New England, con la exigencia de un gran mercado por no dejar nunca de ganar. Donde otros asumen malas temporadas para reconstruirse a través de rondas altas del draft, Kraft abogó por retoques en la agencia libre. El primer sucesor de Brady fue Cam Newton, que llegó a precio de saldo —1,5 millones de dólares— y no evitó el primer año sin play-off desde 2008 —con Brady fuera por una rotura del ligamento cruzado— y el primer balance negativo desde 2000. Si el adiós de Rob Gronkowski, el mejor socio de Brady —lo sacó del retiro y ganó con él en Tampa— no ayudó a Belichick, tampoco lo hizo el de Julian Edelman, otro receptor para la historia. Eligió a Mac Jones en el número 15 del Draft y dirigió con él como quarterback su último partido de play-off, en 2022, una paliza ante los Buffalo Bills en primera ronda (47-17).

En el camino perdió a su gran cerebro ofensivo, el coordinador Josh McDaniels, que encontró trabajo como primer entrenador. Sin un quarterback fiable y con fugas por doquier, todo acabó en enero 2024 con su peor balance (4-13). Belichick y Kraft rompieron lazos por “mutuo acuerdo”.

Paradojas del destino, el matrimonio Brady-Belichick lo rompió alguien de la familia, Mike Vrabel, parte en los tres primeros títulos con la rareza de aportar en ataque y en defensa: 12 pases de touchdown, además de cazar quarterbacks. Esa amplia comprensión de juego le hizo prosperar rápido como entrenador. Sus Titans eliminaron a New England en el último partido de Brady y se quedaron a un paso de la Super Bowl con un pasador menor como Ryan Tannehill en una gran demostración táctica. No pudo repetir el milagro, la franquicia le despidió y cuando Kraft buscaba entrenador tras repetir fiasco el año pasado (otra vez 4-13), le llamó. ¿Una decisión tan buena como elegir a Brady en el draft?

Tras empezar 1-2, los Patriots han ganado 15 de sus últimos 16 partidos. Tienen a un sólido quarterback como Drake Maye, con la suficiente madurez y arsenal ofensivo para ser el favorito al MVP y a ser el tercer pasador de menos de 24 años —tiene 23— en una Super Bowl. Sumado a una defensa estelar que firmó números de videojuegos el domingo ante los Houston Texans, interceptando a su quarterback C.J. Stroud tres veces en un cuarto para un total de cinco recuperaciones de balón.

Con esa solvencia global visitan este domingo Denver para medirse a las 21:00 hora peninsular española a unos Broncos que perdieron a su quarterback titular, Bo Nix, en la última jugada de su victoria ante los Bills: se fracturó el tobillo mientras se arrodillaba para colocar el balón a su pateador. Esas circunstancias que erigieron dinastías en New England. Síntoma, quizás, del nacimiento de una nueva. Los Seattle Seahawks y Los Angeles Rams disputan a las 00:30 del lunes la otra final de conferencia.

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