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Gonzalo Suárez, ante el Goya de Honor: “He tenido suerte, pero no éxito”

El director, escritor y periodista ovetense recibe el homenaje de la Academia de cine: “¡Es un galardón póstumo! Pero lo cierto es que nunca tuve prisa…”

El director de cine, Gonzalo Súarez, en su casa de Madrid.Pablo Monge

A sus 94 años Gonzalo Suárez, ovetense, cineasta, escritor, periodista, entrevistador, recibirá este sábado el Goya de Honor del cine español. Está feliz, aunque siempre piensa que él es otro. Cuando ha triunfado en la literatura ha preferido hablar de sus películas antes que de sus libros, y cuando, como ahora, llega al triunfo en su otra gran vocación, el cine, se acuerda más de su literatura. Esta entrevista se hizo en su casa, en medio de un sosiego que él animaba sirviéndose vino tinto. Nació cuando en España despertaba una guerra. Esta charla recoge lo que él recuerda de aquel tiempo y muestra el escalofrío que rodea al mundo. Ahora el cine, la literatura, su alegría, viajan por una senda que impide el optimismo.

Pregunta. La pared de su habitación de escribir está llena de fotos con nombres propios. Jacques Brel, Charo López, Georges Brassens, Chillida, Mariscal… Una casa hipervivida.

Respuesta. Ya lo creo, sí. Lo que pasa es que yo no entiendo de años, salvo cuando me los recuerdan. No me enteré, hasta que me lo dijeron, que iba para 91 años y ya estaba casi en 92. Es espantoso llegar a estas edades y es horrible escuchar esa frase: “Estás bien para tu edad”.

P. También hay alegría.

R. A ratos, a ratos. Uy, ya ves, dices alegría y me da la tos. En todo caso, aún no he llegado a ser nada, sino alguien que se busca y no se encuentra.

P. Pero ahora lo ha encontrado el Goya de Honor.

R. ¡Es un premio póstumo! Pero lo cierto es que nunca tuve prisa… Me dieron un premio en San Sebastián y dije en público: “Ya tengo un pisapapeles”. Y en Madrid, por otro premio, cuando fumaba puros, dije: “Me servirá de cenicero”. He dejado de fumar hace mucho.

P. ¿Siempre ha tenido este carácter?

R. Es que he perdido la memoria, sinceramente, no me acuerdo de nada. Lo cierto es que tengo la impresión de que no he llegado y que por eso he venido haciendo tantas cosas. Quizá porque no he llegado a ningún sitio nunca. He dejado las cosas cuando tenían éxito.

P. ¿Añora el cine, que ahora lo premia?

R. Te permite captar el instante, ahora que no tengo la oportunidad de inventarlo. Al principio me encantaba no saber hacer cine, no tener ni idea y hacerlo. Entonces no me quedaba más remedio que inventarlo y me remitía más a los pintores impresionistas, donde predominaba la pincelada… Bueno, basta de rollo.

P. Dijo en algún momento de su vida que la esencia del cine es a partir de la mentira.

R. En realidad, eso se puede aplicar a todo. Lo que de veras se respeta de las películas es la capacidad de reconstrucción de lo que ocurre, la búsqueda de un instante que es inasible. Nuestra vida no tiene ni antes ni después, es como el sino: el instante presente. No da tiempo ni a nombrarlo y en seguida es pasado.

P. Ha hecho de todo: periodismo, literatura, boxeo, cine… Ahora le premian por este último. ¿Se hubiera premiado usted por el cine que ha hecho?

R. No lo sé. Preferiría marcar un gol, y fíjate, una vez, jugando con futbolistas del Inter, marqué uno. De repente le di a la zurda y el balón entró por un ángulo inverosímil. Puramente fortuito, tan irrepetible. Mi trabajo con Helenio Herrera [su padrastro, fue entrenador del Barça de Luis Suárez y de Kubala, a Suárez lo entrenó también en el Barcelona] me permitió apreciar lo que son los espacios, el cerrojo, el famoso cattenaccio. Me decía, cuando yo le ayudaba a preparar los partidos: “No mires al balón”. Eso me ayudó en todo lo que hice luego: no mirar al balón.

P. ¿Qué ha significado para usted esta diversidad de pasiones?

R. Esa respuesta no me la sé... Quizá tiene que ver con mi escapada del éxito. Aprendí a no llegar. Es interesante intentarlo. Es marcar ese gol por la escuadra.

P. Dijo que en el cine juega a engañarse a sí mismo.

R. No solo en el cine. En todo. Yo creo que la vida nos inventa. En cuanto dejas de engañarte, te deprimes. No hay más que mirar al entorno y ya te entra la dejadez.

P. ¿Es todo tan terrorífico?

R. Sí, si abandonas la idea de que estás dentro de una película, todo termina siendo terrorífico.

P. ¿Haría una película sobre este momento del mundo?

R. Se la encargaría a otro. A lo mejor me haría rico con un tema puntual, pero no quiero contribuir a la promoción del terror. He vivido dos guerras, una de ellas prematura, que fue la que ocurrió en mi tierra, en Asturias, cuando yo era muy niño. Y la otra fue la guerra que llamaron civil. Los niños perciben la angustia del entorno… Te metían debajo de la cama la metralla y todos esos objetos de la guerra, y desde ahí ya empiezas a ver la perspectiva del futuro… Solo se admitía el aprendizaje del juego, pero este tenía que ver con las pistolas. Bueno, dejemos ese tiempo, no nos pongamos demasiado serios.

P. Es imposible ahora preguntar sin pedirle opinión sobre lo que ocurre con Trump.

R. Me aterroriza. ¡Y ha sido elegido democráticamente dos veces! Da mucho miedo, lo confieso. ¡Es como si hubiéramos elegido a Franco democráticamente!

P. Va a ser usted entronizado por el mundo del cine.

R. Me gusta mucho que se hayan acordado de mí. ¡Y fue unánime! Se dieron prisa sospechosamente, porque ya soy casi póstumo. Igual se me olvida, pero tengo que decirle al auditorio que me alegra que se entregue el premio en Barcelona. Allí escribí mis primeros libros, hemos tenido Helène y yo nuestros cuatro hijos, llegando de París con los bolsillos vacíos, y me he sentido allí acogido y protagonista de los momentos más felices de mi vida.

P. Y se hizo periodista deportivo.

R. Con el seudónimo de Martin Girard, con el apellido de mi mujer. Hice de todo, y publiqué un libro, Las suelas de mis zapatos, que me sirvió para rendirle homenaje a esa época. Soy un periodista también, claro, y de todos los colores. Me gustaba hacer preguntas; no era de esos que explican la respuesta que han escuchado, como si ellos también la hubieran pensado.

P. A lo mejor todo lo que ha hecho en la vida es periodismo…

R. Pues sí, rotundamente sí. Un periodismo que se ha hecho para el cine y que he trabajado en la ficción. Ante la imposibilidad de cambiar lo que llamamos realidad, sobre todo cuando nos conviene.

No es ejercicio de modestia, he tenido suerte, pero no éxito"
Gonzalo Suárez

P. Ahora ya no es periodista, pero una vez, en Oviedo, entrevistó a Woody Allen. Le preguntaba: “¿Hay vida más allá del cine?”. Y también le decía: “Sin la vida ni la literatura, ¿cómo sería posible la vida?”. Y a las dos cuestiones Allen le pedía que usted le repitiera la pregunta…

R. ¡Eso era por mi inglés más que defectuoso y por la falta de intérprete! Conservo la medalla que nos dieron, pero no me acuerdo ni cómo era ni dónde la tengo. No me acuerdo de nada, pero me acuerdo de que no me acuerdo.

P. Ahora, al fin, en el pódium. ¿Qué películas le acompañan como las mejores que podría exhibir? ¿Ditirambo, Remando al viento…?

R. Prioritariamente sería Don Juan en los infiernos. Las que más me gustan son las que me han enseñado a hacer cine. El extraño caso del doctor Fausto… Me fastidió que no le dieran el Goya a Carmelo Gómez por El portero, una película que me gusta porque tiene algo de mis veleidades.

P. Usted es al menos dos González Suárez. ¿Quién está ahora más cerca de usted?

R. Me temo que ahora están distantes los dos y quiero recuperar un tercero. ¿A quién se parecería? A mí, pero al que no he llegado a ser. Pero yo no quiero llegar a ser otro ni a ser nada. No quiero llegar a ser el que ya fui. Pues si llegué, apaga y vámonos. No es ejercicio de modestia, he tenido suerte, pero no éxito. Lo eludo, y si acaso lo acepto en lo que tenía mi memoria del fútbol que vi jugar y que ayudé a entender. El balón entra por un ángulo y es gol, y tú no te lo puedes atribuir: todo es una casualidad y un juego, siempre y cuando las circunstancias permitan que juegues y que te salves.

P. ¿Cómo ve el estado de salud de este país?

R. No me gusta nada el estilo que ha cobrado políticamente hablando. No me gusta, no me gusta. Y no entiendo cómo se ha echado la semilla y ésta ha proliferado tanto. El insulto, la mentira, las redes, Estados Unidos, los policías que matan. Sálvese el que pueda. Qué horror.

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