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Blogs / Cultura
Del tirador a la ciudad
Coordinado por Anatxu Zabalbeascoa

‘Emails’ a un joven arquitecto o arquitectura para volver a casa

En su libro ‘Reflexiones, para jóvenes arquitectos’, Juhani Pallasmaa, uno de los edificadores finlandeses vivos más famosos, trata de aconsejar a quienes empiezan una profesión y una vida

Fachada del Kamppi Center Helsinki (Finlandia), de Arquitectos: Helin & Co Architects y Juhani Pallasmaa Architects.Arcaid Images / Alamy Stock Photo (Alamy Stock Photo)

Con 89 años, Juhani Pallasmaa ha sido arquitecto, profesor, rector, escritor, conferenciante, crítico y autocrítico, es decir, alguien que ha rectificado. Lo explica en sus libros: defensor de la primacía de otros sentidos frente a la vista a la hora de valorar la arquitectura, es autor de una docena de escritos: de Los ojos de la piel a La mano que piensa pasando por animales arquitectos (Editorial Gustavo Gili). Por eso cuando el decano de la Escuela de Arquitectura y Diseño Fay Joenes, de la Universidad de Arkansas, le propuso un curso para jóvenes a la manera de las Cartas a un joven poeta que Rainer Maria Rilke escribió con 27 años a Franz Xaver Kappus, el finlandés pensó: blasfemia. Pero… repensó: “Tengo 82 años, he dado 106 veces la vuelta al globo terrestre, ¿no voy a ser capaz de escribir unos consejos?“. Estas son sus ideas-legado a modo de correo electrónico. El libro Reflexiones (Editorial GG) contiene esos consejos: un pequeño, y discutible legado que se apoya más en el mundo, la humanidad y la cultura que en la arquitectura como arte aislado. Veamos por qué.

En primer lugar, anima a reconocer la presencia del pasado en la vida cotidiana. No se trata de momificarlo ni de recrearlo. Se trata de avanzar a partir de lo ya avanzado. Y de conectar la arquitectura con la vida, esto es: con el mundo.

Empieza afirmando que los libros de arquitectura más importantes de su biblioteca son novelas, poemas, o volúmenes escritos por filósofos, científicos o directores de cine. Continúa animando a estar en el mundo a través de la experiencia de ser un humano, la observación atenta y los diálogos. También afirmando que todas las grandes obras de arquitectura son más sabias que sus diseñadores.

Así, describe un “Continum histórico”, una vida acumulada que invita a ser humilde y valiente a la vez: “La arquitectura es una continuación y una extensión de nuestros cuerpos y mentes, recuerdos e imaginación, vivimos en “la carne del mundo” (cita a Merleau-Ponty).

Pallasmaa explica que la capacidad creativa no surge de una fuente externa. Que necesita sabiduría. Y afirma, citando a Rilke: “El arte no es una pequeña muestra selectiva del mundo: es una transformación del mundo hacia el bien”. Hacia el bien, eso le lleva a interpretar que las obras de arte son el resultado de haber estado en peligro, de haber arriesgado. Sin embargo, no es riesgo lo que busca este arquitecto. Él busca responsabilidad.

Por si les sirve a los jóvenes, Pallasmaa anota que hoy duda más que cuando era joven. Mucho más. Y que la humildad puede ser productiva. Echa mano de muchos de sus autores favoritos. De Erich Fromm cita que “la belleza no es lo contrario de lo feo, sino de lo falso”. De Fiódor Dostoyevski que “sólo la belleza y la sensibilidad pueden salvar al mundo”. De Rilke dice que los versos no son sentimientos sino experiencias. Al final eso, experiencias, es lo que querría él ver en arquitectura: la traducción de experiencias en lugares.

Por eso sugiere que el trabajo creativo se acerca más a una excavación arqueológica que a la exploración de un desierto desconocido. De modo que recomienda empatía para alejarse de uno mismo y ponerse en la piel de los demás. “Los edificios contemporáneos con frecuencia parecen demasiado forzados, formales y artificiales”. ¿De qué está hablando?”. Está cuestionando la primacía de los sentidos. Defiende que “una obra arquitectónica potente no solo se ve, también se siente con nuestro cuerpo. Nos conmueve, nos educa y nos cambia”.

Recela de los estudios de arquitectura convertidos en despachos de abogados y defiende que en el acto de crear uno se convierte en su obra. Pallasmaa cita a filósofos y escritores tanto como a artistas. Del escultor rumano Constatin Brancusi, que apenas escribió, anota que “el arte genera ideas. No las representa”. Y de Ramón y Cajal toma prestado el consejo de tomar lecciones de acuarela y pintura: “todos los grandes observadores son habilísimos dibujantes”.

Del escritor John Berger recoge una idea: “Toca todo lo que ven sus ojos”. Es lo que el británico escribió sobre Van Gogh. Por eso advierte frente al debilitamiento del sentido de la vida en la arquitectura contemporánea: “Nuestra profesión debería volver a aprender el arte de la humildad y la modestia para remplazar el aire de arrogancia y egocentrismo del mundo artístico”. Recuerda al pintor Balthus: “Si una obra solo expresa a la persona que la creó, no valió la pena hacerla”. Como opción, apunta a Joseph Brodsky, el premio Nobel ruso que escribió que la poesía era una tremenda escuela de inseguridad e incertidumbre.

¿A dónde quiere llegar Pallasmaa? Defensor de otros sentidos por encima del visual, el arquitecto finlandés recuerda la relación entre olvido y velocidad y entre recuerdo y lentitud. Y apunta que la tarea de la arquitectura no es proyectar mundos de ensueño sino crear y reforzar procesos de arraigo. Como escribió Aldo van Eyck: “ayudar a que el ser humano vuelva a casa”.

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