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Divorcio con ‘velázquez’: un juez ordena que el Prado custodie un valioso lienzo que se disputan el magnate del acero Aristrain y su exesposa

El magistrado envía el cuadro atribuido al pintor sevillano al museo después de que ella denunciara por apropiación indebida al millonario, que además vuelve ahora al banquillo por fraude fiscal

Salida a subasta en la sala Retiro de Madrid en 2007 del retrato de Felipe IV, pintado por Velázquez en 1628 y que es réplica o copia del que se conserva en el Museo del Prado. Claudio Alvarez

Hay parejas que al divorciarse pugnan por la mascota o por los libros. Y hay otras, al menos otra, que lo hace por un Velázquez. José María Aristrain de la Cruz, una de las personas más ricas de España, ha sido denunciado por su exesposa por quedarse un velázquez en su palacete de Madrid. Ella considera que fue un regalo que él le hizo a ella y que le pertenece en el reparto, pese a que seguía en un palacete del magnate. Según fuentes conocedoras del caso, un juez de Madrid ha ordenado al Ministerio de Cultura que busque un lugar para que sea custodiado hasta que se termine el litigio y el Gobierno eligió el Museo del Prado. Desde el pasado 17 de marzo el cuadro reposa en los almacenes de la pinacoteca.

En diciembre de 2007, la sala Retiro de Madrid sacó a subasta uno de los pocos velázquez que quedan en manos privadas. Se trata de un retrato de Felipe IV réplica, aunque con variaciones, del que se encuentra expuesto en el Museo del Prado, en la misma sala de Las Meninas. Felipe IV aparece de pie, casi a tamaño natural. El monarca, que entonces tenía unos 20 años, está vestido completamente de negro, con un traje austero. El precio de salida era de 2,5 millones de euros. No es mucho para un cuadro así, pero su estado de conservación era defectuoso y había sido difícil atribuir el cuadro a Diego Velázquez.

Aunque había ciertas dudas, la casa de subastas presentó informes que acreditaban la autoría. En 2000, según publicó este diario, el profesor Peter Cherry, del departamento de Historia del Arte del Trinity College de la Universidad de Dublín, aseguraba que “se detectaban en la obra los detalles característicos de la pincelada del pintor y de sus toques puntuales y precisos, propios de las obras realizadas por Velázquez en sus primeros años en Madrid”. El diario Abc ampliaba que “también Carmen Garrido consideró, en un artículo publicado en la revista Goya, que el retrato era una réplica autógrafa del cuadro del Prado”. Un exdirector del museo, Alfonso Pérez Sánchez, lo consideraba obra de Velázquez, “pero muy dañada y torpemente restaurada”. Y Enrique Valdivieso, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, avaló asimismo la autoría del lienzo a Velázquez.

Aun así, la subasta quedó desierta. Ni el Estado pujó por el lienzo.

En 2015, la casa de arte Isbilya, en Sevilla, sacó a subasta de nuevo el cuadro, esta vez por 750.000 euros de precio de salida. En esta ocasión sí hubo comprador. Aunque nunca se desveló su identidad, lo adquirió la entonces esposa de José María Aristrain, Gema Navarro, con la que estaba casado en segundas nupcias. Lo hizo con el dinero de él, que ya estaba inmerso en una investigación por delito fiscal.

Para Aristrain el dinero nunca fue un problema. Con solo 26 años, heredó una fortuna de José María Aristrain Noain. Aunque nacido en Argentina, este volvió al País Vasco del que había salido su familia y en los años 40 montó una fundición. El negocio del acero se le dio de fábula. Tanto, que cuando en 1980, por primera y única vez en España, se publicaron las declaraciones de la renta, era el segundo contribuyente del país, solo por detrás de José María Ruiz-Mateos. Amenazado por ETA, siempre se negó a pagar el impuesto revolucionario. En 1986 falleció en un extraño accidente de helicóptero cuando sobrevolaba la Costa Azul.

Un imperio heredado

Con solo 26 años, el hijo heredó el imperio y desarrolló una obsesión por la seguridad y la discreción. La caza, los coches y los toros son su pasión. Aristrain dirigió los negocios sin apenas dar la cara. En 1997, entró en Aceralia gracias a las privatizaciones que emprendió el Gobierno de Aznar. En 2006, la india Mittal lanzó una opa y Aristrain, que apoyó a Mittal, se quedó con un 3% de ArcelorMittal. Se convirtió en uno de los principales accionistas de la sociedad, la mayor del mundo del acero. Forbes le situó ese año en el puesto 10º de los españoles más ricos gracias a una fortuna de 1.200 millones de euros. Hoy le calcula 1.400 millones.

El cuadro se sumó a su colección de arte. También colecciona coches, como un exclusivo Ferrari GTO, un ejemplar legendario del que solo se fabricaron un puñado de unidades en los años sesenta y que vale más de 50 millones de euros. Tiene uno de los mayores latifundios de España —Valdepuercas, en Cáceres—, un palacete en Sevilla —el de San Leandro—, una finca en esa provincia donde cría toros de lidia, una manzana completa cerca de la calle Génova que incluye la antigua embajada británica, un chalet en Somosaguas, un yate de 55 metros de eslora y un antiguo remolcador reconvertido en barco de ocio bautizado como Steel (acero).

Sin embargo, Aristrain mudó hace 20 años su residencia fiscal a Gstaad (Suiza) y toda la operación de Arcelor tributó en Luxemburgo. El fisco español no olió un euro y empezó a investigar.

José María Aristrain

En 2011, la Fiscalía de Delitos Económicos de Madrid se querelló contra él y, por orden del juez, el 21 de junio de ese año, hubo entrada y registro en sus domicilios y oficinas. La Fiscalía le acusaba de haber fingido su residencia fuera de España para defraudar 211 millones a Hacienda. Es una cifra que, por cuantía, le situaba al nivel de los pleitos de las grandes corporaciones. “Este cambio de domicilio fiscal a Suiza a partir de 2006 no responde a la realidad, teniendo por único objeto eludir el pago del IRPF e Impuesto de Patrimonio que le correspondían como residente en España”, sostuvo la Abogacía del Estado.

El caso se alargó durante años. Cuando por fin llegó a juicio, en 2023, Aristrain compareció en silla de ruedas y armado con un equipo de prestigiosos abogados y peritos. Entre otras cosas, alegó que al adquirir el palacete de Suiza lo hizo incluyendo una colección de arte valorada en unos 10 millones de euros, algo que no haría nadie que solo fingiese su residencia.

La Fiscalía y la Agencia Tributaria fueron a indicios como el uso de sus tarjetas y que en la membresía del club de esquí de Suiza que usaba dio como dirección su casa de Madrid. El caso acabó en absolución, pero el Supremo ha ordenado repetir el juicio desde el principio.

Tras ser absuelto, Aristrain se separó de su segunda mujer, Gema Navarro Mangado. El proceso no fue pacífico. Con la primera, María Palma, también tuvo un divorcio que acabó en los tribunales. En una de esas vistas, Aristrain declaró: “Que no sabe sus ingresos porque no cuenta su dinero, tiene muchas empresas y pierde y gana en Bolsa. Que no recuerda sus ingresos desde que nació, que no le preocupa”.

Con Navarro estaba casado en separación de bienes, algo que, en principio, garantiza que el divorcio no tenga una gran polémica. Ella salió de los consejos de administración en los que estaba. En el de Tubacex, por ejemplo, el motivo esgrimido fue “pérdida de confianza”.

Pero aun así, el proceso de divorcio acabó en un litigio en Suiza que zanjó la pensión para el hijo en común. Con todo, aún faltaba un fleco. El retrato de Felipe IV.

El lienzo se había quedado en el palacete en el centro de Madrid, propiedad de él. Ella lo reclamó, sin éxito, y no tenía acceso a la vivienda. Así que hace unos meses presentó una denuncia por apropiación indebida, según fuentes próximas al caso.

El asunto recayó en el Juzgado de Instrucción número 11 de Madrid, que el pasado 12 de febrero, y de acuerdo con la Fiscalía, pidió al Ministerio de Cultura que lo custodie. Valoraba la importancia que el cuadro atribuido a Velázquez podía tener para el patrimonio histórico. El ministerio eligió los almacenes de El Prado y el 17 de marzo, la brigada de Patrimonio lo trasladó al museo.

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