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El MNAC insiste ante la jueza de su incapacidad técnica para trasladar los murales de Sijena

El museo catalán afea a la titular del tribunal de Huesca que no haya tenido en cuenta sus informes periciales y le reclama que cree una comisión de expertos

El director y el presidente del MNAC, Pepe Serra y Joan Oliveres, muestran los murales de Sijena al presidente del Parlament, Josep Rull, el pasado verano. Massimiliano Minocri

El Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) asume que ha de cumplir la sentencia, pero no da su brazo a torcer e insiste en que desconoce el procedimiento técnico que permita devolver las pinturas murales de Sijena sin provocarles nuevos daños. Esa es la base del recurso que ha presentado este miércoles, agotando todos los plazos, ante la jueza de Huesca encargada de ejecutar la sentencia que obliga a restituir los murales pintados en el siglo XII al monasterio de Santa María de Sijena, después de la sentencia definitiva del Tribunal Supremo de mayo pasado. En ese último paso, los servicios jurídicos del museo lamentan que el tribunal haya obviado los diferentes informes que desaconsejan el traslado, instan a crear una comisión de expertos sobre la cuestión y reclaman saber las condiciones del lugar que albergarán las pinturas y a partir de cuándo, porque eso condiciona el desmontaje y la configuración de las cajas para proteger las pinturas. En resumen, lamentan que, en su opinión, no se ha tenido en cuenta el “componente abrumadoramente técnico” del movimiento de las pinturas.

Los abogados del centro museístico, controlado por la Generalitat pero en el que también participan el Ayuntamiento de Barcelona y el Ministerio de Cultura, han estado trabajando en el recurso de reposición la última semana. Parece a priori el último movimiento posible para intentar frenar el traslado de la obra. No obstante, en el último auto, la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Huesca, Pilar Vargas, ya dejó claro que no tenía intención de cambiar su decisión de obligar la devolución y de que esta se hiciera en un plazo máximo de 56 semanas, un año y un mes. Si es así, según el cronograma presentado por el MNAC, la manipulación de las pinturas podría iniciarse a partir de noviembre, después de licitar un concurso para encontrar una empresa especializada dispuesta a hacer los trabajos.

El texto cuestiona la decisión de la jueza. Primero, porque en el auto con el que zanjaba la cuestión exponía que durante el juicio de 2016 ningún perito había manifestado “la imposibilidad” de efectuar la restitución, una cuestión que los abogados del MNAC consideran una afirmación descontextualizada, puesto que, en su opinión, los técnicos advirtieron de los riesgos implícitos de un supuesto traslado a causa de la debilidad de las obras, si bien asumieron que si se pretendían mover las pinturas, estas se podían transportar. A ese efecto, recuerdan que el MNAC ha presentado en los últimos meses diferentes informes fimados por expertos e instituciones especializadas en la preservación de patrimonio que ponen de manifiesto la mala salud de las pinturas y reclaman, al menos, un informe de riesgos previo. De esos trabajos dice que la jueza ha prescindido “absolutamente y sin valoración alguna”.

“Las ha desdeñado y actuado como si no existiera”, resume el escrito, que también recuerda “la obligación de garantizar la conservación y promoción del enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural ya artístico de los pueblos de España y de los bienes que lo integran”.

Asimismo, hay una petición expresa para que la jueza convoque la comisión de expertos que en octubre propuso constituir para decidir sobre el traslado y que hace una semana dijo que se podría crear solo si las diferentes partes se pusieran de acuerdo. La acritud entre el MNAC y las partes demandantes, el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Villanueva de Sijena, es de tal magnitud que difícilmente se pondrán de acuerdo en ninguna cuestión. El museo catalán defiende que la viabilidad de ese grupo es responsabilidad de la jueza y que, al no constituirla, “el Tribunal hace dejación del ejercicio de funciones que constitucionalmente le corresponden”. Y va más allá, al afirmar: “El MNAC no entiende, con sinceridad, qué razón o razones (no explicadas ni menos aún motivadas) justifican la reticencia del Tribunal a ordenar la constitución de la comisión de expertos”.

Otro punto en el que el MNAC discrepa de la jueza es sobre la necesidad o no de conocer las condiciones del lugar donde se reinstalarán las pinturas, la sala capitular del monasterio de Sijena donde estuvieron hasta 1936, y cuánto tiempo pasará hasta que puedan ubicarse allí. Aunque la jueza señaló que no era una cuestión crucial, el museo considera esos factores imprescindibles puesto que condicionan el tipo de desmontaje y embalaje de los 134 metros cuadrados de murales, puesto que la configuración de las cajas será diferente si las pinturas han de estar dentro uno, tres o los meses que el Gobierno aragonés considere necesarios. Asimismo, considera que las condiciones del lugar del emplazamiento son tenidas en cuenta en todos los análisis de riesgo de movimiento de patrimonio cultural. Niega asimismo saber si la sala reúne “los requisitos de seguridad estructural y acondicionamiento climático”.

En una respuesta en el Congreso, el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, ha defendido el trabajo de los técnicos en la conservación de los frescos de Sijena y ha asegurado que su gabinete “vela y velará” también por ellos. Pero ante las preguntas del diputado de ERC Francesc-Marc Àlvaro, ha sido tajante: Hay una sentencia firme que no podemos ignorar".

La sombra del Guernica

La jueza de Huesca zanjó la semana pasada el caso de Sijena justo en un momento en el que afloraba otro debate sobre traslado de obras de arte a raíz de la petición del Gobierno vasco de que el Guernica viajara para una exposición temporal a Bilbao, a lo que el Ministerio se ha opuesto asumiendo argumentos técnicos. La sentencia judicial hace diferentes los dos casos, pero los argumentos que han presentado en sus respectivos informes tanto el Museo Reina Sofía como el MNAC no difieren mucho. Donde el primero habla de “peligro de desprendimientos” de pintura, el segundo se refiere a “riesgo de desprendimientos”, porque el cuadro “presenta grietas verticales, levantamientos y pérdidas” y la antigua obra mural “presenta grietas y levantamientos”. Mientras se apela a lo “sensible” que es el Guernica de la actualidad por, entre otras cuestiones, los 30 enrollamientos que ha sufrido para permitir sus diferentes traslados, la “fragilidad” sirve para describir la situación de los murales de Sijena, arrancados por la agresiva técnica del strappo en una operación urgente llevada a cabo en plena Guerra Civil y después de un gran incendio que asoló la sala capitular del monasterio oscense y debilitó todavía más las pinturas del siglo XIII, además de dejarlas a la intemperie.

La batalla por los murales de Sijena se ha cargado en los últimos meses de un fuerte contenido político. Un grupo de cinco consellers presentaron una querella criminal contra la jueza encargada del caso, al considerar que su decisión iba a representar la destrucción de patrimonio artística. El Tribunal Superior de Justicia de Aragón ha rechazado admitirla a trámite.

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