El PP tumba en el Congreso la moción de Vox sobre la “prioridad nacional” en el acceso a las ayudas públicas
Los populares votan ahora contra las tesis más xenófobas de los ultras, pero evitan rebatirlas en el debate


Vox obsequió este miércoles al pleno del Congreso con un formidable compendio de sus tesis más xenófobas. Su diputado extremeño Ignacio Hoces no se reprimió de nada, ni siquiera de jalear casi como héroes a quienes “defendieron nuestra identidad” coreando “musulmán el que no bote” en el último partido de la selección española de fútbol contra la de Egipto. ¿Y el PP? Una de cal y otra de arena. En el debate, los populares no tuvieron nada que decir sobre estas perlas. Lo que se discutía era una moción de Vox que abogaba sin rodeos por repatriar a todos los inmigrantes irregulares y privarlos de la asistencia sanitaria salvo las urgencias. La diputada del PP Carmen Navarro se entregó al enésimo alegato contra la corrupción del PSOE y obvió con delicadeza cualquier controversia con sus socios autonómicos. El rechazo del partido de Alberto Núñez Feijóo se manifestó luego de un modo más silencioso: votando no, junto a todo el resto de la Cámara.
Tras cerrar el pacto extremeño, Vox quería forzar al PP a pronunciarse en el Congreso sobre su constante estigmatización del inmigrante. Los de Feijóo intentaron escabullirse presentando un texto alternativo, más suavizado, pero en el que asumían la tesis de la “prioridad nacional” en el acceso a ayudas y servicios públicos, en la línea de lo acordado para hacer presidenta extremeña a la popular María Guardiola. Vox no lo aceptó. “Su enmienda recoge la filosofía del pacto en Extremadura, pero esto es el Congreso nacional”, argumentó Hoces. “No es filosofía, es la literalidad del pacto”, le replicó Navarro. Fue el único atisbo de discrepancia que deslizó la popular tras escuchar un discurso que rezumaba las elucubraciones de la internacional ultra sobre el Gran Reemplazo, la supuesta conjura para sustituir a las poblaciones blancas por inmigrantes de otras culturas.
La intervención de Hoces sonó a medio camino entre la literatura distópica y las divagaciones lisérgicas. España vive sumida en la “anarquía migratoria”, “millones de españoles se sienten extraños en su propio país” y sufren la “transformación acelerada de nuestro propio ser”. El Gobierno ha inoculado el “odio a lo propio” y provocado el “colapso del Estado de bienestar”. El país se ha convertido en el “hospital de África y América”. Y frente a esa hecatombe se alza Vox con su defensa de la “prioridad nacional”, sintetizada así por Hoces: “El primer deber de un español es proteger primero a los españoles; el segundo, también; y el tercero, también”.

El portavoz ultra anticipó que lo que su partido ha “conseguido” en Extremadura lo extenderá “a todas las regiones de España”. No se ahorró algún pellizco al PP por haber entregado la llave de oro de Madrid al presidente colombiano, Gustavo Petro. Porque el mismo partido que a menudo elogia el franquismo sostiene que Petro, elegido democráticamente y que se dispone a dejar el poder tras cumplir su mandato constitucional, es un “dictador”. Lo repitió Hoces este miércoles, siguiendo la estela del portavoz adjunto de su grupo, José María Figaredo, quien ya la semana pasada había extendido la calificación dictatorial a la mexicana Claudia Sheinbaum y al brasileño Luiz Inácio Lula da Silva
Carmen Navarro escuchó todo eso desde su escaño y subió a la tribuna de oradores casi al tiempo que en Mérida su compañera Guardiola era investida con los votos de la extrema derecha. En las primeras palabras de la diputada popular afloró el término “prioridad”, aunque en un sentido muy diferente al del objeto de debate: “Desde que llegaron al Gobierno [los socialistas] han tenido dos prioridades: primero robar y después tapar lo robado”.

Lo que siguió fue una larga digresión para no hablar de lo que tocaba. Navarro recorrió los grandes hits del discurso de su partido: Begoña Gómez, José Luis Ábalos, la falta de Presupuestos, la pobreza infantil, el estado de las infraestructuras ferroviarias… Con el salpimentado de los ataques a la presidenta de la Cámara, Francina Armengol, ausente en ese momento, de la que Navarro, como secretaria cuarta, es compañera de la Mesa y a la que los populares se empeñan en implicar en el caso Koldo. De la inmigración solo se ocupó para deplorar el proceso de regularización. La “prioridad nacional”, que su grupo había asumido por escrito en la enmienda rechazada por Vox, ni la mentó.
Parte de la Cámara ignoró el debate. Los diputados de ERC, Junts y EH Bildu lo plantaron al completo. Mikel Legarda, del PNV, intervino brevemente desde su escaño para advertir que las propuestas de Vox van en contra del “acervo civilizatorio europeo”. Los ultras escucharon acusaciones de racismo por parte de Candela López, de Sumar; Martina Velarde, de Podemos, y Àgueda Micó, de Compromís. El socialista Juan Francisco Serrano se presentó él mismo como un “hijo de la inmigración” para contraponerse a Hoces, “hijo de un duque”. Como aquí nadie da puntada sin hilo y se avecinan las elecciones en Andalucía —los grupos dan cancha estos días a sus diputados de esa comunidad—, Serrano aprovechó el resto del tiempo para denunciar el estado en que se encuentran los servicios sociales bajo el Gobierno autonómico del PP.
Visto lo visto, y oído lo oído —también las insinuaciones que los populares venían haciendo desde la víspera en los pasillos—, los pronósticos eran que el PP se abstendría. Pero hacer apuestas sobre las posiciones públicas de Feijóo resulta un deporte de riesgo. En la tribuna, ni una crítica. En la privacidad del escaño, la casilla roja del no.


























































