Jesús Cimarro, primer productor teatral galardonado con el premio Max de Honor
El empresario, una de las figuras más influyentes del ecosistema escénico español, recibirá en junio en Mérida


Por primera vez en las casi tres décadas de los Premios Max, los más relevantes y veteranos de las artes escénicas en España, el trofeo de honor no se entregará a un artista, sino a un empresario. La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), organizadora de los galardones, ha decidido este año otorgárselo a Jesús Cimarro, una de las personalidades más influyentes del panorama teatral nacional, no solo por su abultada trayectoria como productor, distribuidor y exhibidor sino también por su liderazgo en las principales asociaciones sectoriales. Lo recibirá en la gala de entrega de la 29º edición de los premios, el 1 de junio en el teatro romano de Mérida, donde se celebra cada verano el festival de teatro clásico que dirige Cimarro.
Antonio Onetti, presidente de la SGAE, explicaba ayer en un encuentro con la prensa las razones de esta decisión excepcional: “Queremos poner en valor esos otros trabajos menos visibles para el público, pero igualmente importantes para el desarrollo de las artes escénicas”. En el caso de Cimarro, “hay que destacar su apoyo a la dramaturgia española, su defensa de los derechos de autor y su contribución a la profesionalización del sector”, señalaba Onetti.
A su lado, el galardonado agradeció el premio como un reconocimiento a un oficio que arrastra algunos prejuicios. “La imagen del productor con el puro contando billetes es obsoleta y no tiene nada que ver con la realidad actual. Es cierto que cuando yo empecé, en los años ochenta, no había apenas profesionalización. El primer manual sobre el oficio, de hecho, lo escribí yo. Pero hoy todo ha cambiado”, comentaba Cimarro.
Puede que el público no lo conozca, pero no hay nadie relacionado con las artes escénicas españolas que no conozca a Cimarro. Nacido en Ermua (Bizkaia) hace 61 años, su habilidad para combinar los preceptos empresariales con la producción artística lo ha convertido en una figura todopoderosa en el ámbito del teatro comercial. Al frente de su productora, Pentación Espectáculos, que fundó en 1988 junto a José Luis Alonso de Santos, Gerardo Malla, Rafael Álvarez El Brujo, Margarita Piñero y Tato Cabal, ha puesto en pie y distribuido más de 275 montajes y dirige el festival de Mérida desde hace 15 años. En Madrid, gestiona el teatro La Latina y programa el Bellas Artes. Es cofundador de la Academia de las Artes Escénicas y presidente de la asociación madrileña de productores, así como de la federación estatal Faeteda. En 2018, la revista Forbes lo incluyó entre las 100 mentes más creativas del país, apodándolo como “el señor del teatro” en España.

Onetti subrayaba ayer el papel de Cimarro en la transformación de la industria cultural española: “Como empresario, por supuesto, su trabajo es mantener viable el negocio. Pero a la vez, siempre ha mirado por la parte artística. Desde sus inicios, cuando se asoció con artistas para fundar su productora, ha sabido combinar lo comercial con apuestas más arriesgadas”. Podría decirse que Cimarro es el epítome del empresario teatral: controla toda la cadena de producción y distribución, los vínculos con las instituciones y las relaciones con los artistas. Es también artífice de los últimos éxitos en los escenarios de figuras como Lola Herrera, José Sacristán, Concha Velasco o Héctor Alterio.
Él se enorgullece especialmente de haber dado impulso en el ámbito comercial a dramaturgos españoles, entre ellos Alberto Conejero, Paco Bezerra, Alonso de Santos o Adolfo Marsillach. Aunque reconoce que también ha tenido que producir espectáculos alimenticios para sostener la empresa: “Por supuesto, hay que hacer cosas que no te gustan del todo, pero que sabes que van a tener tirón. Aunque a veces incluso con esas te puedes equivocar. El público es muy variado y a veces impredecible”. ¿Ha estado alguna vez al borde de la ruina? “¡Varias veces!”, exclama.
Desde su privilegiada posición, porque conoce el negocio desde sus cimientos, Cimarro es también una figura a la que muchos acuden para pedir consejo o tomarle el pulso al sector. “En este momento, lo que más preocupa al sector es la reducción de las giras. Durante la crisis de 2008, las instituciones locales y regionales redujeron los presupuestos y no se han recuperado. De manera que donde antes se programaban tres funciones, ahora solo dos o una. Esto merma mucho el tejido profesional”, apunta.
Por eso se muestra también cauto a la hora de calificar el crecimiento en las cifras de ocupación desde la pandemia y la sensación de euforia que a veces se produce con determinados fenómenos teatrales que agotan las localidades enseguida. “Si se programan menos funciones, es lógico que se agoten las entradas antes. Pero no olvidemos que ocurre solo en algunos espectáculos”, advierte. No obstante, dice, “que eso suceda es positivo. Demuestra que las artes en directo tienen futuro”.
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