Víctor Coyote, músico y artista: “Es absurdo analizar las letras del reguetón como si fueran de Shakespeare”
El gallego lanza un recopilatorio de su carrera en solitario y un libro de relatos, “basado en hecho reales”, sobre la Movida madrileña


Hoy la música latina domina el mundo, aunque hubo un tiempo en que no estaba tan bien vista, sobre todo en ciertos ámbitos. Pero allí estaba Víctor Coyote (Víctor Aparicio Abundancia, Tuy, 68 años), primero como miembro de Los Coyotes, luego por su cuenta y riesgo, partiendo del rock and roll y el punk para explorar los ritmos más calientes.
Ahora lanza un recopilatorio con sus mejores temas en solitario El propio (El Volcán Música) y recupera un libro de relatos “basados en hechos reales” de la Movida madrileña, Cruce de perras (Autsaider). Música y literatura que se juntan con el arte que también ha vertebrado su vida y le ha dado de comer: la ilustración y el diseño gráfico.
Pregunta. Por sus letras da la impresión de que usted tiene cosas que decir, cosa no tan común.
Respuesta. Siempre me ha preocupado el rollo social, mis letras suelen tener actualidad, y también me ha gustado el costumbrismo, una cosa muy mal vista, pero que no deja de ser contar las cosas que pasan en la calle. Trato de seguir la línea de Rubén Blades o David Byrne. Eso sí, no estoy en contra del rollo baile.
P. ¿El rollo baile?
R. Ha existido siempre: las letras de baile siempre han sido más directas, más frívolas, más picantes. El “mueve tu cucu” lo hay desde Nueva Orleans hasta no sé dónde. Me parece absurdo eso de analizar las letras del reguetón como si fueran de Shakespeare.
P. ¿Usted cree en el diablo, como dice una canción?
R. No creo en esoterismos, pero sí en la existencia del mal. Hay gran cantidad de hijos de puta que son capaces de hacer daño, aunque les lleve trabajo. No creo en eso de que todo tiene su justificación: puede haber voluntad de dañar.
P. Otra cosa que dice: el rock ha muerto y Puerto Rico puso a la gente a perrear.
R. Puerto Rico le ha dado un golpe importante al rock. Lleva mucho tiempo siendo el top, ya desde Marc Anthony; luego ha venido el reguetón, Tego Calderón, Bad Bunny... La furia con la que la gente del rock ataca al reguetón es un síntoma. Dicen que los reguetoneros cantan de tal manera, como si Bob Dylan no cantara como una oveja acatarrada. Además, la gente del rock ha abandonado la polirritmia que venía de la música negra y sigue ahora un ritmo militar.
P. Casi todo sale de la música negra.
R. El siglo XX es la historia de la aceptación de la polirritmia, o sea, de los tambores. Surgió un rock mezclado con mambo, el ritmo shuffle, más marchoso, y cosas por el estilo. The Beatles comenzó haciendo música de negros, ruidosa y rítmica, y luego acabaron haciendo cosas más parecidas a lo europeo, al minué, que a la música africana. Bueno, así también hicieron discos cojonudos.

P. Vuelve usted a la Movida en su libro… ¿Más Movida?
R. Cuando empecé a escribirlo me decían: “¿Por qué te pones a escribir esto si no te interesa nada la Movida?”. Y yo respondía: “Pues a lo mejor por eso”. Ha habido una revisión de la Movida: pasamos de “la llegada de la España en color” a “los cuatro pijos que había en Madrid”. No nos volvamos locos: la primera versión era falsa. En los años 60 ya estaban Los Bravos que, a pesar de la dictadura, tuvieron mucha más proyección internacional que Alaska y Dinarama.
P. Ya había música pop.
R. Sí, a pesar del dictador, igual que había cine bueno, como El verdugo [de Berlanga]. Que el rock nació con Kaka de Luxe o con Ramoncín es mentira. Pero es verdad que hubo una explosión.
P. ¿Y respecto a los “cuatro pijos de Madrid”?
R. Es verdad que había cuatro pijos de Madrid, pero había otros que no éramos tan pijos, o que no eran pijos en absoluto. O que no eran de Madrid.
P. Se dijo que era algo individualista, hedonista y neoliberal.
R. Eso sí. Cualquier referencia a cosas políticas o a lo que habían dicho los cantautores era mal vista. Yo soy hedonista, pero no tengo ningún problema con [la banda de canción protesta chilena] Quilapayún. Neoliberal no soy.
P. ¿Sigue existiendo el underground?
R. Ahora ya no se piensa aquello de que alguien ya no mola por vender muchos discos. Y hace tiempo que la música joven y el rock ya no son rompedores. El bebop del jazz escandalizaba a la gente, Miles Davis pegaba unos trompetazos como para joder… Eso ya no pasa con el jazz actual. En general, la fiereza se ha ido perdiendo.
P. Desde la Movida ya ha llovido… ¿Cómo lleva el paso del tiempo?
R. Cuando te quedas calvo, para mí fue cerca de los treinta, hay una fase que te preocupa…. Pero después me pareció que lo de la edad tampoco había que tomárselo demasiado en serio. Yo soy un tipo que soy viejo. Pero hubo un momento en el que decidí hacerme salsero y, como los salseros pueden tocar hasta los 90 años, pues me da igual.
P. Otra canción: Soy un trabajador, soy un autónomo, soy un artista. ¿Qué tal el curro?
R. En mi época se suponía que podías vivir de la música. Yo nunca he vivido de la música. He sido conocido a ratos y relativamente. Pero he vivido de otras cosas, como el diseño gráfico y la ilustración. Como autónomo, siempre tiene uno que andar buscándose la vida.
P. Dice: “Nací cuando aún había clase media”.
R. Cuando yo era adolescente sí que había clase media. Hoy todo el mundo dice que es clase media y es clase baja. Hay una clase baja que imposta, que quiere hacer como que es rica, como The Great Pretender [la canción de The Platters, luego versionada por Freddie Mercury].
P. ¿Antes no queríamos parecer ricos?
R. Era una clase media más austera. Llegó un momento en el que se metió el pantalleo, el aparentar. Cuando el bum inmobiliario, un hermano mío fue a pedir una hipoteca y en el banco le dijeron que por qué no se compraba un BMW, que se lo metían en la hipoteca. De la insistencia, tuvo que negarse con todas sus fuerzas, hasta gritar. Es una cosa muy infantil.
P. ¿Hay mucho infantilismo?
R. Hay gente que quiere llegar a los 70 saliendo todas las noches, siendo marchoso, sin compromisos, tener un coche que lo pete…
P. Para ser muy de Madrid a veces es necesario haber venido de fuera, como usted.
R. Madrid, como tantas ciudades, se está volviendo un coñazo. La hostelería está con el cuchillo en los dientes, encontrar una caña a un precio asequible es una trampa mortal. El que haya todo Starbucks y turismo es una mierda. La vivienda está fatal. Pero, a pesar de todo, creo que Madrid es una ciudad acogedora, por la gente, y todavía se pueden encontrar sitios y barrios que están bien...
P. ¿Va a acabar bien el mundo?
R. Hay gente que piensa que la guerra es un botón, pero no son videojuegos, como comprobaron esos influencers que viven en Dubai y que estaban cagados de miedo. La guerra nos puede traer un sufrimiento de cojones. Sangre, sudor y lágrimas.
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