Vamos a zanjar la polémica: ¿canta bien Bad Bunny?
Mientras conquista el mundo y a las puertas de sus 12 estadios en España, se sigue cuestionando la capacidad como vocalista del puertorriqueño. Los expertos se mojan


De qué hablamos cuando decimos que alguien “canta bien”. Qué es cantar bien. Espinosa cuestión, y más hoy, cuando el recelo entre generaciones no parece admitir ni sosiego ni posiciones intermedias. Existe unanimidad en afirmar que a Maria Callas se le daba bien eso de abrir la boca y emitir sonidos. Igual que a Frank Sinatra, Mercedes Sosa o Beyoncé, esta última para disfrutar en la actualidad. Pero ese susurro rugoso y penetrante de Leonard Cohen, ¿lo podemos considerar bajo ese prisma de la excelencia? Aquí es cuando comienza el verdadero debate. El caso es que existe una corriente ruidosa, abundante y, digámoslo también, de gustos clasicotes que considera que Bad Bunny, la estrella más grande del pop actual (lo sentimos, Taylor Swift), no anda ducho en esto de la afinación, la entonación y la proyección vocal. Solo hay que sumergirse en los comentarios de los artículos que este periódico publica sobre el puertorriqueño para comprobar el encendido intercambio de opiniones que suscita el tema. Algo ha cambiado después de sus ya célebres 13 minutos en la Super Bowl, pero no lo básico. Recogemos el sentir de muchos comentarios en este: “Qué gran espectáculo, qué bofetón a Donald Trump, qué valentía… Pero sigue cantando mal”.
Patricia Ferro habla desde su experiencia de décadas como pedagoga vocal, ya que trabaja como profesora de canto de figuras importantes del pop español como Pucho (Vetusta Morla), Valeria Castro, Antonio García (Arde Bogotá) o Xoel López. “Si cantar bien es desplegar el virtuosismo según los parámetros de una belleza hegemónica, lo estamos limitando a algo muy pequeño. Porque con ese criterio podríamos prescindir de los cantantes, ya que las voces perfectas ya las está produciendo la inteligencia artificial”, argumenta la educadora. Aquí tenemos una primera conclusión: no existe cantar bien o cantar mal; existe cantar. “Cuando la gente dice que Bad Bunny canta mal, se equivoca. Lo que pasa es que no les representa”, añade Ferro.

Con un compromiso identitario en su condición de puertorriqueño y de latino, y con una paleta musical cada vez más amplia, Bad Bunny ha cambiado mucho desde sus inicios, allá por 2016. En una entrevista con EL PAÍS de 2021, señaló: “Yo no soy músico. Soy un artista que ve las cosas de manera diferente y trata de crear su propio mundo”. Santi Carrillo, director de Rockdelux, aprecia cierta persecución al puertorriqueño. “Se le somete a un escrutinio del que se libran muchos otros. Está claro que Bad Bunny no es un portento vocalizando, pero es su signo distintivo. Sus canciones con otro tipo de voz y otro léxico más normalizado no serían lo mismo ni tendrían el mismo efecto. Es otro tipo de modulación vocal donde la excelencia no es el objetivo número uno, aunque en el último disco, Debí tirar más fotos [2025], canta mejor que en otros. Pero ha pasado aquí con Loquillo o con Jota, de Los Planetas, que eran un desastre cantando al principio y luego supieron modular y personalizar su voz”.
Dos elementos funcionan en este debate como acicate para impulsar a los críticos del autor de Baile inolvidable: el autotune, con toneladas de estigma a cuestas, y las letras sexuales. Los dos recursos como forma de queja se han quedado anticuados en el caso de Bad Bunny. Quizá al principio de su carrera, sí, pero desde hace algún tiempo ni utiliza el corrector de voz de forma evidente ni sus textos son monotemáticos. “Existe un prejuicio con el uso del autotune, pero no hay reflexión ni conocimiento sobre ello”, cuenta Marina Arias, licenciada en Musicología y que realizó su tesis sobre el impacto del reguetón en España. “Tenemos un autotune visible, que aporta un sonido robótico, y luego otro más ligero para corregir afinaciones. Yo, por ejemplo, no escucho ese autotune visible en la actuación de la Super Bowl”.
Aquel espectáculo del pasado 8 de febrero recompone la figura de Benito Antonio Martínez Ocasio (nombre real del puertorriqueño) hasta apaciguar a sus detractores, a excepción de Donald Trump, que lo definió como “terrible”. El crítico musical de EL PAÍS y la Cadena Ser Fernando Neira se rinde ante aquel recital: “Me interesa más la figura de Benito que la de Bad Bunny. Como artista es apreciable, pero no creo que sea revolucionario. Sin embargo, esos 13 minutos de la Super Bowl dentro de 40 años serán estudiados y analizados como un episodio histórico de la música, de la misma forma que repasamos fotograma a fotograma los 21 minutos de Queen en Live Aid de 1985. El significado de la actuación de Bad Bunny trasciende mucho más allá de lo musical”. Santi Carrillo apuntala esta teoría: “Bob Marley fue el primer artista del tercer mundo que triunfó internacionalmente y se convirtió en una especie de héroe que decoraba camisetas y pósteres. Más tarde, Manu Chao también desarrolló ese papel. Y Bad Bunny está en ese nivel de trascendencia. Parte de la música puertorriqueña para abrazar un compromiso social”.
Tiempo las comparaciones, y aquí el campo, además de amplio, es profundo. El arte como tendencia deportiva para designar quién es mejor, quién gana. Es un arma que se les puede volver en contra a los puristas, porque si ponemos cifras al arte ahí Bad Bunny no tiene rival, atendiendo al número de escuchas en las plataformas digitales y a las entradas vendidas para sus conciertos. La pedagoga Patricia Ferro desmonta el juego de las comparaciones: “Hay un montón de voces que no son correctas, aunque que tocan la sensibilidad de la gente. Son voces que comunican. Es el caso de Bad Bunny. Voces que no se identifican con la belleza hegemónica son también las de Leonard Cohen, Bob Dylan o Robe Iniesta. Quién puede cuestionar a estos artistas y decir que no cantan bien. Quién cuestionaría a Sabina. Pasión Vega es un portento vocal, y tiene tanto valor como Robe. Camilo Sesto o Nino Bravo exhibían una extraordinaria habilidad vocal, pero también Sabina. ¿Camarón era peor cantante que Camilo Sesto? Evidentemente, no. ¿Alguno de los dos cantaba mal con respecto al otro? Claramente, no”.

Algunos han visto una mirada crítica hacia el músico latino influida por la escuela tradicional anglosajona, una visión cerrada y en parte acomplejada, como explica la profesora vocal: “Hay un sesgo a la hora de evaluar a Bad Bunny. No sé si lo denominaría clasismo. Sí es una mirada limitada, porque no se observa el fenómeno en su contexto. La forma de cantar tiene que ver con la forma en la que habla el artista en su terreno, con el tipo de lenguaje que utiliza con su gente y con el lugar donde se ha criado. Los que le critican no entienden el contexto del que viene Bad Bunny”.
Pero, ¿cómo es la voz de Bad Bunny? Se atreve a definirla la musicóloga Marina Arias: “Grave, cargada de matices, tremendamente expresiva. Tiene maleabilidad, puede decantarse por un tono melódico o rapeado. Y sabe utilizar muchos registros distintos dependiendo de lo que pida la canción”. A Fernando Neira no le parece reprochable en términos vocales, pero considera su estilo “poco singular”. “No es una persona a la que se identifique en términos vocales a la segunda sílaba, cosa que en otros esa personalidad está más acentuada”, añade.
Bad Bunny actúa en España esta primavera. A partir del 22 de mayo, su espectáculo lo verán 600.000 personas, que llenarán dos veces el Estadi Olímpic de Barcelona y diez el Metropolitano de Madrid. Una aventura exigente que pondrá a prueba sus cuerdas vocales y su condición de estrella.
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