Constantino Bértolo, editor: “Hoy la poética dominante en la literatura es el ‘marketing”
Con amplia trayectoria en la editorial Debate y creador del sello Caballo de Troya, incansable rastreador de talento literario, cuenta los entresijos del oficio en el ensayo ‘El arte de rechazar manuscritos’


Constantino Bértolo (Lugo, 80 años) es un nombre referencia dentro de la edición española. En su hoja de servicios está el haber liderado Debate y haber dado primeras oportunidades a escritores como Ray Loriga, Marta Sanz o Luis Magrinyá. Y a muchísimos más en la editorial Caballo de Troya, que se inventó precisamente para encontrar nuevos talentos (y a bajo coste). Por el camino, además de abrir puertas ha tenido que cerrarlas, colaborando a esa historia paralela de la literatura: la que nunca se publica. Ahora reflexiona sobre esa ingrata tarea en El arte de rechazar manuscritos (Debate).
Pregunta. Dice que “los editores son unos desalmados y los escritores sufren sobredosis del yo”.
Respuesta. En los editores conviven dos almas, la literaria y la económica. Dependiendo de la editorial una se impone más que otra. Casi siempre, eso sí, predomina el alma económica. Yo no leía igual cuando llevaba resultados decentes que cuando eran indecentes.
P. ¿Y los autores?
R. Bueno, yo les entiendo. Es un trabajo en soledad, no sabes cuál va a ser el resultado… Trabajar durante unos años en un texto sin saber qué va a pasar crea una personalidad vulnerable. Y autovulnerable.
P. ¿En qué consiste el arte de rechazar manuscritos?
R. En no ofender. En respetar que alguien ha puesto ahí parte de su vida. Lo que quiero hacer entender es que entre un autor y un editor se da un diálogo, pero que es un diálogo desigual, porque el editor tiene el poder de publicar. No tiene toda la capacidad de homologación, luego está la crítica, o el mercado, pero es el primer paso.

P. Para un editor importa saber qué leer, pero también qué no leer.
R. Es una parte fundamental del trabajo. No puedes llegar a todo lo que te llega, ni aun teniendo un comité de lectores. Ahí empieza la criba más dura, que es el descarte, para el que sirve leer las primeras páginas. Dicen que 30, a veces basta con cinco. Y a veces basta con la cursilería de la dedicatoria. Y no es lo mismo que el rechazo: en ese caso al texto ya se le ha dado una oportunidad.
P. Se le acusa de haber descubierto muchos buenos autores. ¿Esas son las medallas de un editor?
R. Creo que sí, aunque nunca me ha gustado la palabra descubrir. Más bien, son ellos los que te descubren. Pero publiqué otros autores buenos en aquellos momentos y no salieron adelante. Lo terrible es que solo sea el “éxito” lo que te haga existir... pero no es extraño en este mundo donde todos estamos condenados a ser lo que vendemos.
P. Es curioso que tanta gente escriba. Supongo que es barato.
R. La escritura, además, lleva consigo la herencia sagrada. Y de las élites. El que escribe piensa que puede pertenecer a un campo de un enorme prestigio, aunque ese prestigio esté desapareciendo.
P. Pueden darse fracasos muy duros.
R. La parte más dolorosa del trabajo es decir que no. He visto casos terribles, divorcios, destrucción de familias… Los escritores escriben en una habitación, pero alrededor hay otras habitaciones. Mi arrepentimiento mayor es haber encontrado un texto que me estaba encantando y decírselo al autor. Y luego tener que llamarle para decirle que a partir de la página 120 aquello de derrumbaba. Y que no tenía solución.
P. ¿Qué le parece el fenómeno de concentración editorial en grandes grupos?
R. Es la ley del capitalismo, se va hacia monopolios, entre otras cosas porque eso significa reducir los costes generales, el marketing, la red comercial… Así se abren a distintos sectores… Una de las funciones de Caballo de Troya, por ejemplo, era surtir a Mondadori.
P. ¿Influye en lo literario?
R. Inevitablemente, cada empresario editorial tiene una estrategia de rentabilidad determinada. Debate vivía con una rentabilidad a medio plazo, cosa que el capitalismo actual no permite. Ahora se busca a corto. Desde que el editor nota que le exigen esto, influye en cómo lee los manuscritos. Yo fui un privilegiado, porque cuando propongo crear Caballo de Troya ya les digo que la rentabilidad no podrá ser determinante.
P. El 86% de los libros que se publican venden menos de 50 copias, según el gremio de libreros. Vender libros es una rareza.
R. Alguna vez se me quejaban los autores de que solo habían vendido 150. Yo les decía: “Imagínate que te asomas al balcón y hay 150 personas enseñándote tu libro”. Que alguien lo compre sin conocerte de nada es un misterio. El gran misterio de la edición. Influyen algunos elementos: tienes que crear marca, del autor y de la editorial.

P. Hoy importa mucho el tema.
R. Sí, hoy el libro debe tener algo de noticiable, o estar dentro de una tendencia. El género también ha influido mucho: la novela negra, la histórica, etc, esto siempre ha sido una gran ayuda, por eso en las librerías se organizan así. Cuando estaba en Debate había demanda por la novela crítica, de contenido político, luego desapareció un poco con la nueva narrativa de Muñoz Molina o Millás. Esta era como la narrativa constitucional, por no llamarla socialdemócrata.
P. Su libro suena a análisis marxista del sistema editorial.
R. Hombre, marxista me parece demasiado… Yo hago hincapié en la base material del funcionamiento de la economía en un país capitalista. En ese aspecto sí, considero la base material y luego las expectativas literarias que esa base crea. La rentabilidad es la verdadera dueña de la lectura.
P. Hay una controversia longeva entre la literatura comercial y la literaria (valga la redundancia). Con el premio Planeta para Juan del Val se volvió a hablar de esto. ¿Cómo se resuelve?
R. Se está resolviendo en clave Juan del Val: hay un hito histórico y cultural que es cuando la literatura no comercial entra en los circuitos comerciales a través del Planeta. Juan Benet, Montalbán, etc. Las fronteras se diluyen un poco, aunque sobrevive la idea de una novela más vinculada al conocimiento que al entretenimiento. Ahora el entretenimiento gana terreno, la cultura de masas se impone y va eliminando los elitismos. Como diría Marx: todo lo que era sólido se disuelve en el aire.
P. Otra vez Marx… ¿Y ese fin del elitismo es bueno o malo?
R. Es bueno que vaya desapareciendo el carácter sacro de la literatura, lo malo es que se sustituya por otra especie de religión que es la lista de libros más vendidos. Se pasa de una zona sagrada a otra zona sagrada. Un autor que no vende resulta ya sospechoso en cuanto a su calidad.
P. ¿Tiene que crearse el autor un personaje?
R. Antes la necesidad de un autor era que le editaran. Ahora ellos tienen que participar en la venta: ahora el autor es su primer vendedor. La poética dominante es el marketing. ¿De qué van las novelas? De venderse. Los editores se fijan mucho en los seguidores en redes sociales, fíjate en la última oleada de poetas cursis que salieron de ahí.
P. Pero también hubo otras generaciones de personajes: Umbral, Arrabal, Terenci Moix…
R. Es la figura del escritor como marca, como estrella. Algunos autores, después de firmar el contrato, lo siguiente que preguntaban era: “Oye, y ahora... ¿qué hay que hacer para vender?” Y yo les decía: “Pues mira te compras un abrigo rojo, te subes a la Torre de Madrid y amenazas con tirarte”.
P. Un buen libro, dice, “te calla la cabeza”.
R. Eso se nota, se silencia el ruido alrededor, capta toda tu atención. Si las palabras no tienen tensión lo que notas es que alguien está redactando. Pero a veces encuentras alguien que no redacta. Alguien que escribe.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































