¿Una imagen vale más que mil palabras? Pedro Armestre invita a imaginar la historia detrás de cada fotografía
El fotógrafo cuestiona en la exposición ‘Impactos/contacto’ la manida frase que antepone la imagen al texto

Detenerse, mirar y volver a mirar. La exposición Impactos/contacto, del fotoperiodista medioambiental Pedro Armestre (A Rasela, Ourense. 53 años), propone imaginar y crear el contexto informativo que la imagen no es capaz de proporcionar; la historia detrás de cada fotografía. La FUJIFILM House of Photography en Barcelona acoge la muestra de Armestre hasta el 21 de marzo de 2026.
El fotoperiodista social y medioambiental cuenta con más de tres décadas de experiencia, destacando su paso por la agencia France Presse durante 12 años. Ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Rey de España de Fotoperiodismo, Pictures of the Year International POYi o Premio Ortega y Gasset 2014. Con su larga experiencia, Armestre atesora miles de fotografías en su archivo. Solo unas pocas se han utilizado para el momento de cada suceso informativo. Tras volver y volver a su archivo, Armestre consigue darles forma a todos esos descartes. Ha seleccionado aquellas fotos que no eran ni tan informativas ni tan evidentes para plantear un juego con el visitante de la exposición: ¿de qué va esta foto?
El visitante recibe unas indicaciones previas a la visualización de la muestra para ejecutar este “espectáculo en sala”, en palabras de Armestre. El espectador debe mantenerse detrás de una línea roja que, a dos metros, le separa de las imágenes de gran formato. Inicialmente y desde esa distancia y el desconocimiento de lo que representa la imagen, el visitante observa las imágenes tomadas en conflictos sociales, medioambientales y humanos. Y se construye su propia idea.

Armestre niega que una fotografía sea capaz de ofrecer íntegramente la información que requerimos, para poder enmarcar el instante elegido en el tiempo o espacio propio de cada imagen. “Mi objetivo es darle la vuelta a esta frase que está tan metida y animar a la gente a jugar, en esta vida tan trepidante”, asegura el fotógrafo.
Sin información ni pies de foto, esta primera fase consiste en una “lectura fotográfica de lento descubrimiento, de creación e imaginación. Un viaje que te invita a imaginar y soñar. Son imágenes visualmente complejas de entender, hay que darle a la cabeza”, prosigue. Cada persona establece así una relación distinta con la imagen según su percepción, conocimiento previo, contexto social o estado de ánimo. “Darle una vuelta de tuerca a eso que pensamos... Podría ser cualquier cosa y cualquier lugar”, insiste.

Tras terminar de observar las fotografías sin ningún contexto, el visitante sobrepasa los dos metros para encontrarse con un texto descriptivo, acompañado de las fotos del reportaje en forma de hojas de contacto. Armestre permite entrar en el lugar y el suceso de cada fotografía, en las secuencias, las dudas y los descartes que llevaron a elegir una imagen en lugar de la foto seleccionada ahora para la exposición. La imagen pasa a tener toda la información necesaria para poder entenderla. Los textos, hojas de contactos y los descartes ofrecen el contexto que la primera fase escondía.
El fotoperiodista crea una tensión entre un momento lento de observación y reflexión y la amplia circulación de imágenes. La exposición ejerce como un reflejo del consumo masivo en la que el sujeto es responsable de sus propias decisiones: quedarse detrás de la línea roja o acercarse a la información, eligiendo reflexionar si una imagen vale, o no, más que mil palabras.

Esta pieza informativa carece de pies de foto, para no interferir ni en el discurso creativo del autor ni en la percepción del lector. Para que, en palabras de Pedro Armestre, “la gente imagine, sueñe y juegue” al visualizar cada fotografía.
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