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Aitor Marín, periodista y escritor, fotografiado en la antigua rotativa de El País en Madrid.Claudio Álvarez

Aitor Marín le da la vuelta a la novela negra: “Quería que mi detective fuera honrado. Aunque parezca un pringado”

El autor vuelve a la comedia negra con su nueva obra, ‘Será por dinero’, protagonizada por un investigador incapaz de saltarse la más mínima norma

“Yo no sé si se me ocurrió antes el nombre o el personaje. Creo que se me ocurrieron a la vez, pero seguro que fue en la ducha”, bromea Aitor Marín (San Sebastián, 58 años). Periodista y escritor, vuelve a la novela negra con Será por dinero (Siruela), en la que un detective absolutamente opuesto al cliché acaba enredado en la muerte del empresario hostelero Ramón Glasé y su pintoresca familia. “El nombre es importante”, confiesa Marín, que se siente orgulloso del gran hallazgo narrativo de su nuevo libro: Pascual Cordero. “Es que uno lee el nombre y dice: es un hombre ya totalmente dirigido al sacrificio”. Y tanto.

Marín, escritor y periodista con más de tres décadas de oficio (actualmente trabaja en EL PAÍS), ha creado una novela negra que se ríe de sí misma, que se apiada de su protagonista y que observa el mundo con una ironía educada, casi compasiva. Cordero es un detective ajeno al cliché y con una característica que arrastra casi todas las acciones de la novela: es incapaz de saltarse la más mínima norma. No bebe, no fuma (hasta tiene respeto por las bebidas con cafeína), sigue a rajatabla las instrucciones viales, paga con céntimos exactos, es incapaz de declinar una oferta. “Estamos llenos de detectives con un trauma, con un código moral propio, tipos que se saltan las normas para restaurar la justicia a lo Charles Bronson. A mí me interesaba darle la vuelta: un personaje que no puede saltarse ninguna norma, que vive en una rigidez absoluta”. Para Marín, en el fondo, esto supone no tanto una elección estética sino moral: “En estos tiempos en los que es más condenable señalar al mentiroso que mentir, creo que merecía la pena reivindicar a través de Cordero la honradez y la fidelidad a los principios”. Sobre todo, dice Marín, “cuando uno es pobre, y estos principios son quizá lo único que nadie nos puede arrebatar. Quería hacer un personaje honrado. Aunque parezca un pringado”.

La inserción de este personaje en el exclusivo barrio madrileño de El Visón, donde reside la familia cuyo patriarca ha muerto (quizá por una sobredosis de viagra), desencadena una trama en la que las situaciones exageradas y los personajes (la amante Paz Carnal, el comisario jubilado Escombreras) se fusionan en una novela con un poco de Ibáñez, una ración de Eduardo Mendoza y una pizca de Azcona y Berlanga. Marín, que vuelve a la ficción tras Conspiración Vermú, construye una historia en apariencia criminal, pero que en el fondo supone un relato sobre cómo funcionan las leyes, quién puede esquivarlas y quién está condenado a cumplirlas. “La agencia de Pascual en la trama es muy anticanónica”, reconoce el autor. “No dirige el arco dramático, es el arco dramático el que lo arrastra a él”. Cordero no persigue, no se venga, no impone orden: se cruza con gente, llega tarde, observa. Su obsesión por cumplir las reglas lo convierte en un poste en medio del caos: a veces más un testigo que un agente, y ahí se afila la vis cómica de Será por dinero. “Me parecía natural enfrentar a este tipo con el mundo de los ricos”, dice Marín. “Para ellos las normas siempre se pueden sortear. Para Pascual no”.

“¿Acabas sintiendo pena por él?”, se pregunta Marín encogiéndose de hombros. “Bueno, pero no es una pena sentimental. Es la pena de alguien que hace lo que puede con herramientas muy básicas”. En el libro no hay explosiones emocionales ni venganzas épicas. “No es John Wick”, bromea el autor. “Su gran explosión es algo como no pagar la cuenta”, ríe. Pero hay evolución. Una evolución pequeña, reconocible, posible. “No la de las películas”, dice Marín, “sino la que puede tener cualquier persona normal”.

Desnudos y noticias del mundo

“Para mí sería imposible escribir sin el periodismo”, afirma Marín. Su mirada de periodista es clave para entender la novela; no tanto por la documentación como por la forma de observar de forma analítica, algo que ha afilado desde sus inicios en Diario Vasco hasta su paso por revistas como Interviú (fue redactor jefe), Maxim o Man (de las que llegó a ser director).

—En la hemeroteca del diario hay varios números de Interviú, y muchos las revisamos constantemente… por motivos estrictamente profesionales, claro. Pero el caso es que se hacía muy buen periodismo.

—Bueno, la idea inicial de Interviú era vender mucho para pagar los reportajes de investigación, que eran muy buenos. Y para vender mucho, pues había desnudos. Yo en Man intenté hacer lo contrario: eliminar desnudos y centrarnos en life style, aunque hay gente que todavía me odia por eso... Era lo que había, pero sí, ahora evidentemente estaríamos canceladísimos. Y probablemente con razón.

Punto y aparte merece otro hito profesional de Marín, Noticias del Mundo, noticiero satírico que inventaba noticias para radiografiar la sociedad. ‘El niño murciélago ¡Descubierto en una cueva!’, ‘Un monstruo del espacio provoca el caos en la Nacional-II’, ‘LA CIA, irreverente: Santa Teresa tomaba LSD’, ‘Un niño de Cartagena ¡PESA 131 KILOS!’. Allí Marín recuerda que aprendió que a veces la ficción es la mejor forma de contar una verdad. “Publicábamos que Roldán estaba en el Triángulo de las Bermudas, o que lo habían entregado los extraterrestres. Bueno, era tan creíble como lo que decía el Gobierno entonces”, bromea. Esa tradición satírica —más cercana a El Mundo Today que al editorial solemne— se filtra en Será por dinero. “La ficción y la realidad funcionan igual”, sostiene. Al escribir la novela también había una premisa más sencilla: divertirse. “Que me divirtiera a mí, a mi mujer y a quien vaya a leer el libro”.

Precisamente, la dedicatoria del libro es para Yojana Pavón, su pareja, fallecida poco antes de la publicación de Será por dinero; un dato que añade una capa emocional al tono del libro, aunque Marín rehúye el dramatismo. Compartía con su mujer una visión del mundo atravesada por el humor negro, que ella imprimió en un libro póstumo sobre su enfermedad: Tumorama. Y hay un mismo espíritu que recorre tanto Tumorama como Será por dinero, una voluntad inquebrantable de “intentar no perder la sonrisa, a pesar de todo”, dice Marín. La risa como forma de resistencia, la ironía como distancia justa frente al dolor.

¿Habrá más aventuras de Pascual Cordero? “Podría ser”, dice el autor. “Tengo un par de ideas... Dependerá de si el personaje lo pide, o de si el mundo sigue ofreciendo material”. Viendo cómo están las cosas, material no va a faltar. Mientras tanto, Pascual Cordero seguirá ahí, cumpliendo las normas, observando el caos y recordándonos —con su sonrisa triste— que no todo se puede comprar.

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