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El Louvre muestra las primeras fotos de la corona de la emperatriz Eugenia desde que fuera dañada durante el robo en el museo

La joya conservó su integridad casi total, lo que permitirá su restauración completa, según la pinacoteca

El Museo del Louvre publicó ayer jueves las primeras fotos de la corona de la emperatriz Eugenia, desde que sufriera daños por aplastamiento y una deformación significativa durante el “brutal” robo de joyas del 19 de octubre de 2025. Las imágenes permiten constatar que la pieza conservó su “integridad casi total”, lo que permitirá su restauración completa, tal y como anunció la propia pinacoteca el miércoles.

Fue, en concreto, la principal conclusión del informe inicial elaborado por el director y la subdirectora del departamento de Artes Decorativas del Louvre, Olivier Gabet y Anne Dion, señaló el museo en un comunicado, en el que detalla los daños sufridos por la “icónica pieza” que los ladrones dejaron tras de sí en su huida con otras ocho joyas, cuyo paradero aún se desconoce.

La restauración de la corona de la emperatriz Eugenia se confiará a un conservador acreditado, tras un proceso de licitación, de conformidad con el Código del Patrimonio, la Ley de Museos y el Código de Contratación Pública, precisó en su nota el museo más grande y visitado del mundo. Como parte de este proceso, se elaborarán informes técnicos y más detallados sobre el estado de conservación, añadió. Gabet aseguró que desconocen cuánto costará la operación, aunque su primera estimación ronda los 40.000 euros, según recoge el diario eestadounidense The New York Times.

Dada la naturaleza “simbólica y sin precedentes” de una restauración de este tipo, y la “notable especificidad” del objeto a restaurar, la misión del conservador seleccionado se verá respaldada por la creación de un comité asesor de expertos. Presidido por la directora del Louvre, Laurence des Cars, estará integrado por Gabet y Dion, así como una historiadora de la joyería; una conservadora a cargo de las artes decorativas del Segundo Imperio en el Museo de Orsay, un mineralogista y un experto en metales históricos, a los que se unirán un representante de cada una de las cinco históricas casas de joyería francesas (Mellerio, Chaumet, Cartier, Boucheron y Van Cleef & Arpels).

Recuperada en la calle, al pie de la Galería Apolo, donde los ladrones perpetraron el robo, la corona de la emperatriz Eugenia sobrevivió al “brutal” golpe sufrido en el Museo del Louvre y permaneció un día en poder de la policía judicial con fines de investigación. Un fragmento de palmeta fue encontrada cerca de la vitrina en la que era expuesta y que rompieron los ladrones.

La corona, cuya montura es flexible y ligera, sufrió una deformación, probablemente debido inicialmente a la tensión que soportó al ser extraída de la vitrina a través de una abertura relativamente estrecha realizada con una amoladora angular, indicó el Louvre. Esta tensión provocó el desprendimiento de los aros de la corona, uno de los cuales ya se había perdido en la galería. Posteriormente, un impacto violento probablemente aplastó la pieza, según el informe. La corona originalmente presentaba ocho palmetas de diamantes y esmeraldas, alternadas con ocho águilas de oro. Actualmente, solo falta una de las águilas. Todas las palmetas están presentes, aunque cuatro se han desprendido del engaste, algunas de ellas deformadas. El globo de diamantes y esmeraldas está intacto y aún unido al marco de la corona.

Originalmente compuesta por 56 esmeraldas, la corona aún las conserva todas. De los 1.354 diamantes, solo faltan unos 10, muy pequeños, que adornan el perímetro de la base, y nueve se han desprendido, pero se han conservado, aseguró el museo. Su restauración completa será posible sin necesidad de reconstrucción ni recreación. “Simplemente implicará la remodelación de su marco”, señaló el Louvre. Fue Napoleón III quien encargó la corona de la emperatriz Eugenia al joyero oficial del emperador, Alexandre Gabriel Lemonnier, quien se encargó de crear dos, una para él emperador y otra para su esposa, con el fin de lucirlas en la Exposición Universal de 1855.

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