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Julia Varela, periodista: “Reivindico la mediocridad, el justo medio, que decía Aristóteles”

La presentadora del festival de Eurovisión publica la novela ‘Todo por hacer’, donde explora las relaciones entre madres e hijas y las distintas emociones que provoca el duelo

La periodista Julia Varela (Pontevedra, 44 años) tiene un montón de libros en su mesilla de noche. Se está leyendo Nagori, de Ryoko Sekiguchi, acaba de terminar Otra versión de ti, de Inés Martín Rodrigo, y quiere leerse lo nuevo de Ottessa Moshfegh. “Escribe que te mueres”, dice. Empezó su carrera escribiendo en el diario El Mundo y desde entonces ha hecho radio y televisión, sobre todo en RTVE, y lleva comentando Eurovisión desde 2015. Pero esta mañana de invierno quiere hablar de su novela Todo por hacer, publicada por Ediciones B, y contar, entre otras cosas, que está aprendiendo a tocar el piano. “Últimamente solo busco la belleza”, afirma.

Pregunta. No es su primera incursión en la literatura. ¿Por qué un libro sobre el duelo?

Respuesta. Mi madre falleció de un cáncer de mama, justo se acababa de jubilar después de trabajar como profesora de matemáticas. Aquello me pilló con 40 años y fue una bofetada enorme, porque creo que el duelo por una madre es algo insuperable. Eso para empezar. Y justo a los dos años me diagnosticaron un carcinoma en la mama, más o menos a la edad a la que a ella se lo habían descubierto, y digamos que volví a transitar el duelo por el que ya estaba pasando por ella. Así que pensé: ¿Qué voy a hacer con todo este dolor? ¿Se puede hacer algo bonito? Por cierto, ¿sabes que estoy aprendiendo a tocar el piano? Todo lo vivido me ha servido para aprender a relativizar.

P. ¿Cómo se encuentra ahora?

R. Estoy bien, pero cuando tienes un cáncer de mama hormonal, como es mi caso, tienes una medicación de por vida que te suma años porque te llega la menopausia antes… Vamos, que es un viaje interesante por el tiempo que he tenido que aceptar. Intento buscar la calma, que creo que es la mejor forma de madurar.

P. De la muerte hablamos y escribimos más, y también de la menopausia, un melón que estaba por abrir.

R. Por suerte hay muchas mujeres que están hablando y poniéndole nombre a las cosas que nos pasan. Eso no ha pasado porque esta etapa en las vidas de las mujeres está siempre asociada al estigma de envejecer. Llega una edad, dejas de ser fértil y parece que no eres útil para la sociedad. Y no es así. Ahora mismo es una de las etapas más largas en la vida de una mujer por nuestra esperanza de vida.

P. ¿Es de esas autoras para las que escribir tiene algo de terapia?

R. Con este libro lo creía, pero no ha sido así. Solo me pude poner a escribir cuando ya había hecho gran parte del camino de ese desierto. Cuando lo tenía masticado y digerido empecé a pensar en hacer una ficción con todo eso. No ha sido terapia, más bien pensé: montemos una historia, a ver si la gente se siente identificada. Soy una mujer muy corriente, reivindico la mediocridad, el justo medio, que decía Aristóteles. Una madre que escribe, vamos.

P. “Soy madre, y como madre no me he realizado como mujer”, dijo una vez.

R. Creo que es una faceta más que decidí tener, porque al principio no lo tenía nada claro. Luego me enamoré y me aventuré, pero creo que no es la faceta que más me ha realizado, en efecto. Es un amor muy diferente a todos, incondicional, pero me ha realizado más crear una familia, construirla e intentar que fluya.

P. Detrás de usted, a través del cristal de esta cafetería, hay una enorme bandera de España, así que hablemos de Eurovisión. ¿Qué ha supuesto para su carrera y qué opina de que España no participe en la próxima edición?

R. Mi trabajo como comentarista de Eurovisión, que comenzó en 2015 con José María Iñigo, fue todo un reto al principio, porque es la emisión no deportiva más vista de TVE en todo el año. Como trabajo es fascinante, es el programa que todavía tiene eso de mantener la televisión antigua, familiar, que reúne a distintas generaciones delante de una pantalla. Solo puede compararse con la Super Bowl. Como espectáculo es tremendo, y ver cómo funciona por dentro es un gran aprendizaje, es emocionante cuando suena el Te Deum. En términos de toda la situación actual, tengo mi opinión. Me da mucha pena que en esta edición no tengamos un representante de España, como mujer que trabaja ahí y también un poco como eurofán que soy. Sí creo que la postura de RTVE está acorde con la posición que tenía ya antes con la participación de Israel en el concurso, es lógica, pero no puedo evitar que me entristezca. Cuando empecé en esto, Íñigo siempre me decía una cosa que he asumido. Porque es un concurso en el que participan países, las televisiones públicas de esos países, y no se vota tanto por política sino por cercanía geográfica y cultural. Si eres sueco te va a gustar más el rock islandés, y si eres español tendrás más oído para la chanson francesa y la canzone italiana. Pero no me gusta que se politice Eurovisión como se está politizando todo.

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