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La novela de horror más atroz junta brujería, narcos, cocodrilos y un zombi

El portorriqueño Gabino Iglesias aborda el racismo, la inmigración y lo sobrenatural en la escalofriante ‘El diablo te lleva a casa’, ganadora de los premios Bram Stoker y Shirley Jackson

¿Cuál es la escena más atroz o gore que hemos leído en una novela de terror? A quien firma le persigue aquella de Al acecho (JP Libros, 2009), del inefable Jack Ketchum (no se admiten bromas con Ketchup), en la que una de las chicas de vacaciones en una casa en Maine asediada por un grupo de caníbales depravados es colgada desnuda de un árbol por los pies, abierta en canal y devorada ante los ojos de sus horrorizados amigos incluido su novio. Sea cual sea la escena que elijamos del repertorio del género, hay que añadir desde ya a lo más escalofriante al menos un par de las que aparecen en la tremenda El diablo te lleva a casa (La biblioteca de Carfax, 2025), de Gabino Iglesias. En una de ellas un individuo es rajado junto a un tanque con cocodrilos de un narco de Ciudad Juárez de manera que los intestinos caen al agua y los reptiles tiran de ellos mientras la víctima sigue aún viva y observa cómo se comen sus entrañas. En otra, a un niño mexicano que yace en una cama y al que denominan El Milagrito y tienen por santo, le van cortando trocitos que se venden como talismanes: los protagonistas de la novela se llevan un dedo del pie para afrontar los peligros que les aguardan.

¿Por qué leer horrores como esos?, ¿por qué atrae lo macabro y sanguinario? Un reciente libro muy interesante, Morbidly curious, a scientist explains why we can’t look away, Curiosidad morbosa, un científico explica por qué no podemos dejar de mirar (Penguin, 2025), del estudioso del comportamiento, especialista en psicología del miedo y productor de cine de terror, Coltan Scrivner, señala los beneficios evolutivos de la “curiosidad morbosa”, que nos permite explorar asuntos y situaciones amenazantes (fundamentalmente la muerte y las cosas relacionadas con ella) de una manera que puede ser útil para preservar nuestras vidas. Scrivner, que cuenta en su currículo ser además director del Eureka Springs Zombie Crawl, uno de los encuentros de zombies (amateurs) más importantes del mundo (con permiso del Festival de Sitges), subraya que los fans del horror no son de ninguna manera individuos raros o insanos sino nuestros pares y adelantados, y que lo que hacen es manifestar abiertamente un interés que tenemos todos, que está arraigado en la herencia de la especie y que aporta beneficios psicológicos. La curiosidad morbosa, considera, es un aspecto común y saludable de nuestra psicología y se manifiesta también en los animales como una manera de adquirir información acerca de peligros potenciales, como el comportamiento de los depredadores (en los que se reflejan nuestros monstruos y asesinos). El hecho de que los seres humanos tengamos la facultad de imaginar hace aún más relevante esa curiosidad. El interés de las historias de terror no es solo que son entretenimiento sino que ayudan a prepararnos para amenazas reales, algo que ya decía Wes Craven, el creador de ese icono que es Freddy Krueger.

Al mencionado Jack Ketchum (autor muy valorado por Stephen King y al que se ha encuadrado en el subgénero del splatterpunk, terror con representación muy gráfica de la violencia extrema), no es posible preguntarle ya por su opinión sobre el tema, pues está muerto (en 2018, a los 71 años), pero a Gabino Iglesias sí. El escritor (distrito de Río Piedras, San Juan de Puerto Rico, 41 años) ha estado en Barcelona para presentar la mencionada El diablo te lleva a casa, su quinta novela, una insólita y violenta pero extraordinariamente efectiva y asombrosa historia que mezcla una trama de narcos en la frontera entre EE UU y México con elementos sobrenaturales, incluido un zombi llamado Rodolfo. En la novela, un inmigrante latino desempleado que vive en Austin (Texas) —como el autor—, y ha perdido a su hija pequeña al ser incapaz de pagar una póliza médica, se une a la operación de un capo del narcotráfico para robar dinero a un cártel rival. Con otros dos sicarios desesperados vive una aventura furiosa y alucinante que incluye cruzar la frontera Ciudad Juárez-El Paso por pesadillescos túneles clandestinos en los que residen criaturas terroríficas de adscripción lovecraftiana y verse cara a cara con el mismísimo Chamuco, el diablo.

“Escenas como la de los cocodrilos y la del niño mutilado fijan la atención del lector y me permiten transmitir lo que me interesa especialmente que son consideraciones sociales y políticas e ideas críticas sobre migración, racismo, misoginia, injusticia, otredad o sincretismo religioso”, afirma en la librería Gigamesh (dónde si no) Gabino Iglesias, “unas ideas que es mucho más difícil que te las lea nadie si las colocas en una obra de no ficción”. Compara sus novelas el escritor con una torta (pastel) de cumpleaños: “La decoración, lo que te hace fijarte, es lo de afuera y la sustancia, el bizcocho, lo de adentro. Si quieres hablar de cosas que digan algo serio tienes que entretener. En mis novelas, cuanto más llevo al lector a la brutalidad absoluta más le hago inolvidable el mensaje, suelto allí todo lo que no puedo gritar”.

Tienes que aceptar que al otro lado del charco negro hay muchas cosas, que vivimos en un mundo raro de cojones”

Señala Iglesias, un hombre bajo pero fornido (levanta pesas) y con una retirada a Elvis Presley por las patillas y el peinado, que sus novelas están a caballo entre el terror y el policiaco, “dos géneros que son buenos compañeros de baile: las pistolas asustan, y los demonios también”, y se declara fan de Horacio Quiroga —con cuya obra, dice, descubrió la literatura a los 13 años—, Stephen King, Poe o Lovecraft; de este, “a pesar de su racismo”. Recalca que lo que trata de hacer, y que ha sido definido como “barrio noir”, es “crear algo mío, traer mi cultura latina, mi gente, mi barrio y sus problemas, al relato criminal con la lente de la oscuridad”. En El diablo te lleva a casa (traducción del inglés de Miguel Sanz Jiménez, la novela está trufada de frases y expresiones en español) hay muchas referencias al racismo sistémico y un antitrumpismo militante. “Cuando eres latino y te mudas a EE UU aunque seas de Puerto Rico te conviertes en un marrón, un mexicano genérico, y, como Mario, el protagonista de El diablo te lleva a casa, en objeto del racismo y la xenofobia”. La novela está recorrida por una honda tristeza y un sentimiento existencialista. El protagonista pronuncia alguna frase digna del Clint Eastwood de Sin perdón: “Volarle la tapa de los sesos a un hombre es esparcir por el mundo, con violencia, pedazos de su pasado”.

De las referencias en su novela al vudú, la santería, el palo mayombe o el culto de la Santa Muerte, dice que él viene “del epicentro del sincretismo que es el Caribe y he vivido rodeado de todo ello, en un ambiente de santos, religión y brujería; el mundo espiritual es interesantísimo”. Decidió poner una bruja en la novela como una forma de equilibrar el poder de los narcos de la historia, que son todos hombres, y en cuanto a los cocodrilos de don Vázquez, el capo del cártel de Júarez del libro, “llegué a escuchar que los tienen como mascotas, y me gustó la idea: los hipopótamos de Escobar están muy vistos y me encantan los reptiles, y si son de los que te pueden matar, mejor”.

Iglesias, que se alinea con autores de terror y ficción oscura como Eric LaRocca o Paul G. Tremblay, reflexiona que el mundo es muy extraño. “Tengo un amigo que dice que si aún no te ha pasado nada sobrenatural, ya te pasará; hay muchas cosas que no entendemos o no tienen explicación, mira todo lo de la cuántica, o la criptozoología; tienes que aceptar que al otro lado del charco negro hay muchas cosas, que vivimos en un mundo raro de cojones”. Al preguntarle al escritor boricua qué cree que es lo que más tememos, responde: “A lo que no entendemos, al caos, al cáncer, a la enfermedad de nuestros seres queridos, a no tener casa o perder el trabajo. Y a la gente mala. Vivimos rodeados de miedo y nos enfrentamos al terror a menudo”. En su novela, continuamente. “Muchas gracias, jamás me impongo límites, y si hay una línea, un pasaje que hace que el lector sienta algo que no había sentido, misión cumplida. A quien no le guste, que lea a James Patterson. En realidad, para mí, es la propia humanidad la que no tiene límites para la violencia. Cuando acerco a los lectores a esa violencia extrema no invento nada: fue a Escobar a quien se le ocurrió la corbata colombiana —sacar la lengua de la víctima por un corte en el cuello— para firmar sus crímenes. O mira todo lo que está haciendo Trump: ¡cómo va a ser el problema los venezolanos cuando él está arrestando niñeras! O asómate a la Biblia: muere mucha más gente en la Biblia que en mis novelas. El género de terror no ofrece final feliz, cierto, pero ¿no es mucho más brutal lo que pasa en Ucrania o en Gaza?”.

De la violencia desmesurada de los narcos, que él retrata en su novela, dice que los narcotraficantes “han creado un mundo en el que la violencia es el mensaje, todos sus horrores son un medio para un fin. Es una violencia performática, que tiene que transmitir claramente una advertencia: somos los más malos, ¡cuidado con nosotros!”. En el fondo, dice, el de los narcos es “capitalismo brutal”, y la violencia de los cárteles, culpa en última instancia “de los EE UU, que compra drogas, vende armas y se lava las manos”.

Escribir terror es un trabajo, un trabajo mental. Escribes cosas horribles y luego vas a buscar al niño al cole"

Medita que el género de terror “es necesario, porque es el único caos que puedes controlar: llegado a un punto que te parece insoportable puedes cerrar el libro e irte al parque”. Considera que para que una novela oscura funcione “ha de haber empatía, si no la hay ya puedes matar a seiscientos personajes, como en las películas de John Wick, y no pasa nada”. Iglesias insiste en que ser autor del género, como ser lector, no presupone ninguna perversión: “Estoy rodeado de escritores que hacen lo mismo y son todos bellísimas personas. Escribir terror es un trabajo, un trabajo mental. Escribes cosas horribles y luego vas a buscar al niño al cole, sacas el perrito a pasear o llamas a tu madre. Somos gente afable”. Además, opina, “todo el mundo puede ser violento, todos llevamos eso dentro, hay un punto a partir del cual estallas; la ficción permite que los personajes lleguen más rápido a ese punto”.

Gabino Iglesias explica que ha sido periodista, maestro de la escuela pública, vendedor de seguros y entrenador personal antes de llegar a ser escritor a tiempo completo. Cuando era periodista entrevistó, precisamente, a Ketchum. “Me dijo cosas tan interesantes como que la diferencia entre un cuento y una novela es que el primero es una aventura de una noche y la otra un matrimonio. No creo que yo sea como él, aunque reconozco su voz en algún punto de mi ADN literario. Pero Ketchum no empleaba lo sobrenatural como yo. ¿Qué ambos hemos escrito escenas inaguantables? Mira, en esta vida no hay nada inaguantable”.

En cuanto a si es más de Drácula o Frankenstein, pregunta obligada a un autor de literatura fantástica y más en estos días en que coinciden nuevas producciones cinematográficas de ambas obras, Iglesias se inclina por la segunda. “Tiene más profundidad emocional que la novela de Bram Stoker y siempre me ha molestado que haya quien busca al padre de la ciencia ficción cuando está claro que es madre y que se llama Mary Shelley”. De la película de Guillermo del Toro dice que le gustó como obra de arte “y a partir de ahí, me parece muy bien que haga lo que le de la gana”.

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Sobre la firma

Jacinto Antón
Redactor de Cultura, colabora con la Cadena Ser y es autor de dos libros que reúnen sus crónicas. Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona y en Interpretación por el Institut del Teatre, trabajó en el Teatre Lliure. Primer Premio Nacional de Periodismo Cultural, protagonizó la serie de documentales de TVE 'El reportero de la historia'.
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