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Juan Cavestany destripa Madrid en un documental: “Es un compendio de sofisticación y cutrez”

El cineasta presenta su particular mirada a la ciudad en una obra que funciona como una película sinfónica a la que Guille Galván (Vetusta Morla) pone banda sonora

Juan Cavestany, el 26 de agosto en el hotel Emperador, en Madrid.Foto: Inma Flores
Rut de las Heras Bretín

Se titula Madrid, Ext., se lee “Madrid exterior”, pero las letras de “ext” también podrían ser las tres primeras de “extinción”. La última película de Juan Cavestany, que se estrena este viernes, es una mirada a Madrid, su mirada y su Madrid. El comienzo es una declaración de intenciones: el Museo de Ciencias Naturales. Quizá no es lo primero que a cualquiera le viene a la cabeza si piensa en esa ciudad, pero es uno de los primeros recuerdos de este madrileño de 58 años. Y, entonces, cambia la percepción: ¿cuántos niños madrileños han quedado ―como Cavestany― impactados por ese elefante disecado del museo? Es probable que esa imagen esté impregnada en las neuronas de muchos vecinos de la capital. Y así, ya se entra en el documental: el espectador ya es cómplice, reconoce esas imágenes y las hace suyas, ya es una mirada compartida. Además, al director le gusta la idea de museo como quien clasifica, ordena y muestra sus piezas, exactamente lo que él pretende en el filme, que sea un repositorio, un archivo de la flora y fauna de la ciudad, mucha de ella en peligro de extinción.

Decía el dramaturgo Juan Mayorga en Madrid, Int. (2020) que quería “un depósito de buenos momentos por si llegasen los malos”. Bromea Cavestany con atribuirse la frase, pero matiza al usarla para describir su nuevo documental: “Es una colección de cosas, imágenes, lugares, gentes, palabras... que merecen la pena”. Y así, durante hora y media se sucede un baile de imágenes al son de la música creada por Guille Galván, escritor, guitarra y compositor de Vetusta Morla.

El metro, túneles (porque el Madrid exterior también es interior), obras, cines, quioscos, videoclubs (ojo a las expectativas de quien llamó a uno de ellos Videoclub Siglo XXI y a la historia del videoclub Star), ultramarinos, bares con barra de zinc y baldosas de terrazo, autobuses de la EMT, la Castellana, zapaterías, panaderías, portales más grandes que muchos pisos, porteros, andamios, grúas, toldos verdes, mucho ladrillo visto, cementerios, peluquerías, la bolera de Chamartín, estudios fotográficos, la procesión de Jesús el Pobre, ropa tendida, hospitales, piscinas, barcas, el estanque del Retiro, el de la Casa de Campo, salas de baile, comercios con entidad propia: Fajas Ruiz, Muelles Ros, el bar Muñiz... Cavestany comenzó a documentar este Madrid como un Félix Rodríguez de la Fuente urbano ―una de sus referencias generacionales―, según la ciudad iba saliendo de la pandemia. La recorría y la capturaba sin un objetivo concreto ―se confiesa amante y practicante amateur de la fotografía urbana―. El proyecto fue tomando forma a medida que iba aumentando el material. Así comienzan muchos de sus trabajos.

Su sesgo está claro en el metraje: la segunda mitad del siglo XX. Se fija en rótulos y comercios de esas décadas. Pero no quiere caer en la nostalgia. Huye de los testimonios que se basaban en argumentos como “antes esto era más barrio, conocías a los clientes de toda la vida”. “Creo en la aceptación, en aceptar que la ciudad es como quiere ser, no como uno quiere que sea. Lamentarse es empobrecedor, no puede ser un motor de vida. Aunque sí temo que la ciudad quede en manos de nadie, o sea, en manos de otros”, cuenta Cavestany a la vez que reconoce que el documental “tiende a una vida más analógica, menos globalizada y algoritmizada que la actual. Me resulta más cinematográfica”.

“Propongo una relación con la ciudad que no tiene que ver con el consumo, aunque curiosamente la peli está llena de comercios. Pero el consumo actual es mucho más aleatorio y compulsivo”, explica este madrileño, que como muchos vive entre la tensión de lo que le atrae de la capital, lo que le enraiza, y lo que le repele. ¿Esta ciudad acoge o expulsa? “Es relativamente acogedora”. Cavestany la compara con Nueva York ―“mucho más difícil”―, donde vivió seis años en los noventa, cuando era corresponsal de este periódico. Remarca que las ciudades son inventos del precapitalismo y luego del capitalismo: “Son encrucijadas de grandísimas tensiones, de intercambios, de competencia; por lo tanto, también de violencia, de búsqueda del ocio, de fantasías, del deseo. Por ejemplo, Amanecer, de Murnau, contaba eso, la atracción fatal hacia la ciudad. También Urtain [obra por la que Cavestany ganó el Premio Max a mejor autor teatral en 2010] trata en gran medida sobre el fatal atractivo de la capital. Las ciudades, en general, son una promesa; a veces, una trampa mortal”. En los últimos meses se han publicado varios trabajos (audiovisuales y literarios), que analizan y ofrecen diversas miradas a la ciudad: Toldo verde, de Pablo Arboleda y Kike Carvajal; Nunca voló tan alto tu televisor, de Silvia Nanclares; o Ellas en la ciudad, de Reyes Gallegos, entre otros, a los que se suma este Madrid, Ext.

“Madrid es un compendio de sofisticación y cutrez, de Norte y Sur”, dice Cavestany de la protagonista y escenario del documental. Desde la azotea del hotel Emperador, en la Gran Vía, que aparece en la película y en otras tantas imágenes de Madrid, entre las que el director señala la fotografía de la piscina de Enrique Sáenz de San Pedro, lo corrobora: “Es muy distinto si miras hacia allá [señala el norte] o hacia allá [el sur]. En Madrid está muy marcado. El Norte y el Sur es la gran metáfora de ese mundo de radical contraste y de injusticia”.

En este experimento o collage hipnotizante que es Madrid, Ext. juega un papel fundamental la banda sonora, imagen y sonido parecen una sola cosa, de ahí que se defina como película sinfónica. Cavestany y Galván han trabajado mano a mano casi desde el principio. Cuando el director le contó el proyecto al músico aún no tenía mucha idea cómo ensamblaría esas imágenes que estaba capturando. Ya habían colaborado: Cavestany dirigió el videoclip de La deriva, canción de Vetusta Morla. La banda lo eligió después de ver su película Gente en sitios (2013). “Nos voló la cabeza”, cuenta Galván. Le ha gustado ir construyendo la parte sonora a la vez que la visual. “Yo he compuesto la música para una película y Juan ha puesto imágenes a un disco”, explica el guitarrista. Habrá vinilo de la banda sonora. Relata que el trabajo ha sido muy artesanal, tal y como los que aparecen en el filme, cuando el zapatero era zapatero toda la vida y se identificaba con su trabajo, o el panadero hacía pan y el cartel de su negocio era un sencillo “panadería”; claro, conciso, sin concesiones al marketing. Cuando la ciudad era literal y no en el sentido en el que usa este término la generación Z.

Cavestany sonríe al recordar un cartel que cualquier vecino de Madrid de cierta edad recordará: “No compre aquí. Vendemos muy caro”, el eslogan de Los Guerrilleros, una famosa zapatería ya desaparecida. “Todos lo hemos visto”, dice, pero rectifica: “Todos no”, por ejemplo, los chavales que retrata y que, desde la pantalla de Madrid, Ext., miran fijamente al espectador en actitud de pregunta; de su boca no sale ni media palabra pero parecen decir: “¿qué?”, “¿qué nos espera?”. No hay respuesta para la deriva de Madrid.

Cavestany, el 26 de agosto, en el Paraíso del Jamón, uno de los lugares que frecuenta y que aparece en 'Madrid, Ext.'

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Sobre la firma

Rut de las Heras Bretín
De niña era lectora de 'El pequeño País'. Ahora es editora y redactora de temas culturales. Licenciada en Historia del Arte y máster de Museografía por la UCM; y máster de Periodismo UAM-EL PAÍS. Antes de trabajar en el diario, lo hizo en museos como el Arqueológico Nacional y el Reina Sofía. Cree en la cultura como arma de construcción masiva.
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