Menús sociales contra el desperdicio alimentario: cómo salvar 250.000 kilos de ir al vertedero cada año puede crear empleo
Cáritas y la fundación Formació i Treball trabajan con una quincena de empresas agroalimentarias para reducir los residuos alimentarios


En el campo, en la pescadería, en la carnicería, en el supermercado o en casa: en todos los momentos de la cadena alimentaria, una parte de los alimentos está en riesgo de terminar en la basura. Y el reto es mayúsculo. En el mundo, entre el 30% y el 40% de los alimentos que se producen globalmente se desperdician, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. En España, se pierde más de un millón de toneladas al año, unos 28 kilos por persona, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. “Y eso en el mismo país en el que, a la vez, hay un 13% de la población que no tiene una dieta adecuada, y más de seis millones de personas que sufren pobreza alimentaria y no pueden elegir lo que van a comer”, explica Eduard Sala, director de Cáritas Diocesana de Barcelona. Esta entidad tiene entre ceja y ceja atajar el problema del desperdicio alimentario, y este lunes han mostrado las entrañas de uno de los proyectos con los que consiguen reaprovechar una parte de los residuos. En 2025, Cáritas y la Fundación Formació i Treball, dedicada a programas de reinserción laboral, lograron dar salida a más de 250.000 kilos de alimentos en forma de menús de comedores sociales, comida para cáterings o para restaurantes. De otra forma, habrían ido al vertedero.
El reaprovechamiento de los desperdicios alimentarios no es una actividad nueva, pero en el sector sí que notan que ha habido un cambio de chip. Ya no se trata tanto de donar cuantos más alimentos mejor, sino de donar aquellos que realmente tengan unos estándares de calidad mínimos, y que se puedan usar en proyectos con sentido. Que el usuario no reciba simplemente lo que le toca, sino que pueda elegir dentro de una dieta variada y equilibrada. “La gestión de alimentos forma parte de los orígenes de Cáritas, pero es necesario avanzar hacia un acceso a la alimentación basado en los derechos, que garantice la equidad sin estigmatizar”, ha explicado Sala durante la presentación del proyecto Maná. Este proyecto, financiado por el Fondo Social Europeo, quiere llevar la experiencia del reaprovechamiento logrado en Formació i Treball en Barcelona, a otras ciudades de España.
La clave, según han explicado los impulsores, es construir un ecosistema de economía social que funcione como un círculo virtuoso. En el proyecto de Formació i Treball, este ecosistema lo conforman la fundación y unas 15 empresas del sector agroalimentario. Las empresas, entre las que están Ametller Origen, Mercadona, las panaderías Bou, La Menorquina y otras empresas y proveedoras, además del Banco de Alimentos, donan los productos. Y Formació i Treball, por su parte, se encarga primero de decidir cuáles se queda y cuáles no, y luego, de darles una salida para reaprovecharlos.

“Hemos tenido que aprender a decir que no a muchas cosas, pero es que nosotros no podemos arriesgarnos a aceptar productos que no podremos aprovechar, y que tendremos que gestionar como residuo. Antes quizá recogíamos más kilos, pero ahora son de más calidad y más adecuados a nuestras necesidades”, explica Marc Badia, técnico de Formació i Treball, dedicado a la clasificación y almacenaje de productos. “No queremos ser un punto verde o una empresa que gestione residuos, queremos usar lo que nos es útil”, apunta Badia.
Restaurantes, cáterings y comedores sociales
Una vez en la fundación, los productos pueden usarse en diferentes líneas. La que recibe más productos es la de los comedores sociales: Formació i Treball, a través de su división de alimentos D’ins —en paralelo también tienen una división de reciclaje de ropa, Moda Re—, elabora los menús para muchos comedores sociales a los que acuden personas en situación de vulnerabilidad. Parte de la comida que se da en estos comedores viene de las donaciones de las empresas. En esta línea, en 2025 repartieron 237.000 comidas para 6.500 personas atendidas en comedores sociales. Otra de las líneas que utilizan comida reaprovechada es la de la entrega de comidas a domicilio para más de 200 personas vulnerables, sobre todo gente de la tercera edad. Y la comida también se usa más allá del ámbito social: se usa para elaborar los platos de los siete restaurantes que gestiona Fundació i Treball; para el servicio de cátering que gestiona; y para las comidas de los trabajadores del Primavera Sound durante el mes en el que se celebra el festival (unas 13.000 comidas para todo el equipo). Los productos reaprovechados representan el 20% de la materia prima utilizada en los proyectos de alimentación de Formació i Treball, ha explicado Marina Arnau, codirectora de la entidad.
“Lo que nos va mejor es la materia prima, verduras, frutas, carne, pescado... Los platos elaborados no los solemos aceptar, pero si llega algún cargamento, le podemos dar salida para los propios trabajadores de Formació i Treball, unas 150 personas, el 60% de los cuales son de colectivos vulnerables”, explica Badia. Porque ahí entra la segunda pata del proyecto. El programa no busca solo no tirar alimentos a la basura, sino que su reaprovechamiento también sirva para que personas en riesgo de exclusión social puedan reinsertarse en el mercado laboral. En todas las etapas en las que hay alimentos reaprovechados —almacenaje, elaboración, cocina y restaurante— hay trabajadores que están en programas de reinserción social. “Hay parte de la plantilla que ya está formada, y una parte está en formación, para que luego sean capaces de encontrar trabajo fuera de un entorno protegido”, explica Marina Farell, coordinadora de cocina. Mohammed, de 20 años, y Yocelin, de 33, forman parte de estos programas, el primero en la parte de cocina, y ella en la parte del restaurante. “Todas las personas que venimos aquí tenemos una historia de vida, y nos ayudan mucho a que podamos encontrar trabajo fuera”, explica Yocelin. “Estaré unos dos años y el siguiente paso, con la experiencia que habré tenido, ya será ir a un restaurante, aunque seguro que no habrá tan buen ambiente como aquí”, dice Mohammed.
La inserción laboral es precisamente uno de los objetivos de Cáritas, que en toda España en 2025 atendió a 65.500 personas en alguno de sus programas de inserción, con una tasa de inserción final del 22%. “Nuestra misión es apoyar a las personas que este sistema está dejando fuera. Lo que falla no son ellas, es el sistema”, ha dicho Ana Heras, coordinadora del equipo de Economía Solidaria de Cáritas España.



























































