Las emisiones de CO₂ provocarán 10 veces más impacto en el futuro que los daños ya causados
Dos estudios publicados en ‘Nature’ agrandan las consecuencias económicas, sociales y ecológicas del cambio climático


Investigadores de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos) han hecho una analogía entre las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y la basura. Ambas son subproductos de actividades humanas. Ambas están generando serios problemas al planeta. Ambas provocan daños que se pueden cuantificar en dólares. Ambas hay que gestionarlas, pero en ambas hay algunos que no pagan la factura y muchos otros que la sufren. Sobre esta comparación, desarrollada en Nature, la principal referencia de la ciencia, han construido un marco que permite estimar el coste del CO₂ casi a nivel individual. El trabajo también desvela el carácter acumulativo de su impacto: a los daños ya producidos por las emisiones del pasado, habrá que sumar los futuros, que se multiplicarán por 10.
“Cuando generamos basura, es ilegal tirarla donde queramos, porque hacerlo supone un coste para los demás”, recuerda Solomon Hsiang, coautor del estudio y profesor de ciencias sociales ambientales en la Escuela Doerr de Sostenibilidad de la universidad californiana. “Normalmente, pagamos a alguien para que se lleve nuestros residuos. Nuestro legado de emisiones de gases de efecto invernadero es similar, solo que nunca hemos pagado la factura y sigue generando intereses”, añade.
La idea básica es considerar la emisión de una unidad de GEI como la creación de un activo que produce un flujo posterior o cadena de valor. Solo que en este caso es negativo y aquel flujo, en vez de generar beneficios y beneficiados, provoca daños y perjudicados. En este marco, calculan los daños provocados por los gases ya emitidos, los que provocarán en el futuro esos mismos GEI —poniendo el fin de la línea temporal en 2100— y, por último, los daños futuros de las emisiones actuales y por emitir.
Según sus cálculos, expresados siempre en dólares, los daños por las emisiones van acumulándose. Así, una tonelada de CO₂ emitida en 1990 causó unos daños estimados en 180 dólares hasta 2020. Pero provocará 1.840 hasta 2100. En general, el impacto futuro de los gases del pasado sube al menos un orden de magnitud, es decir, al menos 10 veces más. “Mientras se emita una tonelada de dióxido de carbono, se seguirá produciendo calentamiento global, y ese calentamiento provocará daños”, dice Marshall Burke, también profesor de ciencias sociales ambientales de Stanford, y primer autor del estudio, en una nota.
El impacto de los GEI sigue un patrón geográfico desigual: los daños acumulados, pasados y futuros, derivados de las emisiones históricas, combinan unos beneficios modestos o daños limitados en países de latitudes altas, los del primer mundo, donde el calentamiento tiene un efecto limitado y, como escriben los autores, “daños generalizados en países de latitudes medias y tropicales, donde el calentamiento perjudica el crecimiento con alta probabilidad y donde los daños son sustanciales como porcentaje del PIB actual”.
Y ponen a su país como ejemplo. Según su análisis, las emisiones estadounidenses desde 1990 han causado más de 10 billones de dólares en daños económicos globales, la mayoría externos. Esto incluye importantes impactos negativos en las economías en desarrollo, como 330.000 millones de dólares en Brasil o 500.000 millones de dólares en India. Solo un tercio del daño causado es dentro del propio Estados Unidos, mientras que otros 1,4 billones de dólares afectaron a Europa.
El marco que han diseñado permite estimar las emisiones y, por tanto, los daños generados por los países, las grandes empresas, pero también personajes bien conocidos. Partiendo del coste estimado de las emisiones de un vuelo de largo alcance, por ejemplo, calculan que las emisiones de los vuelos privados realizados por Bill Gates, Jeff Bezos, Elon Musk o Taylor Swift en 2022 generarán cada uno más de un millón de dólares en daños para el año 2100, “lo que pone de relieve el coste social sustancial, y quizás poco reconocido, de las decisiones de consumo individuales”, escriben los autores.
Daños extremos aun en el mejor de los futuros
Un segundo estudio, también publicado en Nature, se va a los extremos. Los científicos dibujan el futuro climático corriendo una veintena de modelos complejos sobre potentes ordenadores. De sus resultados, se quedan con los intermedios, como más probables, descartando los extremos, tanto los más pesimistas como los más optimistas. Sin embargo, este nuevo trabajo descarta los escenarios más probables, para quedarse con los menos probables, pero aún posibles.

“En aras de una evaluación de riesgos responsable, deberíamos ir más allá de los rangos más probables proyectados por los modelos climáticos y considerar resultados extremos que podrían tener graves consecuencias sociales o ambientales”, afirma el autor principal del estudio e investigador climático del Centro Helmholtz de Investigación Ambiental (UFZ, Alemania), Emanuele Bevacqua.
El mejor de los escenarios posibles para las próximas décadas es, siguiendo los Acuerdos de París, que la temperatura global no suba 1,5º respecto de los niveles preindustriales o, en todo caso, no supere los 2º extra. Para lograrlo, la ciencia climática considera necesaria una reducción drástica de las emisiones de GEI ya y alcanzar la neutralidad del carbono en 2050. Pero aun en ese caso, se pueden producir eventos extremos de gran impacto.
Este trabajo se centra en tres tipos de eventos cuyo impacto se ve amplificado por el lugar donde se producen: lluvias abundantes en zonas densamente pobladas, como sucedió con la dana sobre Valencia; sequías prolongadas en zonas de producción agraria de alimentos básicos como el trigo, el maíz o el arroz; y los incendios en áreas forestales de alto valor ecológico.
Lo que encuentran es que amplias zonas del centro de Europa, el Mediterráneo, este de Asia, el subcontinente indio o el África central podrían sufrir eventos de precipitaciones intensas durante días. Las sequías afectarían con mayor dureza a regiones productoras de arroz, como el sudeste de China y el noroeste de India, el medio oeste estadounidense y sus producciones de maíz, y el este de Europa, principal granero del planeta.
“Al centrarnos en las sequías en estas regiones agrícolas clave a nivel mundial, mostramos que los resultados a 2 grados podrían producir eventos extremos que se esperan para escenarios de mayor calentamiento, con 3 grados o 4 grados”, dice Bevacqua en un correo. Para este investigador, “que los fenómenos meteorológicos extremos se traduzcan en impactos graves depende en gran medida de la exposición —por ejemplo, la población y los bienes— y la vulnerabilidad, lo que subraya la importancia de desarrollar estrategias de adaptación sólidas para reducir los impactos".
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































