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De ‘Exkalibur’ a ‘Boro’, el cambio de sensibilidad hacia los animales de compañía: “Es familia”

La sociedad española valora más el vínculo afectivo con las mascotas y propicia cambios legislativos para proteger esa relación

La movilización de decenas de voluntarios para localizar a Boro, el perro perdido tras el terrible accidente ferroviario de Adamuz, refleja el cambio en la relación con las mascotas, cada vez más consideradas parte esencial del hogar. “Es familia”, explicaba emocionada Ana García, una de las supervivientes, que viajaba en el tren junto a su hermana, aún ingresada en la UCI, cuando pedía ayuda para buscar a Boro. Finalmente, el jueves agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil lograron capturarlo y devolverlo a los suyos. “Gordo, ya nos vamos a casa”, le decía su dueña al reencontrarse con él.

Incluso Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, retuiteó el rescate del can. Recordando en primer lugar que las personas son lo más importante, indicó que: “Es una buena noticia que esa familia recupere al que seguro que es uno de sus miembros”.

Alba Verdugo, psicóloga clínica, explica que la principal diferencia respecto a hace años en la relación con estos animales está en la manera de entender los vínculos afectivos. “Han dejado de circunscribirse al ámbito de persona a persona. Ahora la conexión es mucho más emocional y se basa en la relación que existe, en lo que estos animales significan para nosotros”, comenta. Se trata de un nexo que, “desde un punto de vista racional y lógico, puede ser incomprendido por quienes no tienen perro o gato, o no han tenido contacto con otros animales”, precisa.

Tomás Camps, veterinario y experto en comportamiento animal, sostiene que el 90% de las personas que tienen un perro o un gato en casa los consideran parte de la familia y su pérdida tiene grandes consecuencias emocionales para ellas. Por lo que entiende perfectamente los sentimientos que se han generado alrededor de Boro. “Hay personas que dicen que se les está humanizando y yo digo que por suerte si implica ser empáticos con ellos, otra cuestión es que se perjudique su bienestar”, concreta.

Aunque se trata de un caso diferente, ese giro en el comportamiento entre personas y mascotas ya era palpable en octubre de 2014, cuando el Gobierno madrileño decidió sacrificar a Exkalibur, el perro de una trabajadora sanitaria contagiada de ébola en Madrid, al sospecharse que podría portar la enfermedad. La movilización, por unas redes sociales menos desarrolladas que ahora, pero ya presentes ―sin TikTok aún―, organizó una vigilia de 24 horas frente al domicilio donde permanecía el can desde el ingreso de sus dueños. La protesta se saldó con tres activistas heridos y el perro no se salvó.

Atrapados entre la lava

Otro de los casos más sonados de salvamento fue el de los cuatro podencos que quedaron atrapados en Todoque, una de las primeras localidades engullidas por la lava del volcán de La Palma, que erupcionó de septiembre a diciembre de 2021. Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Se les hizo llegar agua y comida, pero era necesario sacarlos de allí. Se habló de un operativo, tan espectacular como poco realista, con drones. Finalmente, los perros desaparecieron y un misterioso “Equipo A” se atribuyó la operación, aunque nunca llegó a confirmarse.

La implicación con las mascotas es cada vez mayor. “Nos acompañan todo el día y cada vez las incluimos más en nuestras actividades, no solo cuando les sacamos a pasear, nos los llevamos de vacaciones, podemos acudir con ellos a centros comerciales, a bares…”, añade Verdugo. Y están ahí en momentos de soledad y duros, como sostén emocional, como ocurre con Boro.

Yasmina Domínguez, vocal de pequeños animales del Colegio de Veterinarios de España, añade que la mayor sensibilidad hacia estos animales está asociada a la educación. “Siempre ha habido sensibilidad, pero es verdad que las nuevas generaciones están más concienciadas”, comenta desde su experiencia de 30 años. Domínguez apunta, además, al empujón de los cambios legales.

En enero de 2022, los animales dejaron de ser considerados cosas y se les reconoció como seres sintientes, de forma que no pueden ser embargados, hipotecados, abandonados, maltratados ni separados de uno de sus dueños en caso de ruptura o divorcio. La reforma implicó la modificación de tres normas: el Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil. En septiembre de 2023 entró en vigor una descafeinada ley de bienestar animal, que dejó fuera a los perros de caza, trabajo y deporte. Todavía le falta el reglamento que la desarrolla y el listado que determinará que especies se pueden mantener en cautividad.

Patricia Almansa, presidenta de la Asociación Galgos del Sur, cree que existe una transformación en las Administraciones, pero mucho más lento que en la propia sociedad. “El rescate de Boro ha sido posible por la movilización de la gente a través de redes sociales”, pone como ejemplo. Almansa nota sobre todo un cambio en la tolerancia al maltrato animal. “Antes se asumía aunque no te gustara”, señala. Sin embargo, matiza que la consideración de los animales como un miembro más de la familia no es igual en todos los contextos: “Cambia en el ámbito rural y en el caso de los perros utilizados para la caza”.

El año pasado recogieron en su asociación a 386 perros, de los que el 90% eran galgos y podencos, razas habitualmente destinadas a la caza. Muchos son abandonados en la calle y rescatados mediante jaulas o trampas; otros llegan entregados por sus propios dueños cuando termina la temporada de caza y no saben qué hacer con ellos. “Antes se encontraban más perros muertos en el campo, pero ahora, como existe más rechazo social al maltrato, si alguien mata a un ejemplar lo esconde; aparece algún cadáver cuando se secan las balsas de riego, pero es una minoría”, mantiene.

Para Noe Terrassa, miembro de la asociación para la defensa de los animales FAADA e investigadora de los vínculos inter especie, la evolución de los últimos años en la forma de convivir con los animales de compañía se debe a la transformación de la familia tradicional. “Existen otros modelos familiares en los que se decide considerar a un no humano como miembro de pleno derecho de ellos”, concreta.

En este escenario, veterinarios y otras asociaciones piden que se cree un protocolo para saber cómo actuar para rescatar a los animales en casos de desastres naturales (danas, incendios…) o accidentes.

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