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Dentro del primer laboratorio en España de alta bioseguridad: siete ‘astronautas’ para luchar contra los virus más peligrosos del mundo

GSK inaugura en Tres Cantos el primer laboratorio BSL-4 de España y el primero de una farmacéutica en el mundo. Lo usarán siete investigadores, que se enfrentarán a patógenos para los que no existe ni cura ni vacuna

Imagen del primer laboratorio de alta bioseguridad biológica BSL-4 de España, de GSK.Eulogio Valdenebro / GSK

Son siete personas. Cinco de ellas, mujeres. Trabajan en el campus de la farmacéutica GSK en Tres Cantos, a media hora de Madrid. Y hasta ahora, lo hacían en laboratorios de nivel de bioseguridad 3 (BSL-3), el penúltimo escalón de peligro biológico. Ahora, cinco de las 27 salas BSL-3 que tenía la compañía en este complejo han sido reconvertidas para acoger dos salas del primer laboratorio español que trabajará al nivel máximo de bioseguridad: el BSL-4. El salto no es solo técnico. Es, en cierta medida, existencial.

Los laboratorios BSL-4 representan el máximo nivel de contención biológica. En ellos se trabaja con los patógenos más peligrosos del planeta, aquellos que provocan enfermedades graves o mortales para las que no existen tratamientos ni vacunas, como el virus del Ébola o el de Marburg. “En el BSL-3 trabajas con patógenos graves, pero hay tratamiento. Para los de nivel BSL-4, no hay prevención ni tratamiento”, confirma David Barros, director de I+D en Salud Global de GSK en España, durante una visita que la compañía ha organizado esta semana para diferentes medios, entre ellos, EL PAÍS.

Actualmente, hay ocho instituciones que tienen laboratorios BSL-4 en la Unión Europea. En el mundo hay 51 en 27 países, según el informe Global BioLabs 2023, del King’s College de Londres. El Gobierno español está construyendo su propio BSL-4 en las instalaciones del Instituto Carlos III en Majadahonda, que se espera que esté operativo el año que viene. El Gobierno ha firmado un acuerdo de colaboración con GSK, y el propio presidente, Pedro Sánchez, visitó el laboratorio el pasado 3 de marzo.

02:33
Así es el nuevo laboratorio de GSK en España
Laboratorio de alta bioseguridad biológica BSL-4 de España.

La idea de montar un BSL-4 surgió en GSK durante la pandemia de covid. El centro de Tres Cantos, especializado en enfermedades infecciosas, se volcó entonces en este virus. “La pandemia despertó el apetito de algunas de las personas que estamos aquí de tener este laboratorio. Y nos preguntamos si sería muy difícil hacerlo. Entonces nos dimos cuenta de que era casi una obligación”, confirma Barros.

El centro, con más de 30 años de historia y un centenar de investigadores, se dedica casi en exclusiva al descubrimiento de fármacos contra enfermedades infecciosas que afectan a poblaciones vulnerables, principalmente malaria, tuberculosis y resistencias a los antibióticos. Su director prefiere llamarlas “enfermedades desatendidas”, en lugar de “tropicales” o “ignoradas”. De este centro han salido, entre otros, la tafenoquina, tratamiento de dosis única contra una forma especialmente traicionera de malaria que puede permanecer silente durante meses en el hígado, y el descubrimiento de una bacteria que coloniza el intestino del mosquito y lo vuelve incapaz de transmitir el parásito de la malaria.

Con 27 salas BSL-3 activas, la conversión de algunas de ellas en BSL-4 suponía una inversión razonable para una gran farmacéutica como GSK: 5,2 millones de euros y, casi más importante, investigadores formados ya, durante muchos años “y ningún accidente en 30 años”, resalta la compañía, en BSL-3.

Cuando la empresa comenzó a plantearse instalar un laboratorio BSL-4, preguntó cuántos de sus investigadores estarían dispuestos a jugarse la vida, literalmente. Y es que la definición precisa de un patógeno BSL-4 es reveladora: se trata de agentes biológicos capaces de causar enfermedades graves o mortales para las que no existe, a día de hoy, ni tratamiento eficaz ni vacuna. Los dos primeros objetivos del equipo de Tres Cantos son la tuberculosis multirresistente —para la que los tratamientos existentes han dejado de funcionar en medio millón de personas cada año en todo el mundo— y la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, una enfermedad vírica transmitida por garrapatas, que ya es endémica en los Balcanes, para la que no hay vacuna ni antiviral aprobado y que tiene un “alto potencial pandémico”, dice Barros.

Siete de los investigadores respondieron positivamente y han sido ya formados, en España y en Inglaterra, para utilizar el BSL-4.

Dentro del laboratorio

La presión a la que van a estar sometidos es enorme. Y la seguridad del uso del laboratorio, también. Entrar en el BSL-4 no es como entrar en ningún otro lugar. Los investigadores deben quitarse toda su ropa, incluida la interior, en unos vestuarios. Después, se duchan y se visten con la ropa del laboratorio. Si usan gafas, tienen un duplicado.

Entran de dos en dos y trabajan en “espejo”, es decir, se miran y evalúan el uno al otro, hacen una serie de preguntas y es el compañero el que autoriza el paso de su otro compañero. Se visten con un traje de presión positiva de cuerpo entero —llamado coloquialmente “escafandra”— que incluye un suministro independiente de oxígeno y está sellado herméticamente. Ponérselo lleva tiempo; quitárselo, también. Entre el proceso de entrada, el trabajo y la descontaminación de salida, la logística consume una parte considerable de la jornada; puede llegar a ser hora y media. No se puede hacer una pausa rápida. No se puede salir a tomar agua. No se puede salir al baño. La concentración tiene que ser total durante todo el tiempo que dure el experimento. Como mucho, pueden pasar dentro cuatro horas.

Un laboratorio BSL-4 es, básicamente, una versión extrema de un BSL-3: todo está duplicado, blindado y pensado para que absolutamente nada pueda escapar. Mientras que en un BSL-3 se filtra el aire que sale, en un BSL-4 también se filtra el que entra, no una, sino hasta cuatro veces con los filtros más exigentes del mercado. Los residuos no pueden salir sin ser descontaminados dos veces dentro de las propias instalaciones. La presión negativa —que hace que el aire siempre fluya hacia dentro, nunca hacia fuera— está garantizada incluso en caso de corte de luz, gracias a sistemas de alimentación ininterrumpida de máxima categoría. Y el material más peligroso se transfiere a través de contenedores herméticos especiales sin que nadie tenga que abrir una puerta. En el BSL-3 ya hay protocolos estrictos; en el BSL-4, cada uno de ellos tiene un plan B incorporado.

“Mientras estás dentro, las válvulas están selladas, el sistema está totalmente cerrado del entorno exterior”, dice Javier Gamo, director de Global Health R&D Medicines de GSK. Las dos salas BSL-4 del centro son independientes entre sí: cada una puede albergar un patógeno distinto y operar de forma completamente autónoma.

La seguridad es la principal prioridad del laboratorio, según subrayan en GSK. Las autoridades competentes pueden inspeccionarlo en cualquier momento y sin previo aviso. No es un detalle menor: según el informe Global BioLabs 2023, tres cuartas partes de los laboratorios BSL-4 del mundo se encuentran en áreas urbanas, lo que amplifica el riesgo potencial en caso de escape accidental de un patógeno. Tres Cantos, a menos de 30 kilómetros de Madrid, no es una excepción.

El laboratorio ya tiene la certificación de la Comunidad de Madrid. La validación interna se completará en abril. Después, el equipo empezará a trabajar progresivamente en niveles 2 y 3 antes de alcanzar el 4 pleno, previsiblemente a finales de 2026 o principios de 2027. Todos los investigadores de la compañía se someten a revisiones de salud periódicas, pero estos estarán especialmente vigilados. Para entonces, los siete investigadores habrán practicado durante meses los rituales de entrada y salida, y habrán ensayado cada protocolo hasta hacerlo automático. Y un día, por primera vez, entrarán con un patógeno real.

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