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María Teresa Barbato, especialista en emparejamiento humano: “Los milenial se toman muy en serio el amor”

La difusora científica chilena defiende que el amor se acaba, pero que el apego en una relación romántica puede durar toda la vida

María Teresa Barbato en Santiago (Chile), el 21 de abril.SOFIA YANJARI

La bióloga y difusora científica María Teresa Barbato lleva más de una década investigando la neurobiología del amor, integrando biología y economía conductual para entender el emparejamiento humano. La autora del libro La biología del match (2025) estará este fin de semana en el Festival de Ciencia de Puerto de Ideas, celebrado en la ciudad norteña de Antofagasta, para exponer sobre cómo eligen pareja las personas, y la ciencia y el amor en tiempos digitales. Sobre el amor, la conocida en redes sociales como “doctrina Oxitocina”, dice que no lo puede todo. “Estamos buscando amor constantemente, pero no está resolviendo nuestros problemas sociales. El amor te permite elegir pareja, cuidar la descendencia y punto”, plantea este martes en una cafetería en Providencia.

Pregunta. ¿Es difícil estudiar el amor desde la biología?

Respuesta. Existe una complejidad respecto a cómo ver datos que muchas veces tienen que ver con un pasado evolutivo y a que por mucho tiempo hemos puesto a la conducta humana en un pedestal antropocéntrico, lo que nos ha impedido llegar a información valiosa. Si estoy todo el rato pensando que el amor es solamente una experiencia humana, me pierdo estudiar muchos mecanismos que quizás estaban en los animales. Y ese cambio de paradigma es lo que trae la biología a todas las disciplinas. Decir ‘un animal no es más ni menos que tú, es distinto a ti, y preguntarse: ¿qué problemas tenemos en común? ¿Y cuáles solamente tiene el humano? ¿Qué nos hace especiales? Y eso es lo complejo y el desafío.

P. En el amor, ¿qué es lo especial en el humano?

R. El deseo, la excitación y el apego la tienen prácticamente todos los animales sociales. Pero la atracción romántica tiene un gasto de energía que tiene que ver solo con el tipo de relaciones que nosotros tenemos. Eso tiene de especial el amor romántico humano, que se compone de tres etapas: el impulso sexual; la atracción romántica, donde aparece una obsesión narcótica; y el apego, donde aparece la cooperación para criar la descendencia.

P. La obsesión narcótica suena a algo negativo ¿Lo es?

R. Cuando uno piensa en lo caro que es dejar descendencia en la especie humana -fecundación interna, nueve meses de embarazo, el parto, tres años de lactancia-, el que tú fueras capaz de obsesionarte con una persona para quedarte, es algo que uno podría considerar positivo. Pero hoy, con la tecnología y el whatsapp 24/7, no tiene mucho sentido estar pensando todo el rato en esa persona y que actives sistemas de recompensa constantemente dopaminérgico -mucha oxitocina, baja serotonina-, para afiliarte. Las mujeres, por ejemplo, están dejando esta institucionalidad que las obligaba a emparejarse y tener descendencia. Ahora tienen más libertad y no lo quieren. En vez de juzgar tanto y decir que todo está cambiando, quizá la pregunta es si siempre fue más selectiva y antes no tenía esa libertad.

P. ¿En qué consiste la obsesión narcótica?

R. Cuando la persona concentra la energía para conquistar a otra, deja sus necesidades de lado. Sufres insomnio y activas este sistema de recompensa -que unos llaman narcótico porque la persona está un poco maníaca-. De hecho, la segunda etapa del amor se compara sobre todo con etapas de la hipomanía, donde hay mucha cantidad de oxitocina, de dopamina. Eso me permite olvidarme de todas mis necesidades básicas y concentrarme en ti hasta obtener una conexión emocional. Yo puedo dormir y comer si tú me contestas el WhatsApp. Hay gente adicta -no clínicamente- a este sistema de recompensa, lo que las lleva a entrar a un bucle de atracón y abstinencia. Pero esta etapa acaba cuando la persona ya tiene la conquista y está tranquila.

P. Y ahí comienza la tercera etapa, la del apego.

R. Claro. El apego está prácticamente en todos nuestros vínculos y se empieza a forjar desde las niñez. Ahora, con el apego tú no aseguras la elección de pareja. Tú aseguras, en términos emocionales, el cuidado de la descendencia y al otro. El amor se acaba, pero el apego es una formación vincular que puede durar toda la vida.

P. ¿Esto ha cambiado en los últimos 50 años?

R. Lo que se activa en tu cerebro sigue siendo igual. Lo que ocurre es que ahora uno elige de manera diferente. Antes, el amor se iniciaba con el matrimonio, ahora las personas se toman una etapa de pre-compromiso antes de incursionar en el amor. Dicen que los millennials no se toman en serio el amor, pero yo defiendo lo contrario. Los millennials plantean: ‘tenemos mucho más tiempo, para qué lo queremos hacer rápido, probemos, aumentemos nuestra socio-sexualidad, veamos si hay compatibilidad, si quiero tener un tipo de vínculo solamente sexual’. Eso es muy positivo porque antes quizás tu cerebro tenía que tomar una elección muy rápido.

P. ¿Y cómo elegimos pareja?

R. Hay una universalidad en cómo elegimos pareja. En toda cultura, industrializada o no, se ve que nos gusta alguien amable, inteligente, que tenga un cierto atractivo físico y que sea prosociable (empatizar con los sentimientos de otros). También elegimos distinto a largo que a corto plazo. A corto plazo, ponderamos más el atractivo físico, contamos más la cantidad que la calidad, pero a largo plazo, nos fijamos en las otras cosas. Ahora, el aprendizaje emocional influye en las diferencias individuales. Si a ti te tapan el ojo desde chica, tú no vas a tener una buena visión, aunque toda tu genética esté preparada para eso. Lo mismo pasa con las intuiciones para elegir parejas.

P. ¿Qué pasa cuando una relación amorosa termina?

R. Lo que más se ve afectado es la figura de apego y que no tiene muchas lógicas en nuestro cerebro. Cuando esa persona se va, es como sentir un vacío, muy relacionado con la oxitocina. Esa pareja es parte de tu cotidianidad, de tu familia, tiene que ver con romper una red que construiste. Es muy parecido a la teoría del niño malcriado en economía: tú vas a invertir todo en tu hijo y es muy probable que dentro de toda la vida, ese niño no te lo pueda devolver. Con las parejas va pasando un poco lo mismo y de manera casi exponencial a medida que pasa el tiempo.

P. Usted, además de académicas y divulgadora, ayuda a la gente a encontrar pareja. ¿Qué le dicen?

R. Los hombres, generalmente sobre la problemática que no pueden encontrar pareja, y las mujeres tienen mucha curiosidad sobre sus patrones y generalmente son muy juzgadoras consigo mismas. Creen que siempre están mal en las relaciones y la verdad es que cuando uno empieza a hablar con ellas se da cuenta que les va súper en el amor, lo que pasa es que hay una mirada cultural donde se entiende que que te vaya bien en el amor es terminar con alguien para toda la vida. Yo no le puedo decir eso a todo el mundo. Alguien con un apego muy ansioso, por ejemplo, con alta oxitocina y dopamina, lo va a pasar mal en una relación para toda la vida y esa persona tiene que saberlo.

P. El compromiso en las relaciones amorosas parece estar cotizando a la baja, según los datos.

R. El ambiente afecta la manera en que nos emparejamos. Sí estás en una guerra, en una incertidumbre económica, no tienes ganas de aportar en un compromiso con una pareja, ni menos en una descendencia. En pandemia investigamos qué le motivaba a los adultos al salir y al entrar en la etapa de los confinamientos por fase. Cuando salían, tenían el impulso sexual sumamente alto y la lógica te diría que querían emparejarse, pero no. Querían tener más sexo y eso se da en todo fenómeno de incertidumbre. El ambiente afecta a tu biología. No es que nos transformemos en polígamos después de una crisis, pero somos más promiscuos porque el sexo baja el cortisol.

P. ¿Y la tecnología ha afectado al compromiso?

R. Sí, porque ahora percibo que tengo un mercado biológico mucho más amplio del que tenía antes, por lo que a mi mente le llega la idea de que me puedo emparejar con todas estas personas de Tinder, entonces... ¿para qué me voy a comprometer? Antes tú te acoplabas a grupos más pequeños. Los contextos de emparejamiento, sobre todo en Chile, eran reducidos: la fiesta, el asado con amigos. En Chile no se conquista en la calle como en otros países. Ahora, la incursión de la mujer en el trabajo fue un cambio mucho más radical que las aplicaciones de citas en la manera en que los humanos se empezaron a emparejar.

P. ¿Por qué?

R. Las mujeres se volvieron más selectivas. Hubo un decrecimiento en las tasas de matrimonio, se volvió un poco más difícil para el sexo masculino. Ellas querían explorar otras cosas, y ya no les producía placer solamente su pareja. Y eso nos vuelve a que quizás la hembra de la especie humana si fue más selectiva de lo que pensábamos y ahora que tiene más libertad, también. Y no es que una ideología o una cultura o un momento determinado esté cambiando.

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