Ana María Raad, antropóloga: “La IA puede tener un impacto positivo en los aprendizajes, pero hay que intencionarlo”
La fundadora de Reimagina, una organización sin que busca innovar la educación en América Latina, acaba de recibir el Premio de Innovación Social 2026, otorgado por el Foro Económico Mundial. “Hay que tomar la batuta y no seguir reactivos como lo hicimos con otras tecnologías”, dice


El Informe sobre el futuro del empleo 2025, elaborado por el Foro Económico Mundial (FNE), dio cuenta que, junto con habilidades en inteligencia artificial (IA) y big data, el pensamiento analítico, la resiliencia, la flexibilidad y el liderazgo, serán los componentes esenciales que valorarán las empresas a la hora de realizar nuevas contrataciones. Ese panorama no se condice con las actuales formas de educar en Latinoamérica, señala la antropóloga Ana María Raad (Guayaquil, 52 años), quien acaba de recibir el Premio de Innovación Social 2026 - otorgado por el FNE y la Fundación Schwab-, en reconocimiento al trabajo que realiza en la Fundación Reimagina, organización sin fines de lucro que creó en 2020 en Chile como respuesta a la crisis educativa durante la pandemia y con el fin de acelerar métodos de enseñanza efectivos para el siglo XXI.
“La educación requiere de habilidades que son tanto cognitivas, académicas, pero también relacionales y tecnológicas. Y ahí es donde se enmarca mi visión: se trata de no desconocer que hoy tenemos brechas profundas de aprendizajes básicos, pero si no abordamos las que vienen en el futuro, estamos duplicando esa brecha en el corto plazo también”, dice Raad a EL PAÍS desde Suiza en una videollamada, días previos a recibir el premio en la cita anual del Foro Económico Mundial en Davos junto a otros 20 líderes de 17 organizaciones seleccionados por sus soluciones a desafíos sociales urgentes en el mundo.
Y no se trata, dice, solamente de cambiar la forma de educar como respuesta a un mercado laboral desafiante, sino también para formar ciudadanos que puedan hacer frente a las coyunturas actuales como la crisis climática y los avances tecnológicos que ocurren a pasos agigantados. “Uno educa para que los jóvenes sean activos en la sociedad que les toca vivir, agentes de cambio y constructores de democracias”, indica Raad.

En esta cruzada, uno de los proyectos que tiene por bandera la Fundación Reimagina es AprendoLab, una plataforma dirigida a docentes latinoamericanos que utiliza inteligencia artificial para personalizar rutas de aprendizaje que se adecúen al contexto y necesidades concretas de sus aulas. También impulsan EcosisTEAM, una red de trabajo colaborativa desarrollada junto a la Oficina Regional de Harvard DRCLAS-Chile y a la embajada de Estados Unidos, que tiene como finalidad visibilizar y promover el trabajo de instituciones que aplican la metodología educativa STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Artes y Matemáticas, por sus iniciales en inglés).
Dice Raad, que esas perspectivas diferentes que persiguen en las formas de enseñar que ella misma las pudo palpar cuando era estudiante en Ecuador: “Mi historia personal está ligada a una educación menos tradicional. Me eduqué en un colegio muy inspirado en el método Montessori, por lo que mi enseñanza básica y media estuvieron marcadas por un enfoque innovador en esa época. Después, me gradué en Comunicación Social de la Universidad Casa Grande, que fue la primera en América Latina en desarrollar el método de casos. Entonces, entré a la educación entendiendo y habiendo vivido que una forma distinta es posible”, dice.
Luego, su deseo por estudiar cómo los cambios sociales se pueden dar a través de la cultura, la llevó a migrar a finales de los años noventa para cursar un magíster en Antropología Social y Desarrollo en la Universidad de Chile. Desde entonces, está radicada en el país sudamericano y su rumbo profesional la ha llevado a trabajar en el Comité para la Democratización de la Informática (CDI), la plataforma digital Educar Chile, en el ministerio de las Culturas, y la Fundación Impulso Docente y América Solidaria. “Yo siempre digo que soy una antropóloga más urbana, de método, de las computadoras y ahora de la educación del futuro”, indica.
Ya a cargo de la Fundación Reimagina, un vuelco en el rumbo de su trabajo fue la irrupción de la inteligencia artificial: “Hasta hace tres años, manteníamos una relación tecnológica muy funcional y de conexión lineal, que es propia de internet y de los softwares tradicionales. Con la IA es distinto por su nivel de interacción y autogeneración, y hago énfasis en dos aspectos. Primero, la absoluta no neutralidad de la inteligencia artificial, aquí hay desarrolladores, hay compañías, hay miradas sobre qué queremos que pase o no con su uso, que a mí me parecen preocupantes. Pero, por otro lado, también bajo la preocupación y amenaza, creo que es necesario trabajar en mayor educación y preparación, abordarla más que cerrarle la puerta”.

Una oportunidad que se abre con esta tecnología, dice Raad, se relaciona con poder afrontar algunas realidades complejas que mostró la Encuesta Internacional sobre Enseñanza y Aprendizaje (TALIS, por sus siglas en inglés). Por ejemplo, que la principal fuente de estrés de los docentes en Chile es el trabajo administrativo (57%) y que el 71% del profesorado indicó que imparte clases en establecimientos en los que el más del 10% de la matrícula tiene necesidades educativas especiales. “La IA te permite optimizar tiempos: hacer más rápido revisiones y planificaciones. Y, por otro lado, mirar a tus alumnos de forma personalizada en este contexto de aulas diversas”, explica.
Lo que hay que evitar, advierte, es emplearla bajo viejos patrones: “La inteligencia artificial utilizada para un modelo obsoleto tampoco va a mejorar la educación. Es decir, si tú sigues pidiendo resúmenes de la historia de Chile, la IA lo va a hacer mediocremente porque no tiene todo verificado y, además, no vas a generar mejor aprendizaje”.
Un punto fundamental, es que los recursos tienen que ir alineados a sacar provecho de este nuevo escenario: “A medida que integramos más tecnología, mayor tiene que ser la inversión en las capacidades de los profesores y de las escuelas (…) La IA puede tener un impacto positivo en los aprendizajes, pero hay que intencionarlo. Hay que tomar la batuta y no seguir reactivos, como lo hicimos con otras tecnologías como las redes sociales o los mismos teléfonos celulares”, dice la antropóloga. Y, mantenerse con los brazos cruzados, no es una opción: “Si uno es más crítico, si uno de verdad cree y conoce que los niños pueden más y tienen capacidades para más, no nos deberíamos quedar tranquilos”.
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