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Gloria Ana Chevesich, una “jueza de hierro” para navegar en medio de la tormenta judicial chilena

La magistrada se convertirá este martes en la primera presidenta de Corte Suprema de Chile. Lo hace en momentos en que el prestigio del Poder Judicial está golpeado por escándalos que han llevado a la destitución de magistrados incluidos miembros del máximo tribunal

Los primeros años de la década de 2000 son el gran parteaguas en la vida personal y profesional de la jueza Ana Gloria Chevesich, quien el 6 de enero se convertirá en la primera mujer en la historia en ocupar la presidencia de la Corte Suprema de Chile. En 2003 se hizo cargo de la investigación por el caso de corrupción MOP-Gate que la convirtió en un personaje conocido y proyectó su carrera, y en 2004 falleció su esposo y padre de sus dos hijas, que le había ayudado a dar una nueva dimensión a su vida en términos intelectuales y de visión de mundo. Dos capítulos complejos y dolorosos, determinantes en el recorrido de la otrora “jueza de hierro”, que van unidos a una historia de esfuerzo, constancia, profesionalismo y dedicación a su trabajo y a la Justicia.

Por eso cuando se presentó ante la prensa luego de que se anunciara su elección como futura presidenta de la Corte Suprema, el 15 de diciembre, no dudó en abordar el tormentoso período que enfrenta el Poder Judicial con supremos removidos y jueces acusados constitucionalmente por conductas reñidas con la legalidad. “Estamos viviendo momentos muy complejos. Sin embargo, estimo que la forma de superarlos es actuando con transparencia, pleno respeto de las normas constitucionales y legales que regulan nuestro actuar, y teniendo una vida pública y privada que dé cuenta que acatamos los principios éticos que nos rigen”, dijo.

Precisamente, quienes la conocen, destacan la preocupación de la ministra Chevesich para que la vida pública y privada mantengan el mismo nivel en cuanto a principios y ética, cumpliendo a rajatabla la frase “la mujer del César no sólo tiene que ser honesta, sino también perecerlo”. Algo con lo que ha batallado en los 67 años de su vida, marcada por el aprendizaje y la rigurosidad, y que aparece nítido tanto en su carrera —en la que no han faltado detractores—, en su estilo y hasta en su presentación personal. Así, ha cultivado el bajo perfil y de su boca no salen garabatos.

Nieta del croada Liubimiro Chevesich Austria, que se instaló en Valparaíso, Gloria Ana Chevesich Ruiz nació en Santiago en 1958 y se crio en una familia de clase media. Estudió en un colegio del populoso barrio de Estación Central y gracias a sus buenas calificaciones entró a estudiar Derecho en la Universidad de Chile en 1977. En la facultad conoció y se enamoró de Andrés de la Maza, casi cinco años mayor que ella. Luego de menos de dos años de noviazgo, y pese a que ella ni siquiera completaba la mitad de la carrera, se casaron en septiembre de 1979. Y un año después la aún estudiante Chevesich se convirtió en madre.

De la Maza era una persona con más experiencias, perspectivas, gustos refinados, visión de mundo y motivaciones políticas que su esposa. Se menciona que fue miembro del radical Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Jugaba tenis, era vegetariano y masón, disfrutaba del arte, era aficionado al tarot y practicaba taichí. Todos elementos que ayudaron a Gloria Ana Chevesich a alcanzar un mayor desarrollo y crecimiento personal, aun cuando tuviese méritos y esfuerzo de sobra. De hecho, hoy en día cuando puede va a la ópera, visita museos, y disfruta del arte y de la literatura. Además, le encanta andar impecablemente vestida. “Le gusta la moda. Es super fashion. Viajaba todas sus vacaciones a Italia, a Europa, para comprarse ropa”, cuenta alguien que la conoce hace dos décadas. También hace deportes y practica yoga.

Su tránsito por el Poder Judicial, al que ingresó en junio 1986, ha sido lento, pero constante, como una corredora de larga distancia. Fue relatora suplente y luego titular de la Corte de Apelaciones de Santiago y más tarde de la Corte Suprema, en 1995. En octubre de 2002, juró como jueza de la Corte de Apelaciones de Santiago y se convirtió en su presidenta en 2013.

Como ministra de ese tribunal le correspondió asumir en enero de 2003 la investigación del caso MOP-Gate, el escándalo de corrupción que sacudió al gobierno del socialista Ricardo Lagos (2000-2006) por el pago de sobresueldos a 129 funcionarios, que involucró al ministerio de Obras Públicas (MOP) y a una consultora, en medio de la concesión de autopistas. El caso terminó en 2016 cuando la Corte Suprema ratificó las condenas dictadas por la jueza Chevesich contra 13 implicados, incluido el exministro Carlos Cruz, sentenciado a una pena de tres años de prisión (no efectiva) como autor del delito de fraude al fisco.

Ese proceso le valió a Chevesich presiones del Gobierno, del mundo político e incluso en los pasillos judiciales. Fue investigada por otro juez a raíz de algunos cuestionamientos e incluso su esposo fue acusado de filtrar la reunión que ella mantuvo con el entonces presidente de la Corte Suprema. Pese a su frágil apariencia, la jueza demostró temple de acero y la obligó a desarrollar nuevas habilidades, como relacionarse con los medios y con el mundo político, que desconocía casi por completo. El ministro de Justicia de la época la llamó “La señora MOP”, aunque ganó fuerza el apodo de la “La jueza de hierro”.

En el comienzo de esa investigación se produjo la muerte de Andrés de la Maza Camus. Fue en forma abrupta, impredecible y demoledora. Un tumor cerebral se manifestó apenas cuatro días antes, con fuertes dolores de cabeza que le provocaron la pérdida de conciencia. Fue internado en la Clínica Santa María de Santiago, pero no resistió mucho más. Falleció la mañana del jueves 22 de julio de 2004. Tenía 50 años. Gloria Ana Chevesich quedó viuda con 45. Sin embargo, en 25 años habían logrado formar una familia con dos hijas, fieles herederas de la historia de sus padres: Josefina, entonces de 23 años y actual historiadora del arte, y Francisca, quien tenía 21 años y hoy es abogada. Recientemente, los De la Maza-Chevesich sumaron un nuevo integrante, hijo de Josefina, que roba buena parte de los tiempos libres de su ‘abuela suprema’.

En 2013, el entonces presidente Sebastián Piñera propuso su nombre para formar parte de la Corte Suprema. Con votos del oficialismo de derecha y de algunos parlamentarios de centroizquierda logró el respaldo de 26 senadores, suficientes para superar la barrera necesaria de los dos tercios. Quienes votaron en contra —como Ricardo Lagos Weber, hijo del expresidente— aún tenían en la memoria su rol en el caso MOP-Gate, pero también plantearon como argumento que Chevesich esgrimiera en 2010 la figura de ‘la irreprochable conducta anterior’ como atenuante a favor del general Manuel Contreras, el ex jefe de la DINA, el aparato represivo de la dictadura de Pinochet (1973-1990), en el caso de tres miembros del MIR que fueron detenidos y desaparecidos en 1974.

Se convirtió así en la octava mujer en llegar a la Suprema y en 2019 fue la primera vocera del máximo tribunal. Es reconocida por ejercer el derecho de una manera muy apegada a la norma, completamente alejada de las interpretaciones y de los llamados “fallos creativos”. Además, ha sido reiterativa en la importancia de la honestidad, la corrección y la ética. Alguna vez comentó que ella se miraba todos los días al espejo y se decía que iba a tratar de ser la mejor en lo que hacía, que era muy importante estar tranquila consigo misma y con su conciencia. “Cree mucho en esa vida de esfuerzo, de sacrificio, de ser muy profesional, de ser muy correcta”, asegura un antiguo amigo.

Todo lo contrario a Ángela Vivanco, la también jueza de la Corte Suprema que fue removida por sus pares en octubre de 2024 involucrada en casos de corrupción. Vivanco llegó a integrar el alto tribunal en 2018, también promovida por Sebastián Piñera, pero sin hacer la carrera judicial y luego de estar vinculada la derecha política. También fue vocera de la corte, sin embargo, su desempeño fue cuestionado internamente por hacer declaraciones con interpretaciones más allá de lo acordado. Chevesich fue severa cuando interrogó a Vivanco —antes de ser destituida— por el reordenamiento de algunas causas en la Suprema en las que tenían intereses sus conocidos. Ángela Vivanco lo explicó como una decisión de los relatores: “Puede (…) que de repente el relator haya traído antes una [causa] que otra o haya dicho me tinca más esto”. Sin embargo, Chevesich no le dio margen. “El orden está en la ley, las causas se ven en un orden, sino es una cuestión de preferencias”, le respondió.

Por lo mismo, para nadie es un secreto que Gloria Ana Chevesich es una defensora de la tradición, las formas y el fondo de la Justicia. Por lo mismo recalcó que su elección por unanimidad como presidenta de la Corte Suprema para el período 2026-2027 se debió al factor de antigüedad establecido en la tradición. “Obviamente ser nombrada como la primera mujer presidenta de la Corte Suprema es una experiencia significativa y muy desafiante, aunque debo hacer presente que en esta designación el factor género no fue decisivo, sino que fue respetar una tradición”, explicó.

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