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Los 10 lugares favoritos de la alcaldesa de Valparaíso: “Mi abuelita me compró mi primera guitarra. Decía que tenía que interpretar como Myriam Hernández”

Camila Nieto recuerda que las vivencias en el Cerro Las Cañas le llevaron a inclinarse por la política. También habla de su pasión por la música, una herencia de su familia materna, y por el avistamiento de aves

Las Torpederas. De niña no me llevaban mucho a la playa, yo creo que a mis padres no les gustaba. Pero a mí sí y, en la adolescencia, se me hizo imperdible visitar Las Torpederas. Su agua es muy helada, pero vale la pena zambullirse en ella porque es segura, no tiene grandes olas. Es popular, representa todo ese espíritu porteño o barrial.

Mirador Montedonico. Lo conocí de niña, porque el tío (adulto) del furgón que nos llevaba a la escuela hacía todo un tour por los cerros de Valparaíso. Queda en uno de los lugares más altos de la ciudad, desde donde se puede ver el puerto y la herradura de la bahía. Se localiza en un barrio estigmatizado a lo largo de su historia, pero donde muchas personas se organizan para ayudar a otros vecinos.

Barrio Puerto. Era el lugar adonde íbamos a comprar cecinas o los uniformes escolares con mis abuelos Jorge y Adriana, que me cuidaban cuando mi mamá trabajaba de profesora en un colegio. Ellos eran personas maravillosas, de mucho esfuerzo. Mi abuelo era obrero de la construcción, construyó la casa donde vivíamos. Mi abuelita pintaba tazas en una fábrica, siempre tuvo trabajo de lo fuera para sacar adelante a la familia. Yo fui muy apegada a ella, la acompañaba a buscar pagos, luego nos tomábamos un helado o comíamos un lomito. Me regaloneaba (consentía). Ella estaba para mí y yo para ella, porque la acompañaba a ver a sus hermanos en el cerro Juan de Dios o a Baquedano. Por ahí hay una línea medio musical en la familia porque mi abuelita cantaba y uno de sus hermanos tocaba el violín y otro el acordeón, mientras que su abuela tocaba el arpa. Me gusta mucho la música chilena, la de Violeta Parra. Mi abuelita me compró mi primera guitarra, me enseñaba a cantar, decía que tenía que interpretar como la Myriam Hernández. Yo participé en el coro de nuestra parroquia, estuve en el festival de talento musical de la escuela de Derecho de mi universidad. Estudié mucho para titularme de abogada. Por eso, no podía tener un trabajo formal. Entonces, llegué a cantar en el Metro o en micros (autobuses), junto con un amigo, para hacernos unas lucas (dinero).

Cerro Las Cañas. Es mi cerro, donde viví desde niña. Es la población de mi mamá y mis abuelos, adonde llegaron cuando todavía corrían las vertientes. Hoy todo está muy urbanizado. Crecí al lado de situaciones de mucha precariedad, que me parecían profundamente injustas. Eso me llevó a vincularme más directamente con la Iglesia, pero luego se fue dando el camino para dedicarme a cargos de representación como en el Centro de Estudiantes de la Universidad, en una escuela sindical. Me movilizó la sensación de injusticia, eso siempre me llevó a buscar cómo aportar a otras personas.

Museo de Historia Natural de Valparaíso. Cuando era niña no conocí muchos museos. Recuerdo la primera vez que entré a este espacio, donde está muy bien expuesta la historia natural de la región de Valparaíso. Hay una gran exposición de aves chilenas, las que me gusta mucho porque durante un tiempo, cuando tenía unos 25 años, me dio por el avistamiento de aves. Tenía libros sobre aves, salía para avistarlas y aprendí harto de ellas. Hoy, tengo buen ojo para identificarlas. Este fue un gusto que se expandió cuando trabajé seis meses como garzona (mesera) en Las Torres del Paine. Con el primer sueldo compré un libro: Aves de Chile. En general, me gustan mucho los animales. Tengo una perrita, La Lupe, que me encontré en el cerro La Cruz cuando hacía campaña para ser concejala. La adopté y ya tenemos cinco años juntos.

Paseo 21 de Mayo. Se conecta con una de las mayores postales de la ciudad: el ascensor Artillería. Y tiene una quebrada que en la primavera se llena de golondrinas. Uno de mis lanzamientos de campaña como alcaldesa fue en ese paseo. Hoy soy la primera mujer en ser alcaldesa y siento una gran responsabilidad por demostrar que una mujer joven, profesional y de cerro, puede llevar por buen camino a la ciudad.

Cerro Barón. Me gusta por donde está la Iglesia San Francisco, una de las más antiguas de Valparaíso. Durante los veranos, a las ocho de la noche, todo se pone muy naranjita. Es una vista bellísima cuando atardece. Yo caminé este cerro harto por ahí, ya sea cuando estaba en el colegio, la universidad o el trabajo. Lo recorrí con amigas y con pololos (novios). Es un lugar que permite asombrarse.

Parque Quintil. Es una propiedad municipal. No todos conocen este pulmón verde que tiene flores y arbolitos, es como un gran secreto de la ciudad. Yo lo conocí cuando era concejala, en una ceremonia de los pueblos originarios y quedé enamorada de sus grandes álamos.

Laguna Verde. La conocí cuando sus caminos eran de tierra. A veces pasaba en una micro, y al mirar hacia abajo se veía el acantilado. Ahora ya está pavimentado, al menos en su parte céntrica. Es una buena alternativa irse con un termo a tomar la once. Valparaíso nos da la posibilidad de conectar con la naturaleza dentro de una ciudad. Por eso, no cambiaría mi ciudad por otro lugar, siempre he vivido acá a excepción de los seis meses que estuve en la región de Magallanes.

Mercado Cardonal. Cuando tenía cinco años me perdí en el mercado, donde íbamos usualmente a comprar frutas y verduras con mis abuelitos. Seguramente me solté de la mano de mi abuelo, porque soy dispersa desde chiquita. Pero no todo es malo con la dispersión, porque es una buena aliada de la creatividad.

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Sobre la firma

Maolis Castro
Es periodista de EL PAÍS en Chile desde 2024, antes estuvo en el medio económico Bloomberg Línea. Trabajó para EL PAÍS desde Venezuela entre 2016 y 2019. También estuvo en el portal de periodismo de investigación Armando.info y El Nacional. Ha colaborado para medios como Pulso (Chile), The Wall Street Journal y ABC (España).
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