Ir al contenido
_
_
_
_
PIB Chile
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

¿El resto? Música…

¿Qué nos queda? Crecimiento. Si la recaudación se mantiene en un 20% del PIB, imagine lo que sería crecer 5% por año y el impacto en las finanzas públicas que esto tendría

Explanada de Baquedano, en Santiago, Chile, el 18 de octubre de 2024.

Fue en un foro de inversionistas. El público era el adecuado y el mensaje el que se necesitaba escuchar: “La tarea número uno de Chile es crecer, todo lo demás es música“. En agosto de 2017 el expresidente Ricardo Lagos, a poco más de 10 años de dejar el Gobierno, planteaba una tesis —incómoda para muchos de su coalición de origen— pero que hasta hoy sigue envejeciendo bien: crecer, el resto es música.

Chile tuvo años de bonanza económica, lo mismo que nos hizo merecedores de la chapa de jaguares de Latinoamérica, apelativo merecido si consideramos que entre 1990 y 2010, el país prácticamente multiplicó por siete su PIB total (Producto Interno Bruto) y por cinco el PIB per cápita, pasando de 2.400 dólares a 12.600 dólares (en precios actuales). Con esto, Chile se posicionó como un ejemplo global de país en vías de desarrollo, mientras que vecinos de Latinoamérica veían su crecimiento estancado o, en algunos casos, en franco retroceso. Crecimiento, el resto es música.

Este crecimiento permeó en todo ámbito: el país lograba dejar atrás cifras de pobreza de en torno a 40% y una inflación estacionada en torno a 30% de la población, mientras las últimas mediciones la sitúa bajo 10%, mientras que la inflación no supera el 4%.

Este cambio, este nuevo estatus de Chile, se dio gracias a modificaciones institucionales, a visiones compartidas y estructuras diseñadas y adaptadas para acompañar el crecimiento. Nada más cerca de la tesis de Acemoglu y Robinson en Por qué fracasan los países y la preminencia de las llamadas instituciones inclusivas. La decisión país fue crecer, recuperar la democracia y poner foco en el desarrollo; dejar atrás el mundo en que estaba sumido para empezar a amarrar sólo éxitos económicos acompañados e impulsados por esta nueva institucionalidad: consolidación del sistema de pensiones y capitalización individual; autonomía del Banco Central; acuerdos comerciales; planes de infraestructura y concesiones; digitalización de procesos y un muy, muy extenso etc.

Fue esta agenda compartida respecto del devenir del país lo que marcó los 30 años de gloria de la economía chilena, los mismos que extrañamente renegaron multitudes en octubre de 2019, provocando un cuestionamiento al modelo que hasta hoy encuentra algunos febriles ecos, mismos grupos que no escatimaron en reclamos y demandas al momento pedir una mayor intervención estatal y ayudas fiscales en plena pandemia y tener apoyo del mismo modelo que criticaron… pero ese es otro incómodo tema, sigamos hablando de crecimiento y de música.

Así, esta nueva idea de desarrollo no sólo trajo mejoras sustanciales para el país, como tasas de alfabetización, esperanza de vida o acceso a bienes y servicios, mejoras que sólo se pudieron financiar por una recaudación tributaria amplia y eficiente, llegando a cerca de 20 puntos del PIB.

¿Para qué este extenso relato de cifras? Para dar cuenta de una nueva urgencia en materia económica: las finanzas públicas. Cuando hablamos de bonaza económica, hablamos también de cómo el fisco logra capturar este mayor crecimiento vía impuestos que, convengamos, es el costo que todos pagamos por vivir en sociedad y, por lejos, la manera más eficiente para que el desarrollo llegue a todos. Justicia social, apalancada en crecimiento… ¿el resto? Ya sabemos, música.

Con todo esto, llama la atención el énfasis en que las candidaturas han puesto en la reducción del déficit fiscal sólo con foco en gastos y achicar el Estado, algo a lo que el exministro de Hacienda Ignacio Briones (en la segunda Administración de Sebastián Piñera, 2018-2022) aplicó una responsable ‘tasa de descuento’, dando cuenta la dificultad de esta agenda si en especial pone foco en programas de evaluación cuestionable, pero de alto impacto social como iniciativas de educación pública, o programas de alimentación o de deserción escolar.

¿Basta entonces sólo con reducir el déficit? ¿Y el crecimiento? Hoy el presupuesto del Gobierno es cercano a 80 mil millones de dólares que se financia con un ingreso efectivo, en torno a 75 mil millones de dólares. De estos, 65 mil millones de dólares provienen de ingresos tributarios netos. De estos, el 50% corresponden a IVA y en torno a 30% a impuestos corporativos. ¿Qué quiere decir esto? Que, números más, números menos, la mitad de lo que recauda el fisco anualmente proviene del consumo, del gasto de las familias, del día a día. ¿Podríamos subir el IVA? Imagino que, pese a su eficiencia recaudatoria, nadie se atrevería siquiera a proponerlo ¿Impuesto a las empresas? Ya estamos en tasas altas, muy por sobre el promedio OCDE. ¿Impuestos a los tramos exentos del pago por ingresos personales? Pese a que corresponde casi al 80% de la población, sería una ilusión siquiera pensar que alguien que gana poco más de $800 mil mensual deba, además, pagar impuestos.

¿Qué nos queda? Crecimiento. Si la recaudación se mantiene en un 20% del PIB, imagine lo que sería crecer 5% por año y el impacto en las finanzas públicas que esto tendría. No sólo para no seguir acumulando déficit fiscal año a año, sino también para financiar más y mejores programas y beneficios sociales. ¿No debiera ser este el foco? ¿No hay mejor reforma tributaria o fiscal que crecer más?

Crecimiento, sólo crecimiento, el resto es música.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_