De los clásicos a Gimferrer y Modiano: la pasión lectora de Miquel Barceló, protagonista del ‘stand’ de EL PAÍS
El pintor, que presenta en la feria una selección de obras sobre papel de periódico, descubrió los libros de niño en la biblioteca de Felanitx y aún sigue alimentando su colección omnívora

“Los libros que lees componen una especie de autorretrato en un momento de tu vida”. El pintor Miquel Barceló, protagonista del stand de EL PAÍS en Arco y lector omnívoro, formula en un mensaje telefónico un carrusel de portadas capturadas con su móvil. Una sugerencia para hablar sobre sus lecturas y querencias de siempre. “Es un mosaico. Autores y temas que he tenido a mano recientemente, en Mallorca o viajando”. El listado parece ecléctico. “Casi por definición soy ecléctico, pero todo se concreta o varía”, apunta.
Al azar, aparecen libros de Ramon Llull, Robert Graves, Pere Gimferrer, Patrick Modiano, Rafael Chirbes, Leonardo Sciascia, Homero, Víctor Hugo, Céline, Pío Baroja, Chaves Nogales, Ramón Gaya. También figuran Corina Oproae, Albert Roig, Irene Solà, Gabriel Ferrater, Jaime Gil de Biedma, Octavio Paz, Mario Praz, José Lezama Lima, Patricia Highsmith, Verlaine, Walter Benjamin, Simón Leys, Clemens K. Setz… También Francesc Riera y Ramon Rosselló, historiadores, amigos de Felanitx para los que pintó portadas.
No es solo una catarata de nombres. Barceló captó la setentena de obras, una a una, en la cabecera de la cama y entre los montículos de libros recién leídos, en tránsito en el salón de la casa. “Cada día leo. A veces releo o recompro un mismo libro, como hoy en el mercadillo”. En la relación aparece Desembalo mi biblioteca, en francés, de Walter Benjamin, inevitable relator de la modernidad. El pintor tiene dos notables bibliotecas en sus casas de Francia y Mallorca.
Existe otra colección de libros forzosamente olvidada en África. Muchos volúmenes quedaron en su casa taller en Malí, en el país dogón, a la que acudió durante casi dos décadas. La violencia integrista le impide retornar. “Allí, bien guardados en cajas, hay ejemplares de La Pléiade, obras completas de clásicos, Robert Louis Stevenson, Joseph Conrad, William Shakespeare… y también los semejantes de las obras de Josep Pla en Destino.” Ambas colecciones de letra pequeña y en papel biblia para que cundiera el texto.
De Lizama Lima reconoce que es un alimento para su obra. Llull, filósofo y pionero del catalán, es casi material de trabajo
Miquel Barceló fija un hito primerizo, antes de los cuatro años ya visitaba la biblioteca de Felanitx. Su madre, Francisca Artigues, le acompañó y presentó a la bibliotecaria. “Este niño ya sabe leer ¿puede acudir?”. El camino de regreso al hogar era de apenas 200 pasos. “Para un niño a esta edad es muy importante tener una biblioteca cerca y mi madre tuvo una buena idea”. Desde entonces es un lector que goza descubriendo. “Libros buenos y malos los hay siempre, pero rápidamente aprendes a discriminar lo que interesa”.
Rememora también a su profesor de bachillerato, Miquel Pons, escritor y amigo de pintores, por haber sido un eficaz inductor a la literatura. “Al hablar de Antonio Machado o Federico García Lorca, leía sus versos, recordaba el asesinato de éste y la muerte y el exilio del otro, se emocionaba hasta las lágrimas”. Pons, además, publicó el único poema que ha escrito y le invitó a dar una clase de arte moderno en el aula.
Hay autores que siempre regresan al corazón del voraz lector: “Acudo cada par de años a Leonardo Sciascia; ahora ha sido Todo modo, es lúcido, mediterráneo, cercano, nada dogmático. También Simon Leys, Les idées des autres o Breviario de las cosas inútiles, diría que es un raro, no es best seller ni ha estado de moda. Simon Leys fue pionero en desmarcarse del comunismo totalitario".
A Céline lo considera un escritor extraordinario. Cita Mort à crédit, la segunda novela mientras que François Gibault escribe su documentada primera parte de su vida, la rigurosa biografía Céline 1894-1932. Le temps des espérances.
“La literatura sobre París y la Francia ocupada me interesa. Manuel Chaves Nogales en La agonía de Francia y Juan Manuel de Prada en El derecho a soñar es bastante potente”.

París, donde el pintor habita desde los ochenta, es el tema de Patrick Modiano. “Para mí, Modiano es el mapa de París, sigo los pasos de sus libros, voy al distrito VIII o a la plaza de l’Étoile. Es amigo mío desde hace 40 años. Con una escritura acerca del tiempo y la metafísica, habita el espacio de la memoria. Ha inventado un estilo, que es difícil.” Supone que ha leído toda su obra. La danseuse, hace poco.
En el repaso de las jerarquías, sitúa Balades, de Pere Gimferrer. “Es un poeta fascinante, cada obra que publica es memorable pero pasa sin demasiado eco. Debería ser festejado, es el gran poeta vivo europeo, un maestro”.
De José Lezama Lima —“él es un semidiós desbordante”— cita Paradiso y El reino de la imagen. Reconoce que “es un alimento, muy pictórico y que la raíz de mis cuadros-mesas está en sus mesas digestivas. Muchos títulos de telas y citas de catálogos surgen de Lezama. “Es como un Josep Pla, pero este más sobrio”, celebra.
Ramon Llull, filósofo y pionero del catalán, es casi material de trabajo. En el mercadillo descubrió una edición de 1700. “Llull aparece palabra a palabra, frase, argumento. No me extraña que Anthony Bonner, su traductor al inglés, quedara fascinado en Mallorca”.
En la Biblioteca Nacional de Francia, en 2016, Barceló homenajeó a Llull y el Llibre de meravelles con un mural, efímero, arcilla dibujada sobre una cristalera de 190 metros de largo y seis de alto.
Llull también alentó su mural de cerámica de la capilla de la catedral de Mallorca de 2001-2006. En la gestación de la propuesta —a dilucidar— para alzar la fachada de la Sagrada Familia, la de la Gloria, Barceló ensayó la expresión del reto artístico y técnico, el argumento iconográfico religioso. “Gira alrededor del Cielo y me he acercado a los místicos, la escatología religiosa, en temas teológicos y de la historia del arte. Retorné a Florencia para la exposición sobre Fra Angelico”. Sugiere a Georges Didi-Huberman: Fra Angelico. Dissemblance et Figuration. En la diversidad reconoció a Jacint Verdaguer, mosén, poeta clásico en la literatura catalana y contrastó con la realidad de las grutas con textos sobre arte parietal. Repasó Velázquez, pájaro solitario, de Ramón Gaya: “Es un gran libro, la visión de la pintura de un pintor, es admirable”.
'Stand' de EL PAÍS en Arco
El amor de Barceló por la página impresa se encuentra en la base de su propuesta para el stand de EL PAÍS en Arco: una selección de obras en las que el papel de periódico se modela como material artístico. A esa fascinación se suman en su trayectoria los trabajos que ilustran y acompañan libros, grandes clásicos o textos de amigos. “Nunca leo pensando en ilustrar o pintar lo que leo, es una historia paralela de imágenes que aluden a la obra". En su carrusel está Homero, un proyecto: “Intenté hacer la Ilíada pero no la acabé, lo haré y seguramente también la Odisea. Terminé de pintar El libro de los seres imaginarios, de Jorge Luis Borges. Publiqué ya mi visión de La metamorfosis, de Franz Kafka, el Fausto de Goethe, que leí a los 14 años; publiqué los tres tomos de la Divina Comedia de Dante.” Las acuarelas se exhibieron en el Louvre. Recientemente presentó el Bestiario de Apollinaire con Yvon Lambert, su primer marchante en París. “Yo me voy como se retiran los cangrejos: de culo, de culo, de culo”. "A Apollinaire, lo releo. Ves su genio en la sencillez, es como García Lorca, parece arte popular”. En París, la editorial C&M presentará un libro que capta toda la obra de Miquel Barceló, que pretende ser canónico, con cuadernos, dibujos, grabados, pintura, escultura, cerámica. Los textos de análisis y descripción son de Marie-Laure Bernadac, Álvaro Cortina y Yannick Haenel.
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