Ir al contenido
_
_
_
_

María Fasce: “Parece imposible que alguien pueda no tener una opinión sobre algo”

En ‘Las vidas de Elena’, la escritora y editora sigue a una madre que se apoya en el arte para rehacer su vida tras la pérdida de su hija

María Fasce (Buenos Aires, 1969) es escritora y editora en Alfaguara, Lumen y Reservoir Books. Su novela Las vidas de Elena (Almadía) sigue a una madre que se apoya en el arte para rehacer su vida tras la pérdida de su hija.

En Las vidas de Elena explora el tema del duelo y la búsqueda de una cura en el arte. ¿Hasta dónde cree usted que llega el poder de la literatura? El poder de la literatura es el de crear un mundo dentro del mundo. Una realidad ficticia que puede ser más intensa y emocionarnos más que la verdadera. Emma Bovary me es más cercana que mi prima, la conozco mejor; ojalá mi Elena tenga esa capacidad de impactar en los lectores.

Además de escritora, usted es editora y ha trabajado como traductora, crítica y periodista. ¿Dónde se unen y dónde se separan esos oficios? Los cuatro oficios tienen en común la pasión por las historias y el lenguaje, el deseo de descubrir al mundo una historia o una voz única que lo conmueva. La epifanía de una Lucia Berlin o una Sara Barquinero o una Sara Torres. Y a la hora de escribir: la necesidad imperiosa, la voluntad de querer ser igual a los grandes.

¿En qué momento del día deja de ser editora para convertirse en escritora, o viceversa? Cuando le preguntaron cuándo escribía, Borges dijo: “Siempre”. Porque las historias se gestan en la cabeza y en el cuerpo sin necesidad de tener un papel o un ordenador delante. Y creo que también soy editora siempre, pues la edición requiere —como la escritura— de una mirada que lo abarca todo: el contexto, la época, el discurso de un autor, además de su obra; los datos de la realidad con los que una novela dialoga, esa pintura de la National Gallery que podría ser la portada perfecta para La chica más lista que conozco. Parece esquizofrénico, pero la escritura y la edición son dos oficios que se llevan muy bien. Cuando edito un texto no soy escritora. Cuando soy escritora no me edito a mí misma.

¿Qué libro la convirtió en lectora? Mafalda y Mujercitas.

¿Y en escritora? Ficciones, de Jorge Luis Borges.

¿Qué libro le habría gustado editar, pero no pudo ser? El mapa y el territorio, de Michel Houellebecq.

¿Cuál es la mejor crítica que ha recibido? “Qué fina elegancia para contar lo más tremendo. Una Jean Rhys argentina”, de Rodrigo Fresán. Pero lo que más me gusta es cuando los lectores me dicen que no pudieron dejarla, que tenían que seguir, que lloraron con el padre, o con Elena.

¿Y la peor? Una de Goodreads para El final del bosque: “Generó expectativas pero luego se diluye. No es creíble, no cierra, es confuso”.

¿Qué libro tiene ahora mismo en su mesilla de noche? Koljós, de Carrère. E Intermezzo, de Sally Rooney: me gusta tanto que lo hago durar más de la cuenta.

¿Uno que no lograra terminar? Muchos. El castillo, de Kafka. La ciudad y sus muros inciertos (aunque me encanta Murakami).

¿Cuál es la librería más bonita del mundo? ¿Shakespeare & Company en París? La verdad es que me gustan todas.

¿Qué canción usaría como autorretrato? Diamonds & Rust, de Joan Baez. O el tango Uno, de Enrique Santos Discépolo y Mariano Mores.

¿Cuál suena en bucle en su cabeza? I Think of You, de Sixto Rodríguez.

¿La película que más veces ha visto? Manhattan, de Woody Allen.

¿Un estreno reciente que le encantara? Me encantó Mi amiga Eva, de Cesc Gay; me conmocionó Sirât, de Oliver Laxe.

¿Cuál fue la última serie que vio del tirón? La primera temporada de Emily in Paris.

¿En qué museo se quedaría a vivir? En el Rijksmuseum, como la Elena de mi novela.

¿Tiene algún placer culpable en materia cultural? Sería un esnobismo y odio el esnobismo.

¿Qué trabajo no aceptaría jamás? El de camarera. Soy dismétrica: todo lo que toco se cae.

¿Cuál es su acontecimiento histórico favorito? El movimiento por la Independencia de la India liderado por Gandhi, la filosofía de la no violencia activa y la desobediencia civil.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? Opinar sobre todo aunque no se sepa. Parece simplemente imposible que alguien pueda no tener una opinión sobre algo, o que no quiera compartirla, sobre todo si se trata de un escritor. Como si su propia obra no fuera suficiente para manifestarla (incluso a veces contra lo que el propio escritor cree defender, como observó Borges sobre Kipling).

De no haberse dedicado a los libros, le habría gustado ser… No puedo imaginarme una vida sin libros. En cualquier época o avatar habría sido editora y escritora. Y sobre todo, lectora. Me habría gustado cantar bien, y ser una mejor bailarina de tango: dos cosas compatibles con los libros.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_