El fenómeno ‘Iron Lung’: el gran éxito del terror surgido de la unión de YouTube y un videojuego
La adaptación, a cargo del ‘youtuber’ Mark Fischbach, multiplica por seis su presupuesto en su primer fin de semana


Hablar de que la industria cinematográfica ha tomado el mundo del videojuego como nuevo gran repositorio del que sacar historia para adaptar es ya un lugar común. La lista es inmensa: The Last of Us, Arcane, The Super Mario Bros. Movie, Sonic (tres películas), Uncharted, Five Nights at Freddy’s, Gran Turismo, Halo, The Witcher, Cyberpunk: Edgerunners, Castlevania, God of War, The Legend of Zelda, Street Fighter, Borderlands, Ghost of Tsushima, Fallout, Assassin’s Creed… Con todo, lo más importante es que todos estos productos tienen una calidad muy (pero que muy) superior a las películas o series que a finales del siglo pasado y comienzos de este adaptaban videojuegos, y que unánimemente hacían una labor que, siendo generosos, podemos calificar de pocha.
Estos días es noticia Iron Lung, el juego cuya adaptación cinematográfica se ha convertido en un pequeño milagro cinematográfico. La historia del juego indie original se sitúa en un universo donde la humanidad ha sido prácticamente aniquilada por un evento del que sabemos poco y que hizo desaparecer planetas enteros. El jugador encarna a un prisionero condenado, al que le ofrecen una última oportunidad: pilotar un submarino oxidado y claustrofóbico a través de un océano de sangre situado en una luna lejana. Un pequeño sumergible con la forma de los pulmones de acero —los respiradores artificiales con los que se trataba la polio— desde el que el jugador solo puede ver el exterior a través de fotografías borrosas que topografían el paisaje submarino. En medio de esa claustrofobia, pronto descubrimos que no somos los únicos seres que habitamos ese océano sanguíneo…
El juego, corto, pequeño y poderoso, no tardó en recabar a su alrededor a toda una legión de fans. En abril de 2023, Mark Fischbach —youtuber conocido popularmente como Markiplier—, anunció su intención de adaptar el videojuego en forma de película de terror, financiando el proyecto íntegramente con su propio dinero. Tras jugarlo en su canal, lo cierto es que la experiencia le resultó tan intensa a nivel emocional que vio en ella un potencial enorme para convertirla en largometraje. Tres años después, y una vez estrenada la película en EE UU, los números respaldan su intuición: con un modesto presupuesto de tres millones de dólares, la cinta alcanzó los 18 millones de dólares en taquilla durante su primer fin de semana.
La estrategia de Fischbach da para su propia película, porque a fuerza de tesón y de perseguir a diferentes cines en EE UU, consiguió un estreno en 2.500 salas. Es curioso, por cierto, que el éxito de Iron Lung coincida con el estreno de otra adaptación de un videojuego de terror: Return to Silent Hill, que, en la otra cara de la moneda, ha sido declarada por la crítica un fracaso rotundo, y ha sido catalogada por los fans como una de las peores adaptaciones de videojuegos recientes.
Más allá del éxito o el fracaso, en los videojuegos (y en el mundo digital en general) se juegan estos días dos batallas: la batalla tecnológica y la económica. La tecnológica es innegable que ha dado sus frutos, tanto en innovación como en creatividad. La económica está por ver, porque al desastre reciente de varios estudios de videojuegos podemos sumar pronto un más que probable descalabro bursátil de todo el entramado IA a nivel mundial. Por eso es interesante ver cómo, incluso en el cine, la realidad refrenda la opinión que durante mucho tiempo este que escribe lleva defendiendo en este espacio: que los costes disparatados solo producen fracasos estrepitosos.
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