Ha llegado el día: la IA puede crear mundos interactivos y toda la industria digital está temblando
La aparición de Genie 3 y sus supuestas recreaciones del ‘GTA VI’ inundan internet y propician descalabros bursátiles de las compañías de juegos


Desde hace horas, en Internet circulan vídeos que amenazan con poner patas arriba toda la industria del entretenimiento digital. Se trata de vídeos creados con Genie 3, una herramienta de IA que permite generar experiencias interactivas a partir de instrucciones simples. Es decir, tú sueltas tu prompt y Genie genera un mundo interactivo que cambia en tiempo real dependiendo de tus acciones, como si fuera un videojuego.
Algunos usuarios le han pedido que genere el juego más esperado de las últimas décadas y los afilados titulares de medios especializados de medio mundo han sacudido internet bajo la premisa de que, gracias a la IA, “ya hay gente jugando al GTA VI”. La repercusión de esos titulares no se ha hecho esperar: las acciones de varias grandes empresas de videojuegos han caído con fuerza: Take-Two bajó casi un 8%, Roblox un 13% y Unity más de un 24%.
Genie 3 by Google AI Studio is absolutely incredible pic.twitter.com/mbRhk0z29M
— vas (@vasuman) January 29, 2026
Honor obliga, lo primero que hay que hacer es rendirse a la evidencia y decir que Genie es, sencillamente, asombroso. Por hacer una radiografía rápida del panorama actual de la IA, digamos que Chat GPT sigue siendo la mejor IA como LLM (es decir, como modelo conversacional que “entiende” nuestras conversaciones y elabora escritos), pero seguramente la mejor IA multimodal (capaz de ejercitarse en varios campos como audio, vídeo o programación) sea la de Google. De Google es Genie 3 y nuestro el aplauso.
Dicho esto, hay varios aspectos que conviene tener en cuenta. ¿El primero? Pues que no todo es euforia, y las críticas no se han hecho esperar. Genie es un modelo de IA entrenado principalmente con datos públicos de internet —incluidas más de 200.000 horas de videos de videojuegos— y muchas voces se alzan ya con las quejas habituales en torno a la IA: uso indebido de obras creativas, alto consumo de recursos y el riesgo de reemplazar trabajo humano creativo. En una industria ya afectada por miles de despidos masivos, la IA se percibe como una amenaza muy real.
Quejas aparte, conviene fijarse en la letra pequeña, porque seguramente nos ayude a contextualizar la cacareada catástrofe. ¿Realmente este tipo de IA van a condenar al mundo de los videojuegos? La respuesta corta es que no. Esto es un pensamiento estrictamente personal, pero es imprescindible señalar que el umbral de rentabilidad de la IA se está estrechando. Es decir, la tecnología asociada a la IA está ahí y es innegable, como innegable es el impacto laboral que estamos a punto de vivir, pero ahora ya cada pequeño avance supone un coste (de inversión y energético) que quizá no tiene sentido. El mundo puede entrar en una Vorágine inversora todavía mayor (y eso que, recordemos, EE UU estaría en recesión en 2025 sí descontáramos el peso de las industrias dedicadas a la IA de su PIB) pero es poco probable: Open IA está a años luz de encontrar un esquema de monetización rentable, y es poco probable que alguien convenza a los cada vez más suspicaces inversores de que lo que el mundo necesita ahora es invertir en herramientas de IA capaces de fingir que saben hacer videojuegos.
Aunque Genie pueda generar mundos que recuerdan a juegos como Super Mario o Zelda, hoy las experiencias resultantes son limitadas, poco jugables y de solo 60 segundos, sin objetivos ni sonido ni integración con motores tradicionales como Unity o Unreal. Como ocurrió con los primeros anuncios de herramientas de vídeo como Sora, en los vídeos del pseudoGTA vemos la mejor cara del producto, pero no los fallos ni el coste ni el proceso de corrección y rúbrica, que evidentemente han llevado (y siempre llevarán) a cabo seres humanos.
Y en el improbable caso de que esto se convierta en aquello a lo que apunta, es decir, si Genie realmente se convierte en un generador de “videojuegos” a la carta, tampoco sería el fin del mundo. La realidad nos dice que, posibilidades aparte, estas herramientas son sobre todo grandes generadores de slop. Pasa en Tik Tok, en Instagram, en Youtube y pasará en todas las plataformas a futuro: el fango de mala calidad emborrona el contenido y afecta cognitivamente a los que caen en sus redes. Pero, a la vez, da la oportunidad de que se reivindique el contenido legítimo.
Porque aquí viene el quid de la cuestión: los videojuegos son un arte y, como todas las artes, su fin último depende de qué un artista imprima una visión del mundo, cuente una historia con propósito o cree (y no solo reproduzca) hallazgos visuales sugerentes y excitantes. La actualidad sigue los códigos que sigue y es difícil abstraerse a los sucesivos fines del mundo que nos anuncian, pero la verdad es la que es: para hacer videojuegos vistosos y huecos nunca hemos necesitado de la IA. Para hacer obras maestras, tampoco.
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