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crítica literaria
Crítica

Las vueltas al mundo de Juan Carlos I

Charles Powell repasa el importante papel del rey emérito para relanzar la proyección internacional de España y su prestigio sin eludir las controversias que le han rodeado

En la segunda temporada de The Crown, uno de los episodios centrales se hacía eco de la polémica provocada en 1957 por un artículo crítico con la reina Isabel II y su entorno firmado por un miembro de la nobleza, historiador y escritor, el barón de Altrincham. Al ser cuestionado en televisión por sus afirmaciones, el autor contestaba que tan solo estaba cumpliendo con su deber en tanto que “monárquico apasionado”. La corona debía saber adaptarse a una sociedad en cambio y al nuevo espacio de la Commonwealth. Era la mejor manera de preservar “la monarquía constitucional”, que calificaba de “la mejor invención británica”.

Estas palabras bien podría haberlas pronunciado Charles Powell, historiador hispanobritánico y uno de los principales expertos en la monarquía española contemporánea y el reinado de Juan Carlos I, al que calificaba en uno de sus primeros libros como El Piloto del cambio (Planeta, 1991) durante la transición a la democracia. En la misma línea, el objetivo de este nuevo trabajo es poner de manifiesto el importante papel jugado por Juan Carlos I a la hora de relanzar la proyección exterior de España y su prestigio. Un recordatorio especialmente oportuno ahora que el antiguo monarca ya no sigue a los mandos de una nave que, en la parte final de su viaje, estuvo muy cerca de estrellar sin remedio.

Indudablemente, la imagen del rey se beneficia de esta especialización de la obra en el ámbito de la política exterior. No en vano, Juan Carlos I siempre supo moverse bien fuera de nuestras fronteras, tanto para darse a conocer en sus años de formación y consolidar su posición como nuevo jefe del Estado, en particular ante los Estados Unidos, como una vez aprobada la Constitución de 1978, que encomendaba a la monarquía parlamentaria, y no únicamente de forma simbólica, “la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales” (artículo 56). Charles Powell documenta ambos procesos haciendo gala de un conocimiento exhaustivo de fuentes diplomáticas, muchas de ellas inéditas, y archivos presidenciales, fruto en buena medida de sus anteriores investigaciones, como El amigo americano, publicado igualmente por Galaxia Gutenberg en 2011, así como de su cargo como director del Real Instituto Elcano, uno de los principales think tanks del país.

Ahora bien, en un ejercicio de honestidad intelectual que lo diferencia muy favorablemente de las erráticas y superventas memorias perpetradas por el rey emérito y la guerrillera monárquica Laurence Debray, el autor hispanobritánico no elude la controversia. A lo largo de sus nueve capítulos, dedicados a su formación, a su aprendizaje como sucesor y a su primer año como rey, para a continuación centrarse en cada uno de los presidentes de gobierno democráticos, desde Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo, pasando por Felipe González y José María Aznar, hasta llegar a José Luis Rodríguez Zapatero, más un capítulo consagrado a su abdicación, no dejan de abordarse ni una sola de las ambigüedades ligadas al cargo ni las polémicas provocadas por la propia actitud de Juan Carlos I.

Aparecen así analizados los problemas de convertirse en un “facilitador económico” de manera “tan eficaz como opaca”, lo que incluía evasiones de impuestos y aprovechamientos personales, en medio de una hipocresía política, empresarial y mediática generalizada, la recurrente inoportunidad de que “un rey democrático” negociara “con un rey no democrático”, o los desencuentros con la flora y, sobre todo, con la fauna de los países visitados, desde el oso borracho hasta el elefante clandestino al que dio caza acompañado de su amante, Corinna Larsen. Lejos del anecdotario, también se abordan cuestiones con amplio fondo político, como la descolonización del Sáhara Occidental, el viaje a la Argentina de la Junta Militar de 1978, los choques con Suárez y con Aznar a propósito de una Cuba castrista a la que irá “cuando toque”, así como, por supuesto, el “¿por qué no te callas?” espetado a Hugo Chávez en 2007, el “incidente diplomático más divulgado del reinado de don Juan Carlos”.

Con todo, la conclusión del autor es que Juan Carlos I cumplió con creces los objetivos que se había marcado al inicio de su reinado, a saber, el reconocimiento de la institución, el apoyo al proceso de democratización, la mejora y el establecimiento de relaciones diplomáticas con el Vaticano, el Bloque del Este, el mundo árabe, Israel y el África descolonizada, la construcción de una forma de Commonwealth con la Comunidad Iberoamericana de Naciones y, sobre todo, la entrada en la CEE, conseguida durante el mandato de Felipe González, con el que formó un “tándem excepcional”.

No deja de causar consternación, sin embargo, comprobar que algunas de estas maniobras tan importantes fueran posibles por las meras afinidades personales y la pertenencia de Juan Carlos I al “club selecto” que forman las familias reales. Como se apunta en el décimo y último capítulo, las ‘Reflexiones finales’, que constituyen todo un ejercicio teórico sobre los valores de las monarquías parlamentarias, sus titulares nunca deben olvidar que, además de evitar identificarse con sus “preferencias partidistas”, no pueden dejar de adaptarse a sus sociedades, y estas reclaman “una rendición de cuentas cada vez más exigente”.

El rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España

Charles Powell
Galaxia Gutenberg, 2026
632 páginas, 34 euros

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