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crítica teatral
Crítica

‘PLAY’: un batiburrillo teatral sobre el odio

El creador Matías Umpierrez estrena una conferencia-’performance’ de gran potencia plástica, pero lastrada por su grandilocuencia

Un atlas del odio. Una conferencia-performance. Una instalación multidisciplinar. Una investigación escénica con fuentes variadas: archivos, episodios históricos, leyendas, ficciones, artículos de prensa, grabaciones audiovisuales, películas e incluso la IA. Así define Matías Umpierrez su nuevo espectáculo, PLAY, estrenado este jueves en el centro Conde Duque de Madrid. Sobre las tablas, eso se traduce en un conferenciante-performer (el propio Umpierrez) que expone las conclusiones de esa exploración con formas de expresión híbridas. Es la misma fórmula de su anterior montaje, Eclipse, en el que rastreaba la utilización de la máscara a lo largo de la historia picoteando aquí y allá. La mezcla cuajó entonces, posiblemente porque el tema era más concreto y muy atractivo estéticamente, pero este nuevo trabajo deja la sensación de batiburrillo intelectual.

Durante hora y media se suceden relatos verdaderos o ficticios, citas de todo pelaje, discursos políticos y sentencias filosóficas ―algunas ellas algo manidas― que pretenden indagar en cómo nace y se disemina el odio. Lo mismo frases de Borges o Hannah Arendt que la teoría sociológica de la hipnocracia, descrita por el ensayista Jianwei Xun, que en realidad es una IA. El revoltijo tiene su gracia y la ejecución fragmentaria refleja el propio proceso de investigación, pero su presentación grandilocuente hace que el montaje resulte engolado.

Los mejores momentos se producen cuando el performer se detiene en historias concretas. Una de ellas, que desgrana en pequeñas píldoras, vertebra la función y se inspira en la matanza de 32 estudiantes en una universidad de Virginia en 2007 a manos de un compañero resentido. La referencia a este tipo de masacres es recurrente en los últimos tiempos y tiene un punto de fascinación morbosa, pero el abordaje de Umpierrez es original y subraya precisamente esa perversidad. Hay otras narraciones poderosas en el montaje, como el relato de una carnicería de gatos en el siglo XVIII o el suicidio de un adolescente enamorado de un chatbot.

Umpierrez, que fue discípulo de Robert Lepage, maneja con precisión y belleza todo tipo de tecnologías escénicas, desde las marionetas hasta las más avanzadas. Alterna textos proyectados, parlamentos en off y recitados en directo. Voces sintéticas y grabaciones analógicas reproducidas en magnetófonos de casetes o tocadiscos de vinilo. Diapositivas, canciones, sonidos estridentes y músicas a todo volumen. Su sentido a veces es demasiado conceptual, pero la potencia plástica del espectáculo es innegable.

PLAY

Dramaturgia, dirección e interpretación: Matías Umpierrez. Centro Conde Duque. Madrid. Hasta el 31 de enero.

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