‘Gula’: Oriol Pla, a dentellada limpia
El actor y payaso, reciente ganador de un Emmy, y el músico Pau Matas cincelan a teatro lleno una inspirada alegoría satírica del creciente anhelo individual de cosas superfluas, inyectado en vena por la mercadotecnia


¿Qué es la sociedad de consumo? –Humo. ¿Qué logra quien tiene dinero apenas? –Penas. ¿Cuáles son las preocupaciones de los bellos? –Ellos. Esto me ha respondido el eco al preguntarle sobre los tres temas que Oriol Pla y Pau Matas abordan en Gula, el espectáculo satírico que representan en el Teatro Valle-Inclán de Madrid. Pla, reciente ganador del Premio Emmy Internacional al mejor actor por la miniserie Yo, adicto, se transforma aquí en un payaso al que el rojo de la nariz se le ha desplazado por encima de las cejas. Hará un siglo, las napias encarnadas simbolizaban la ebriedad, frecuente entre el lumpen, clase social sobre la que se modeló la figura del payaso bobo. La frente roja del personaje bufo de Pla, es un signo de la empanada mental que lleva encima el hombre contemporáneo mediano.
Ansioso, hiperactivo, empecinado en ser el mejor en todo, este individuo narcisista anónimo inicia su espectáculo prometiéndonos que hará algo inédito y pidiéndole perdón a propios y extraños, para captar la benevolencia colectiva, según la costumbre literaria clásica. En su interpretación, Pla esgrime un sentido del humor desternillante y una destreza atlética consumada. Su antagonista es una flemática máquina de chuches, con luz propia. Entre toda la comida chatarra que el escaparate del artefacto le oferta, al humano se le antoja un donut. Para conseguirlo, desencadenará una peripecia comparable a las de las películas más explosivas de Buster Keaton.
Con su uniforme de carablanca (pantalón bombacho oscuro ribeteado con dos líneas de plata, camisa blanca y chaleco negro con estrellas y estelas plateadas), este descomunal payaso artaudiano se convierte a ratos en un narrador de cuentos crudelísimos, en un coleccionista de vacuos mantras de autoayuda o en un potro embravecido del circo zíngaro de Bartabás, ocupado en cocear el díscolo aparato expendedor de productos adictivos, que no suelta el rosco azucarado. Pasen y vean —es un decir, porque no quedan entradas— esta alegoría implacable del ser humano acuciado por necesidades artificiales y deseos espurios. Hace 40 años, en El hombre urbano, Albert Vidal hizo un retrato cómico despiadado del Homo sapiens. Con idéntica pegada histriónica, Pla y Matas (o Marc Sastre, en alternancia) representan hoy la indefensión del individuo ante el avance imponente de la rueda mercantilista. Y advierten a dúo: ¡apártese quien pueda!
‘Gula’. Creación y dirección: Pau Matas y Oriol Pla. Acompañamiento artístico: Clàudia Flores. Madrid. Teatro Valle-Inclán, hasta el 15 de febrero.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































