Ir al contenido
_
_
_
_
Crítica Teatral
Crítica

‘Maria Magdalena’: el escenario convertido en mitin político

La obra de Michael De Cock llevada al escenario por Carme Portaceli e Inés Boza deja al espectador sin preguntas, tan solo le da respuestas masticadas

El teatro es siempre un ágora. El escenario es altavoz, espejo y ventana. Las comedias comerciales también son teatro político: toda escritura es posicionamiento, y toda puesta en escena es un discurso. Michael De Cock inicia su obra Maria Magdalena declarando que todo es relato, y tiene más razón que un santo. Lo que viene a continuación es un espectáculo que es más un mitin político que otra cosa. La tesis nos será explicada durante dos horas de forma machacona, sin ninguna sutileza, logrando que incluso los que estén de acuerdo con ella acaben empachados con tanta insistencia. Carme Portaceli suma una colaboración más con el dramaturgo flamenco, director del KVS de Bruselas, que ya se está convirtiendo, injustificadamente, en el autor más representado en el TNC durante su etapa como directora. Bélgica y Cataluña, dos países hermanos.

Maria Magdalena es una reivindicación de la figura bíblica, “el apóstol de los apóstoles”, y una diatriba feminista para situarla en el sitio que merece. La trama, los personajes, los diálogos… todo parece una simple coartada para lo que realmente desean el autor, las dramaturgas y la directora: cascarnos una conferencia de dos horas que supere la visión que tenemos de María Magdalena como la simple mujer que llora, la prostituta, la “pecadora arrepentida”. La excusa es que Miriam, una Ariadna Gil en el papel de apasionada académica, viaja de Bruselas a Barcelona para dar una conferencia. La cosa se va desdibujando, paulatinamente, mediante subtramas de culebrón (el divorcio y la lucha por la custodia de su hija), máximas que pretenden ser filosóficas y personajes secundarios con muy poca entidad dramatúrgica. Michael De Cock comete fallos de principiante que no permitiríamos a otros autores, como cuando dos personajes se explican cosas que ya saben para informar al público.

La escenografía de Marie Szersnovicz convierte el escenario en un desierto con un pequeño montículo, lienzo en blanco que se irá llenando con distintas localizaciones. Carlota Ferrer viste a este grupo de mujeres con una elegancia de revista de moda, muy alejada de la realidad de la mayoría de estas profesionales. Las secundarias Anna Ycobalzeta y Gabriela Flores sirven de mero apoyo a la protagonista, la primera en el papel de escultora y confesora, la segunda como la abogada que defiende a su amiga en todos los flancos. Miriam Moukhles en el rol de hija tiene su momento de gloria con un monólogo donde brilla: entre la santa y la puta, entre Eva y la Virgen María, ¿dónde tiene que situarse la mujer para ser aceptada? “¿En qué quedamos?”. No hace tanto vimos a la misma actriz en Little women, espectáculo que también defendía que la feminidad es siempre performativa, pero lo hacía en una hora y con mucha más ironía.

El carácter de coproducción internacional del montaje se traduce con la presencia de la soprano albanesa Ana Naqe, el actor portugués Romeu Runa y el italiano Alessandro Arcangeli, que pinta en directo unas decoraciones tan simples que podrían estar grabadas y no pasaría absolutamente nada. Runa en el papel del taxista Jesús tiene una gran presencia vocal y física (lo vimos en el último espectáculo de Peeping Tom), pero su personaje es una mera excusa textual y simbólica, desaprovechando el actor al máximo. Quizás, y de forma sorprendente, el breve momento de interacción con el público acabe resultando lo más interesante de esta propuesta. Pero el teatro no debería darnos nunca las respuestas tan masticadas. El teatro debería siempre plantearnos las preguntas adecuadas.

Maria Magdalena

Texto: Michael De Cock. Dramaturgia: Carme Portaceli e Inés Boza. Dirección: Carme Portaceli

Traducción: Albert Boronat.

Reparto: Alessandro Arcangeli, Clara Do, Gabriela Flores, Ariadna Gil, Míriam Moukhles, Ana Naqe, Romeu Runa, Laia Vallès y Anna Ycobalzeta.

Teatre Nacional de Catalunya. Barcelona. Hasta el 22 de febrero.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_