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Mucho más que la ‘Pretty Woman’ del siglo I: el TNC aborda a María Magdalena al margen del cliché de la prostituta redimida

Ariadna Gil protagoniza un espectáculo que se acerca al personaje desde la contemporaneidad, en un montaje internacional de Carme Portaceli

María Magdalena, María de Magdala, a la que ahora dedica un espectáculo que quiere despojarla de tópicos el Teatre Nacional de Catalunya (TNC) —Maria Magdalena, de la directora Carme Portaceli y con Ariadna Gil en el rôle-titre—, ha tenido un papel secundario y turbio en la tradición cristiana que ha relegado generalmente al personaje al cliché de la pecadora (prostituta) arrepentida, la mujer caída redimida por Jesús. En esto al parecer hubo cierto lío, en buena parte intencionado, porque se mezclaron mujeres distintas de los relatos como la citada María de Magdala (por su lugar de origen, un puerto en el Mar de Galilea), María de Betania (la hermana del resucitado Lázaro y de Marta), y una notoria meretriz de la misma ciudad de Betania que se habría fundido con esta segunda María.

En realidad, la Magdalena original, personaje dudosamente histórico, no presentaba ningún rasgo negativo (en cuanto al pecado de la carne) más allá de haber estado poseída por siete demonios de los que la libró Jesús, y de hecho Mateo, Marcos y Juan la sitúan en sus Evangelios en el lugar de la Crucifixión, zona cero de la nueva fe. Se la tiene además por la única que se atrevió a visitar el sepulcro de Cristo, la que lo vio resucitado —la famosa escena del “Noli me tangere”, no me toques, no me retengas— y la primera en comunicar la buena nueva, tan fundamental para el Cristianismo, de la Resurrección.

La amalgamada figura de María Magdalena se desplegó durante dos milenios en una producción iconográfica de mucho éxito, con hitos como las grandes pinturas de Tiziano, Caravaggio o Correggio, entre otros. Y ya en nuestra época, la moderna revisitación de su figura ha producido creaciones tan variadas —aunque siempre vinculadas de alguna manera al arquetipo de la pecadora— como el precioso relato de Marguerite Yourcenar María Magdalena o la salvación (publicado originalmente en 1936 y recogido en Fuegos, Alfaguara, 1982) y en el que María se lanza al pecado al abandonarla su novio la noche de bodas para marcharse con Jesús, que ya es competencia; la encarnación del personaje en la ópera rock Jesucristo Superstar (1971) retomado en la versión española de 1975 con Camilo Sesto por Angela Carrasco (“yo no sé cómo amarle, él cambió algo en mí”), o la pegadiza canción de Sandra (I’ll never be) Maria Magdalena, con sus significativas referencias al placer. Hay que esperar a El Código Da Vinci de Dan Brown, que recogió diversas ideas disparatadas del esoterismo en torno al personaje y el Grial, para que la Magdalena tuviera un papel distinto como esposa de Cristo y madre de sus hijos.

“La apuesta de hacer Maria Magdalena esta temporada dedicada a las mujeres es para retomar un relato que nos ha sido sistemáticamente negado”, ha establecido de entrada en la presentación del espectáculo Carme Portaceli, directora del TNC y del montaje, que se estrena el jueves 22 en la Sala Gran del teatro barcelonés. Portaceli, que ha contado con un equipo de bandera, ha vinculado el montaje, con texto de Michael De Cock (traducción al catalán de Albert Boronat) y dramaturgia de la propia directora e Inés Boza, a otras direcciones suyas como Mrs. Dalloway, Jane Eyre, Anna Karénina o Bovary que repasaron grandes figuras femeninas de la ficción. “Que haya existido o no Maria Magdalena no importa, es una parte importante de nuestra cultura judeocristiana, y tras la Virgen María la mujer más representada en la iconografía occidental”, ha dicho Portaceli, que ha calificado a la Magdalena, como arquetipo de la prostituta redimida, “la Pretty Woman del siglo I”. Sin embargo, ha continuado, “y pese a que en muchos cuadros se la vea llorando arrepentida, ninguno de los Evangelios canónicos nos dice que fuera prostituta”.

Examinar “cómo hemos llegado a eso”, a esa fijación equivocada sobre la Magdalena, a su relegación como pecadora cuando el relato original parece mostrarla como una importante discípula de Jesús, está en la base del espectáculo, coproducción del TNC y el KVS de Bruselas (una colaboración muy fructífera en la etapa de Portaceli).

Es lo que se pregunta el personaje de Ariadna Gil, Miriam, una estudiosa especializada en María Magdalena y que viaja a Barcelona desde Bruselas para dar una conferencia sobre el tema. “Es muy interesante ver cómo el teatro nos permite replantearnos cosas que creíamos saber, como lo de la Magdalena. Descubrimos que el arquetipo de pecadora arrepentida que nos habían enseñado a las mujeres no es verdad, era un bulo, un fake”, ha indicado Portaceli.

Maria Magdalena lleva a la denostada figura al día de hoy, aunque hay alguna escena con referencia bíblica. Junto al personaje de la profesora que interpreta Gil, y que anda enredada en un complicado divorcio, hay otras mujeres, y un taxista que la acompaña en sus desplazamientos y se llama Jesús. El recorrido físico de Miriam-Gil se convierte en un “viaje iniciático” al mito de la Magdalena, con música en directo y una escenografía simbólica que incluye proyecciones en las que aparecen representaciones pictóricas y otros elementos inmersivos. De Cock ha añadido que la obra es una invitación a la reflexión sobre cosas mal interpretadas, una “deconstrucción” de la Magdalena para entender las mentiras y manipulaciones de las que ha sido objeto y el por qué. Boza ha recalcado que el espectáculo mira la historia desde el punto de vista de las mujeres, tratando de cambiarla “escuchando la iconografía y la tradición oral”.

Para Ariadna Gil, se trata de “un espectáculo no convencional” en el que lo visual, la música y lo escénico “tienen una importancia tan fundamental como la interpretación para explicar la historia”. Ha dicho que hay una parte de información necesaria para explicar la evolución de la Magdalena desde los Evangelios y otro plano de transformación vital, espiritual. “Con Carme siempre me pongo en riesgo, un riesgo apasionante”, ha dicho la actriz. “Descubrir a esa figura de la que nunca me había cuestionado nada y que me había influido, como a todas, sin saber hasta qué punto, ha sido apasionante”. La imagen de pecadora de la Magdalena, ha precisado, “nos ha marcado a las mujeres incluso aunque lo ignoráramos”.

El espectáculo, han recalcado sus creadores, es de muchas capas, y no pretende defender a la Magdalena como personaje de pureza contrapuesto a la imagen de la prostituta ni ser reduccionista o “caer en la trampa de Dan Brown” con sus supuestas revelaciones, sino proporcionar al espectador elementos documentales y de reflexión para que se construya su propia opinión, su propio camino.

De la relación entre la Magdalena y Jesús, Ariadna Gil cree que de los relatos evangélicos y la propia historia de la época se pueden deducir cosas como que sería lógico que un hombre de la edad de Jesús estuviera casado. “Quizá el más querido de los apóstoles era en realidad la más querida”, ha sugerido tras recordar que Jesucristo nunca habla de celibato. “Todo son pistas”, ha concluido mientras la imagen de la actriz parecía mezclarse con la de Miriam, la conferenciante. “En todo caso, no estamos aquí para decir qué relación tenían; ¡yo qué sé! A lo que te lleva todo esto es a a pensar por qué se transformó a alguien de tanta importancia en una prostituta. Tantas contradicciones son lo que hacen esta historia tan apasionante”.

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Sobre la firma

Jacinto Antón
Redactor de Cultura, colabora con la Cadena Ser y es autor de dos libros que reúnen sus crónicas. Licenciado en Periodismo por la Autónoma de Barcelona y en Interpretación por el Institut del Teatre, trabajó en el Teatre Lliure. Primer Premio Nacional de Periodismo Cultural, protagonizó la serie de documentales de TVE 'El reportero de la historia'.
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