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Crítica Literaria
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

‘Todas las hijas de la casa de mi padre’: sexo, Transición, Málaga y Shakespeare

La última novela de Juan Francisco Ferré es un relato gamberro, cultísimo y cargado de erotismo sobre el autodescubrimiento y la búsqueda de la libertad a través del placer y la cultura

Todas las hijas de la casa de mi padre, la nueva novela de Juan Francisco Ferré, son varios libros en uno. Es una novela de formación contada en primera persona, que narra la vida de una adolescente entre 1976 y 1983. Es aparentemente realista: transcurre en Málaga y en buena medida en el Atabal, un barrio periférico donde se asentaron personas procedentes de las antiguas colonias neerlandesas, incapaces de adaptarse al clima del norte de Europa; las calles se llamaron Java, Aruba o Célebes Timur. Los cines, las avenidas y los escenarios de la novela existen; lo que sucede en el libro a menudo subvierte la estética del realismo y la lleva a la alegoría, con la presencia perturbadora de figuras identificadas con Dios y el Diablo. El título, como aclara el epígrafe que abre el libro, remite a Noche de Reyes de William Shakespeare. La novela tiene algo de esas comedias de disfraces, volubilidad y travestismo, y recoge, como suele hacer la narrativa de Juan Francisco Ferré, el espíritu del carnaval: la inversión, la liberación de los instintos, la imaginación, la polifonía. La política apenas aparece en términos literales, pero la intensa actividad sexual de la protagonista tiene algo de fin de un encierro, de conquista de libertad entre una larga represión y una posterior domesticación. Ferré juega con la confusión autobiográfica: el día de nacimiento de la protagonista es el mismo que el del autor; Morgana tiene algo de alter ego.

La novela posee el espíritu alegre de un relato libertino, pero está atravesada por una violencia latente y en ocasiones explícita

Todas las hijas de la casa de mi padre posee el espíritu alegre de un relato libertino, pero está atravesada por una violencia latente y en ocasiones explícita. Dividida en dos partes, tiene un aire picaresque, episódico, con un ritmo ligero y veloz que genera primero desconcierto y luego adicción, y una abundancia barroca de referencias, algunas claras y otras más sutiles. La frase inicial es “Dios no quiere que escriba esta novela”: trata también de la escritura y es una obra que se cierra sobre sí misma.

El aprendizaje de la protagonista, Morgana, que incluye experiencias dolorosas y trágicas en términos familiares y económicos, es una liberación que se realiza a través del sexo, del placer en el cuerpo propio y en el de los (y sobre todo las) demás, y a través de la cultura. Morgana frecuenta las salas de cine con su amiga Regina, aspirante a directora, y las películas son cruciales en la novela, como experiencia formativa, intelectual y sensorial. La narradora prefiere el cine estadounidense de los setenta y primeros ochenta —El exorcista, Encuentros en la tercera fase, Alien, Cruising— frente al gusto por el cine de autor de Regina o algunos de los otros personajes. Aparecen Bresson, John Waters, Jonas Mekas; pero también Douglas Sirk o Katharine Hepburn. En ese enriquecimiento son también importantes la música (por ejemplo, el rock sinfónico) y hay cameos de Iván Zulueta o Thomas Bernhard en la novela. La écfrasis es uno de los recursos más llamativos y logrados: se aplica a películas conocidas y a cortos amateur, pero también a la pintura, y en particular al personaje de Carlos, que recibe el encargo de retratar a algunos de los emblemas del poder y respetabilidad del Atabal. Una profesora regala a Morgana El guardián entre el centeno y La tía Julia y el escribidor: “El novelista norteamericano me enseñó que se puede ser quien se quiera, libertad absoluta, con la escritura y con la ficción. Y el novelista peruano me descubrió, a pesar de todo, que hay muchas formas de ser escritor y que no hay por qué elegir un modelo demasiado dogmático de escribir”.

Ágil y lleno de escenas admirables, gamberro y cultísimo, cargado de erotismo y provisto de una apabullante densidad de significados, Todas las hijas de la casa de mi padre es un artefacto literario tan ambicioso como potente sobre el descubrimiento de uno mismo —que requiere buscar fuera: en los demás, en el arte— y sobre la búsqueda de la libertad.

Todas las hijas de la casa de mi padre

Juan Francisco Ferré
Anagrama, 2025
480 páginas. 22,90 euros

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Sobre la firma

Daniel Gascón
Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) estudió Filología Inglesa y Filología Hispánica. Es editor responsable de Letras Libres España. Ha publicado el ensayo 'El golpe posmoderno' (Debate) y las novelas 'Un hipster en la España vacía' y 'La muerte del hipster' (Literatura Random House).
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