Ir al contenido
_
_
_
_
GOBIERNO DE JAVIER MILEI
Tribuna

El silencio de un domingo sin fútbol

La huelga decretada por la AFA deja a los hinchas frente a una tarde libre que no saben cómo habitar. Sin esa válvula de escape, la paciencia colectiva tambalea

Aficionados del Boca Juniors durante un partido del Torneo Apertura 2026 entre Lanús y Boca Juniors en Buenos Aires, Argentina, el 4 de marzo.Rodrigo Valle (Getty Images)

El fútbol argentino está de paro: este fin de semana no habrá partidos. Las razones son políticas, una respuesta de los clubes a un embate del gobierno de Javier Milei contra la Asociación del Fútbol Argentino, con cuyo presidente está enemistado a muerte. Ante este escenario, ¿qué les pasa a los hinchas? El domingo en mi país no es un día de descanso sino de fervor. Sin fútbol, el desajuste es inmediato: el asado en familia, la juntada con amigos, la picada frente al televisor, todo pierde sentido. Sin pelota de por medio, la conversación puede volverse incómodamente civilizada. Incluso en los chats de fanáticos, fuente inagotable de memes, bromas y pronósticos, se ven forzados a cambiar de tema. ¿Los Oscar? ¿Tenis? ¿La Liga turca? Nadie se entusiasma demasiado.

En un país acostumbrado a discutir por casi todo, el fútbol tiene la rara capacidad de ordenar el caos. Nos da un marco común, un dialecto compartido del que todos somos nativos: el penal mal cobrado, el cambio hecho a destiempo, la puteada con consenso, el lateral discutido. Y también el golazo, el desmarque habilidoso, la atajada certera, el pase perfecto. Sin esa lengua franca, el domingo queda en silencio. No se escuchan los cantos de las hinchadas camino al estadio, no se venden choripanes en las esquinas, las casacas duermen en los roperos. Los televisores de los bares, que los domingos se convierten en mini plateas populares, pasan partidos lejanos o repeticiones sin alma. Los barrios se quedan quietos, ominosos. La coreografía urbana de colectivos llenos, ritmo de bombos y flamear de banderas desaparece de golpe, mientras lo que verdaderamente importa es lo que debería estar pasando pero no pasa; lo real, esa falta.

El hincha se encuentra frente a una tarde libre que no sabe cómo habitar, una llanura monótona, no del todo inofensiva. Porque el domingo de fútbol también protege, como un escudo de ida y vuelta. Cuando hay partido, en Argentina se reordenan los amores y las grietas: el sobrino progre y el tío facho quedan embanderados bajo los mismos colores y tu mejor amiga se convierte en tu peor némesis por ser del equipo rival. Ese carnaval es lindo de ver, ese folklore. Pero estamos tan acostumbrados a lo que el fútbol nos da como válvula de escape que, sin ese alivio, la ficción se resquebraja. La paciencia colectiva tambalea.

Acá el calendario no se rige por el sol sino por el fixture e interrumpir el ritual es peligroso. Entonces aparecen estrategias de supervivencia. Algunos se refugian en maratones de goles históricos, finales antiguas o compilados de gambetas que prometen devolver una emoción ya conocida. Es una nostalgia sencilla, un modo de mantener la conversación encendida. En mi chat de amigos surgen las primeras reacciones: “Vacío emocional”. “Depresión”. “Vida familiar”. “Falta de horizonte”. “Goles viejos en YouTube”. “Compras online”. “Tendencias suicidas”.

Exagerado, pero no tanto. Más que el deporte en sí mismo, lo que necesitamos es hablar de fútbol, nos falta el bálsamo del relato colectivo. Encima los argentinos estamos psicoanalizados, sabemos cómo funciona la dinámica del deseo, nuestro inconsciente redondo. Eso queremos. A los veintidós tipos corriendo detrás de una pelota, las banderas, los cantos, los relatores tendenciosos, los dirigentes non sanctos, los DTs cuestionados. Todo menos este silencio, este vagar por los canales deportivos como un ruido sordo, con las especulaciones truncas, las apuestas calladas, las chicanas muertas.

Incluso los que dicen odiar el fútbol sienten algo extraño cuando no se juega. El anti-hincha también lo necesita para definirse: para quejarse del ruido, de los cortes de calle, de la obsesión nacional cercana a la barbarie que insiste con detener el mundo durante noventa minutos.

El fútbol es nuestro melodrama moderno: hay héroes de ocasión, villanos de turno, discusiones que duran semanas, promesas juveniles que en pocos meses pasan de ser grandes salvadores a eternos olvidados. Un libreto repetido que regula el estado de ánimo según cómo haya salido tu equipo. Sin partido, ahora el lunes de oficina llega sin veredicto, sin ganadores erguidos ni perdedores que intentan pasar desapercibidos. Una tristeza.

El exfutbolista y escritor Jorge Valdano lo resumió alguna vez con una frase: “El fútbol es lo más importante de las cosas menos importantes”. Ahí está la clave. En ese lugar ambiguo que ocupa entre lo trivial y lo esencial. En un país que vive atravesando crisis y siempre lidia con la incertidumbre, el fútbol nos da algo parecido a una continuidad: siempre habrá un próximo partido, un nuevo campeonato, una revancha. Por eso este vacío, esta tarde gris en la que nada conforma. Porque cuando no hay fútbol, también se suspende una forma muy argentina de narrarnos a nosotros mismos.

Mientras tanto, una consulta: ¿Son este domingo los Oscar? ¿A qué hora empiezan?

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_