Milei ruge en Argentina contra todo y con el Congreso a sus pies
El presidente logra que los legisladores aprueben tres grandes leyes en las sesiones extraordinarias de febrero

Javier Milei atraviesa el momento político más dulce desde que llegó a la Casa Rosada, dos años atrás. El presidente argentino ha doblegado al Congreso con la aprobación de tres grandes leyes en menos de un mes. Ese control de la agenda legislativa parecía improbable hasta hace poco para un dirigente que asumió con una fuerza parlamentaria minoritaria, inexperta y con una retórica de confrontación total con “la casta”. En esta nueva etapa, el líder ultra ya no se presenta como un outsider asediado por el sistema, sino como un mandatario que avanza como una aplanadora para moldear Argentina de acuerdo a sus ideas. Enfrente tiene a un peronismo incapaz de oponer resistencia: está malherido por deserciones y peleas internas por el liderazgo.
El giro no es menor. Milei ha conseguido aprobar la mayor reforma laboral en 50 años, un objetivo que durante décadas frustró a otros presidentes de derechas con mayor respaldo legislativo y territorial. La nueva legislación permite extender la jornada laboral hasta un máximo de 12 horas, cuatro más de las que regían hasta ahora. También abarata los despidos, reduce impuestos a las empresas, vuelve optativo el pago de horas extras y merma el poder sindical al limitar el derecho a huelga y favorecer los convenios por empresa.
Conseguir los votos suficientes obligó al Gobierno ultra a guardar en el cajón algunos artículos, como el que reducía hasta la mitad el sueldo de los empleados de baja por enfermedad o accidente. Los aliados del Pro y de la Unión Cívica Radical forzaron su retirada del proyecto y se retrasó una semana la aprobación definitiva de la ley. Fue el único golpe que sufrió la agenda legislativa planteada por el partido de Milei, La Libertad Avanza. La oposición peronista, la huelga convocada por los sindicatos y las protestas en las calles fueron, en cambio, manotazos de ahogado. A partir del lunes, los detractores de la ley cambiarán de estrategia: intentarán frenarla por vía judicial.
A diferencia de la reforma laboral, que divide opiniones, la baja de la edad de imputabilidad penal es una medida popular. Argentina está entre los países más seguros de América Latina, con 3,7 homicidios cada 100.000 habitantes, pero las encuestas muestran que la inseguridad es una gran preocupación y muchos aplauden la política de mano dura del presidente ultra. Milei propuso en un primer momento bajar la edad de imputabilidad hasta los diez años, después la elevó a 13 y finalmente accedió a dejarla en 14 para garantizar su aprobación.

Más experiencia política
La protagonista legislativa ha sido la senadora Patricia Bullrich. La exministra de Seguridad es una veterana política que se mueve como pez en el agua entre pasillos y despachos, a diferencia de la mayoría de advenedizos de La Libertad Avanza. Desde que se convirtió en la jefa de bloque en la Cámara Alta, el pasado diciembre, ha disciplinado a las filas propias, tejido alianzas con los bloques moderados y neutralizado a la oposición más dura. La última jugada de Bullrich fue arrebatar la vicepresidencia del Senado al peronismo. Aprovechó la ruptura de tres senadores peronistas del bloque para ofrecer a uno de ellos, Carolina Moisés, esa silla que por usos y costumbres le corresponde al espacio mayoritario opositor. Se trata de la primera vez desde 1983 que el peronismo no tiene representación en las autoridades del Senado. Su debilidad política se acentúa por la falta de liderazgo tras el arresto domiciliario de la expresidenta Cristina Kirchner por una condena a seis años por corrupción.
Más en la sombra, pero en el centro del dispositivo de poder ultra, está Karina Milei, secretaria general de la Presidencia y hermana del mandatario, convertida en la principal guardiana política del proyecto. La dueña del látigo y de la guillotina del Gobierno. Su influencia —proyectada literalmente desde lo alto de los palcos del Congreso al momento de las votaciones clave— configura una dupla inédita en la democracia argentina reciente.
La postal del Congreso argentino de hoy es muy distinta a la del año pasado. Hace sólo seis meses la oposición se unió para rechazar por más de dos tercios vetos de Milei a leyes, como la que aumenta el presupuesto de las universidades públicas y la que declara la emergencia en discapacidad. Milei se encontraba, además, acechado por escándalos. En febrero de 2025, quedó en la mira de la Justicia por difundir en redes una criptomoneda, $Libra, que resultó ser una estafa. Poco después, las sospechas se dirigieron hacia su hermana, acusada de participar en una red de sobornos en la compra de medicamentos. Un año después, la justicia argentina, conocida por acomodarse a los vientos que soplan, avanza lento en ambas causas.
Las críticas furibundas que el presidente vertió en el pasado contra los integrantes del Congreso— “ratas”, “casta”, “degenerados fiscales” y “corruptos”, entre otros insultos— han mutado en agradecimientos. El León, envalentonado, ha declarado 2026 “Año de la grandeza argentina”. Promete que las reformas aprobadas y las que le seguirán en los próximos meses impulsarán el resurgir de un país que arrastra 15 años de estancamiento económico.
Su modelo económico, sin embargo, estuvo cerca de la implosión poco antes de las elecciones de medio término, en octubre pasado. La cotización del dólar subía y el Gobierno debió desprenderse de enormes sumas para contener ese valor, que en Argentina es rápidamente trasladado a precios, atizando el problema estructural de la inflación.
En ese momento, Donald Trump rescató al Gobierno del abismo. Salió en auxilio con 20.000 millones de dólares de financiación y, además, en un movimiento inédito, el Tesoro estadounidense intervino directamente en el mercado de cambios local para estabilizar la moneda. Tal vez mal informado, el presidente estadounidense acompañó la ayuda con un mensaje de apoyo a la “relección” de Milei, cuestión que no estaba en juego dado que era una elección legislativa. Desde entonces, la relación entre ambos líderes continúa creciendo con gestos y visitas. Milei ya voló 15 veces a Estados Unidos, muy por encima de la cantidad de viajes que hizo a países vecinos.
Desde ese episodio, y tras cosechar más del 40% de los votos en las elecciones legislativas, las variables económicas volvieron a sosegarse en Argentina. Al menos en una vista superficial. El dólar se mantiene estable e incluso desde sectores productivos reclaman al Gobierno que al nivel actual les quita competitividad frente al mundo: que Argentina está cara en dólares.
Los empresarios argentinos se encuentran frente a un dilema cada vez más difícil de sortear. Intentan mantener el apoyo que le han prodigado a Milei desde el inicio de su Gobierno al tiempo que soportan el desmoronamiento de la actividad en algunos sectores e incluso el cierre de empresas, como ocurrió recientemente con la histórica fábrica de neumáticos Fate. En diálogo con EL PAÍS, el presidente de la Unión Industrial Argentina, Martín Rappallini, valoró la transformación económica en curso como un proceso necesario, incluso cuando eso significa que “algunas empresas quedarán en el camino”.

Los empresarios no solo soportan con cierta amabilidad el nuevo escenario configurado por la apertura abrupta de las barreras comerciales, sino agresiones directas del presidente, cada vez más brutales. Llamó a Paolo Rocca, principal industrial argentino y dueño de la multinacional Techint, “Don Chatarrín de los Tubitos Caros”, mofándose de la licitación que perdió frente a un competidor indio. Esta semana cargó también con Javier Madanes Quintanilla, dueño de la quebrada Fate, al llamarlo “Don Gomita Alumínica”. En su razonamiento, Madanes Quintanilla quiso perjudicar el avance de la reforma laboral al anunciar el cierre de su compañía justo antes de la discusión de esa ley en el Congreso. A Roberto Méndez, que en una entrevista admitió que antes de la apertura comercial vendían neumáticos a precios caros por la falta de competencia, lo llamó “el Señor Lengua Floja”. En sus redes, apuntó contra los tres juntos y dijo que son la evidencia de “un sistema corrupto” y los tildó de “delincuentes”. Aun haciendo todos los sacrificios, los empresarios caen progresivamente en la bolsa de enemigos que va engordando Milei, en la que ya ha metido tempranamente a periodistas (“mandriles”, “ensobrados”, en referencia a los sobres que recibirían para vender sus palabras), analistas económicos (“econochantas”) y dirigentes opositores.
También el ministro de Economía, Luis Caputo, tildó de ingratos a los empresarios por su falta de euforia frente a una reforma laboral que los beneficia. El funcionario, que confía en que esta flexibilización de la normativa contribuirá a generar más puestos de trabajo, parece perder de vista lo que es evidente hasta para los analistas más afines al Gobierno: la causa fundamental de la falta de creación de empleo registrado es que la economía no crece.
El fuerte ajuste del gasto público aplicado por Milei se concentró sobre todo en jubilaciones, subsidios a los servicios públicos y obra pública, golpeando los niveles de actividad. Para Santiago Bulat, director de la consultora económica Invecq, se advierte una heterogeneidad muy fuerte entre sectores. Minería, energía, actividades inmobiliarias y servicios basados en conocimiento crecen y, en el otro extremo, rubros como consumo masivo, construcción, turismo o comercio están en niveles muy bajos. “Ese promedio te da una economía en niveles positivos, pero no para todos igual, y eso se suma a los salarios que dejaron de recuperarse desde octubre de 2025. Ahí hay algo pendiente para mejorar”, apunta.
La baja de la inflación es el mérito que más se le reconoce a Milei por parte de los argentinos de a pie, hartos de vivir con picos violentos de suba de precios como el 210% anual de 2023, el último año de gobierno de Alberto Fernández. Sin embargo, el gobierno del ultra tampoco logra consolidar ese proceso. En enero pasado —último dato oficial disponible— la inflación fue de 2,9%, lo que reflejó el quinto mes consecutivo de aceleración. Así, se alejan la meta fijada en el presupuesto oficial del 10% anual y la promesa pública de Milei de llegar a agosto con un porcentaje mensual tendiente a cero. El propio Gobierno dio cuenta de que el plan no avanza tal como fue trazado cuando decidió postergar por ese motivo el cambio de metodología anunciado para el Indice de Precios al Consumidor. La decisión derivó en la renuncia del director del organismo de estadísticas nacional, Marco Lavagna.
Mientras, las familias argentinas sufren la caída de los salarios y crece el endeudamiento para cubrir gastos corrientes. La irregularidad en los pagos se triplicó en un año y llegó a su valor más alto desde 2010, con un mayor protagonismo de préstamos no bancarios. “Yo hago la bicicleta dos o tres meses hasta que se me junta todo y ahí tengo que sacar otro crédito para saldar lo anterior. Nunca se termina”, cuenta Daniela, de 45 años, que tiene dos trabajos, un hijo de 10 años que cría sola y un tendal de deudas que se multiplican cada mes por efecto de tasas de interés desorbitadas.
El sueldo bruto promedio de los trabajadores asalariados en Argentina —de 1,6 millones de pesos o 1.150 dólares por mes— es el triple que el de los trabajadores informales, que representan alrededor del 40% del mercado laboral. Por eso, tener un empleo a menudo no es suficiente y muchos compaginan hasta tres y cuatro para llegar a fin de mes.
Para Matías Rajnerman, economista jefe de Macroeconomía del Banco Provincia, el mayor desafío de Argentina sigue siendo la deuda en moneda extranjera, en un contexto de bajas reservas y sin posibilidades de financiamiento externo desde 2018. Argentina tiene que pagar 8.500 millones de dólares de vencimiento de deuda de aquí a fin de año —gran parte de ello del Fondo Monetario Internacional, que tiene al país sudamericano como su principal deudor a nivel global— y hoy resulta incierto cómo hacerlo sin afectar las reservas y sin ajustar el tipo de cambio. La euforia de Milei va a necesitar resultados económicos más sólidos para sostenerse.
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