Padura, Guerriero, Vásquez y el arte de escribir columnas: “Debemos hallar lo universal en las entrañas de lo local”
Los escritores de Cuba, Argentina y Colombia conversan en el Hay Festival, en el marco de la conmemoración de los 50 años de EL PAÍS


EL PAÍS nació hace 50 años como un diario español pero hoy en día es mucho más latinoamericano. Lo destacó varias veces este viernes Javier Moreno, director de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS, cuando entrevistó en el Hay Festival de Cartagena a tres de los columnistas más reconocidos del periódico: el cubano Leonardo Padura, la argentina Leila Guerriero, y el colombiano Juan Gabriel Vásquez. Se trata del primero de varios eventos en la capital del caribe para conmemorar las cinco décadas del periódico que, como recordó Moreno, ya cuenta con más de 80 periodistas en América Latina, desde Santiago de Chile a Ciudad de México. “Algunos de los principales articulistas son de aquí”, recordó.
Padura, Guerriero y Vásquez, leídos en toda la región, primero hablaron de lo que representó el diario en los ochenta y noventa para ellos, cuando empezaron a leerlo regularmente. “Yo algún día voy a escribir acá”, se dijo la periodista argentina en 1993, después de que en Buenos Aires encontró una vieja copia de El País Semanal y se encontró allí con un perfil del artista plástico Miquel Barceló. En la misma década Padura leía la edición impresa sin falta cuando se montaba en un avión hacia o desde Madrid. “EL PAÍS es donde cualquier periodista quisiera tener su nombre firmando”, contó.
Vásquez también lo empezó a volver lectura diaria cuando se mudó a Barcelona a finales de la década. “Desde el 99 quería una reseña de un libro mío”, contó, un sueño cumplido en 2004 tras la publicación de su novela Los Informantes. El periódico les dio un espacio, cuentan todos, a veces muy largo, a veces excesivamente corto: solo 350 palabras pedía Guerriero. “Le dan 50 palabras más que a mí”, dijo riendo Padura sobre las 950 que publica Vásquez.

“Ustedes no escriben para sus países”, repitió Moreno, ya que los tres autores escriben sobre temas más allá que sus nacionalidades: de Trump, la guerra en Ucrania o las amenazas sobre Groenlandia. “Creo que vivimos un momento histórico donde ya nada pasa solamente donde pasa. Cualquier incidente político en nuestro mundo interconectado tiene un efecto en otras partes”, afirmó Vásquez. Guerreiro añadió que, antes de entrar a EL PAÍS, trabajó para varios medios extranjeros desde Argentina, lo que le permitió explicar los temas con un contexto claro para lectores en cualquier lugar del mundo. “Entiendes que no le estás escribiendo a tu tía, estás escribiendo para un universo más grande”, contó.
Pero para la argentina su objetivo ha sido no solo hablar de la geopolítica que nos atraviesa a todos, sino de las experiencias humanas que también son universales: “La columna que escribo es algo rara, porque hablo de mundos privados, que no quiere decir que sea mi mundo privado. Hablo de la pérdida, del duelo, del amor, del desamor. Esa una gota de experiencia universal”.
Leonardo Padura contó que le pidió explícitamente al periódico, cuando entró a escribir como columnista, que no lo consideraran un corresponsal de Cuba. “Y cuando hablo de Cuba, trato de tener siempre en mente algo que he aplicado también en mi literatura, una frase que he repetido muchísimo: debemos hallar lo universal en las entrañas de lo local”, contó. “Yo no escribo ni para lectores españoles, ni para lectores cubanos, escribo para el periódico EL PAÍS”.

Moreno recordó que cuando EL PAÍS nació hace 50 años la democracia “era una promesa”, y hoy, con las distintas crisis políticas por el auge del autoritarismo y los populismos, parece ser una palabra “por defender”. Unas crisis que, inevitablemente, afectan al columnista, le sugirió a los tres escritores.
Sin lugar a dudas, le respondieron. “Se ha deteriorado la relación de la palabra con la realidad que intenta describir”, contó Vásquez. Hizo entonces una referencia a 1984, la icónica novela del George Orwell sobre el totalitarismo (publicada en 1949), en la que la orden principal del partido político es “no crean ustedes en lo que ven sus ojos y en lo que oyen sus oídos”. Vásquez ve un paralelismo directo con “lo que estamos viviendo”, e hizo referencia al momento reciente en que una periodista corrigió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, diciendo que este confundió Groenlandia con Islandia en Davos. La jefa de prensa de la Casa Blanca replicó que no se equivocó, porque hacía referencia al hielo (Ice) y no al país (Iceland). “Cuando eso se puede decir, cuando hay una maquinaria para decir que el presidente Trump no se equivocó, la orden del partido es clarísima”, dijo Vásquez. “Hay que jugar en serio a la libertad de expresión, y te lo dice algo en un país donde la prensa es oficial”, añadió Padura.

Guerriero pidió más responsabilidad para que los periódicos, y los medios en general, no caigan en las lógicas binarias de las redes sociales y no levanten “una bandera polarista, de que nosotros sabemos la verdad, cuando esto es una construcción más colectiva que la firma de un autor”.
“¿Qué le exigirían ustedes al periódico los próximos años?”, preguntó Moreno mirando al futuro. “No pido que se repare una falta, pero que se cobre conciencia de un valor del periodismo como el lugar de resistencia frente a un estallido por los aires de la realidad común”, pidió Vásquez, ya que las redes y la inteligencia artificial parecen haber dividido a los ciudadanos frente a la realidad que reconocen.
Guerriero pidió periodistas que se mantengan trabajando en temas complejos, “en textos desafiantes que llenan al lector de dudas, de preguntas”. “La mejor forma de ser un ciudadano es dudar, dudar, dudar”, dijo. Padura se sumó a la argentina. Pidió al diario no entrar en la lógica de las redes sociales y no limitar a los periodistas en su tiempo o espacio para escribir. “Y si no tiene toda la verdad, por lo menos que no mienta. La verdad es relativa, la mentira es absoluta. El periódico debe aferrarse a las verdades posibles”, terminó.
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