
Videoanálisis | Venezuela enfrenta el peso de las expectativas sobre su futuro económico
¿Dónde está esa plata? ¿Por qué no llega a los bolsillos de los venezolanos? Es la pregunta que circula desde que Estados Unidos irrumpió en Venezuela
Hay familias en Venezuela que no comen carne porque no pueden pagarla. Hay jubilados que reciben menos de un dólar al mes de pensión. Y sobre todo, hay millones de venezolanos que viven esperando. Porque desde el 3 de enero, cuando Estados Unidos irrumpió en Venezuela, se instaló una idea por encima de cualquier otra, que la economía iba a mejorar, que ahora sí iba a empezar a entrar dinero, que ahora sí ese dinero por fin iba a llegar a la gente.
Pero eso todavía no está ocurriendo. La expectativa ha crecido a una velocidad que la realidad no está consiguiendo acompañar y la gente está frustrada porque Venezuela sí está generando nuevos ingresos, está vendiendo petróleo, está vendiendo oro, está trayendo inversiones. Pero la gran pregunta sigue siendo la misma, que es ¿dónde está esa plata? ¿Por qué no llega a los bolsillos de los venezolanos?
Parte de esos fondos están retenidos fuera del país porque las sanciones siguen condicionando la economía. Venezuela ha montado un sistema financiero tan alambicado y opaco para sortear años de sanciones que desmontarlo va a llevar su tiempo. Además, la economía venezolana hoy se sostiene en un equilibrio súper frágil. Depende del tipo de cambio del precio del petróleo, de la inflación y de la brecha entre el dólar oficial y el paralelo.
Hoy esa brecha está disparada y eso mata la capacidad de compra, alimenta la inflación y distorsiona los precios. La inflación ya no está en los millones por 100 de antaño, pero sigue en tres dígitos. Y eso en la vida diaria se siente igual de duro. La mayoría cobra en bolívares que pierden valor constantemente y además persiste una presión fiscal muy fuerte, impuestos superpuestos, cargas que muchos consideran confiscatorios.
El resultado es claro el dinero existe, pero no baja al bolsillo. Los inversionistas y los economistas de Venezuela, sin embargo, se dividen entre los optimistas y los muy optimistas. La economía, dicen, empezará a mejorar en el segundo semestre del año. Mientras tanto, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, intenta contener la frustración, el temor a un estallido social puede ser un factor más de inestabilidad en un momento en el que se busca justo lo contrario.
Rodríguez ha anunciado un aumento responsable del salario a partir del 1 de mayo, pero no ha concretado de cuánto. La calle contenida durante todos estos años ahora se impacienta. El venezolano de a pie tiene más prisa. El pasado jueves se organizó una marcha que pretendía ser masiva para reclamar mejoras salariales. Acudieron sindicatos, estudiantes y sobre todo, jubilados, pero no les dejaron avanzar por las calles principales que tenían previsto. La policía estranguló la movilización y nunca llegó al Palacio de Miraflores. Lo volveremos a intentar, dijeron al retirarse, porque estos días en Venezuela se respira una sensación muy evidente.
La gente tiene hambre de futuro y quiere que su futuro llegue rápido, quizá más rápido de lo que nadie es capaz de garantizarles.