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Perú elige en las urnas a su noveno presidente en 10 años

Keiko Fujimori, que va por su cuarto intento por la presidencia, es la favorita para ganar la primera vuelta

Simpatizantes asisten al cierre de campaña de Rafael López Aliaga, en Lima, Perú, el 9 de abril. John Reyes (EFE)

Son días donde el país está empapelado de promesas. No hay esquina que no esté atiborrada de afiches que garantizan la esperanza de una vida más digna y próspera, pero sobre todo segura. En el Rímac, un distrito señorial de Lima venido a menos —bautizado con el mismo nombre del río que baña a la capital—, un aspirante a la presidencia se publicita con un ojo biónico para cazar delincuentes. Otro candidato a diputado, que se hace llamar El Patriota, se promociona con una fotografía digna de una vieja película de Rambo: grito furioso, ropa de comando y rostro pintado para camuflarse en el follaje de la selva.

El Perú escogerá su nuevo rumbo este domingo 12 de abril en una primera vuelta electoral. El candidato que resulte ganador será el noveno presidente en 10 años, luego de un largo periodo de inestabilidad política. Las encuestas anticipan que ninguno de los 35 aspirantes alcanzará el 50% necesario más un voto necesario para ganar en el primer turno. La segunda vuelta está prevista para el 7 de junio.

Debido a la escalada de extorsiones y sicariato, la seguridad ha copado el debate. La precariedad de la salud pública, el atraso educativo y la debacle cultural prácticamente no han existido en las campañas. Las propuestas se han centrado en acabar con la criminalidad, con recetas radicales y violentas, como construir una megacárcel como el Cecot de El Salvador.

Una mayoría de analistas políticos subraya el desánimo y la apatía con la que los peruanos acudirán a las urnas. Se sienten desencantados, dicen, por aquella clase política que ha debilitado a la investidura presidencial y que ha hecho poco por revertir el temor generalizado de salir a la calle. El historiador José Carlos Agüero tiene otra lectura. Considera que la ciudadanía expresará emociones muy intensas. “En Lima hay una emoción de repudio. Quizá no sea una emoción muy constructiva, pero en principio ya es algo. En las provincias del interior del país hay una fuerza de revancha y restitución muy poderosa porque sienten que la vacancia hacia Pedro Castillo fue un castigo contra ellos, por lo que él representaba. Ese no voto no es pesimista, sino reivindicativo”.

El expresidente Pedro Castillo, encarcelado desde hace tres años y medio por un fallido intento de autogolpe, es una variable en la contienda electoral. Cuatro candidatos han asegurado que lo indultarán de ser gobierno. Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), quien cuenta con el aval del propio Castillo —instó a votar por él en una audiencia judicial—; y Ronald Atencio (Venceremos), cuyos seguidores lo catalogan como el candidato de la “verdadera izquierda”. Pero también dos aspirantes a la presidencia que lo han dicho a escasos metros de la meta, como una promesa de último minuto: Alfonso López Chau (Ahora Nación) y Ricardo Belmont (Cívico Obras).

En la carrera hacia Palacio arrancaron 36 candidatos, pero 35 continúan en competencia —el candidato Napoleón Becerra falleció el mes pasado—. La fragmentación ha logrado que una decena de candidatos tenga posibilidades de ser el próximo presidente del Perú a pesar de que ninguno alcanza el 20% de las preferencias. En esta semana, un diario local exhortó a que un grupo de candidatos catalogados de centro uniera fuerzas. Pero el endose de votos, a menos de 48 horas, parece improbable.

“Los actores no son lo que deseamos, son lo que son. No están diseñados para generar proyectos comunes ni alianzas. Son egoístas y autoritarios. Su ánimo es la competencia. Se van a canibalizar entre ellos”, dice Agüero, aunque reconoce que, a diferencia de otras elecciones, existe un “puñado de gente razonable y decente” que lo anima a pensar que hay un futuro. Ubica en ese grupo a Alfonso López Chau (Ahora Nación), Jorge Nieto (Buen Gobierno), Marisol Pérez Tello (Primero la Gente), Yonhy Lescano (Cooperación Popular) y Mesías Guevara (Partido Morado).

Más de 2.5 millones de peruanos votarán por primera vez. Un bolsón de votos que los candidatos han peleado con codicia, principalmente en Instagram y TikTok. César Acuña (Alianza para el Progreso) contó con el apoyo —se cuestiona cuánto les habría pagado— de influencers que repetían una y otra vez que el Chato “estaba en la cima”. La estrategia no se ha traducido en votos, y Acuña figura muy rezagado en los sondeos. Su agrupación política es una de las más influyentes en el Congreso y su poder peligra en el siguiente quinquenio.

“Las redes estuvieron sobresaturadas. No hubo eslóganes contundentes, jingles que marquen la diferencia. La competencia fue por atención, mas no por credibilidad. Hubo candidatos que priorizaron generar alcance con influencers bajo cualquier formato. O peor, uniéndose a trends, aunque hiciesen el ridículo”, describe Milagros Muñoz, especialista en comunicación política. “Una campaña es un ecosistema con diversos componentes. Capitalizar las redes sociales para consolidar un compromiso real urge”, remarca. Hace poco, el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) reveló que Facebook continúa siendo la red más usada por los peruanos para informarse sobre las elecciones: 45% frente a un 27% de TikTok y 16% de YouTube. Tal vez algunos equivocaron la mira.

En un país como Perú, donde la gastronomía es una cuestión de Estado y el primer peldaño de una identidad en construcción, la comida tiene reservado un lugar en las elecciones generales. Debido a la prohibición de revelar encuestas en la última semana, la prensa le ha asignado un platillo a cada candidato para comentar cómo marcha en las encuestas. Fernando Llanos, un periodista con 2,4 millones de seguidores en TikTok, ha revelado que los cuatro primeros lugares le pertenecen por ahora a “makis con taper”, “ceviche de pez payaso”, “pollo colorado añejo” y “chancho a la olla”. Para más señas, Keiko Fujimori, una política de origen nikkei que fue denunciada por entregar dádivas en tapers; Carlos Álvarez, un humorista que se apoya en sus imitaciones para conectar con la gente; Ricardo Belmont, exalcalde de Lima, con 80 años a cuestas; y Rafael López Aliaga, autoproclamado Porky, como el cerdito de los dibujos animados.

Perú decidirá a su noveno presidente en una década. El tablero está tan pegado que el flash electoral del domingo podría ser un bumerán para quienes canten victoria antes de tiempo. Como en las últimas elecciones, los malos perdedores podrían recurrir al fantasma del fraude. La desesperada promesa de último minuto de Álvaro Paz de la Barra (Fe en el Perú), un candidato cuya intención de voto es mínima, acaso ilustra el nivel de las propuestas: “Volverá el 3x10”, gritó frente a un auditorio afiebrado. En buen cristiano: tres cervezas volverán a costar diez soles (menos de tres dólares).

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