Alberto Vergara: “En las elecciones peruanas coinciden los problemas más graves con la peor oferta en décadas”
El académico peruano analiza la primera vuelta de las presidenciales del domingo, en la que compiten 35 candidatos


La primera vuelta de las elecciones peruanas está al doblar la esquina. Los ciudadanos decidirán a su próximo presidente —además de los representantes del Congreso y el Parlamento Andino— en medio de un laberinto de 35 opciones y una cédula de votación más grande que un cartón de pizza familiar. El politólogo Alberto Vergara (Lima, 1974), profesor de la Universidad del Pacífico, quien vive entre Montevideo y Lima, da sus impresiones sobre una contienda que, desde su mirada, no significará “un punto de quiebre sino un alto más en la trayectoria del ciclo de inestabilidad en el que Perú está inserto desde hace mucho”.
Pregunta. Toda elección es la promesa de un país mejor. ¿Con qué mezcla de sentimientos votarán los peruanos este domingo?
Respuesta. Lo que marca a estas elecciones es la brecha entre los problemas más graves en décadas con la peor oferta también en décadas. Son unas elecciones que, lamentablemente, traen muy poquitas oportunidades de alterar la trayectoria de inestabilidad política y decadencia institucional que prevalece en Perú. Por eso mismo, no hay candidatos que produzcan entusiasmo, tampoco plataformas programáticamente sólidas. El ánimo oscila entre la apatía y la resignación.
P. ¿Se romperá el ciclo de inestabilidad crónica que ha llevado a Perú a tener ocho presidentes en una década?
R. Me resulta difícil que eso ocurra. Porque los vicios que produjeron esa inestabilidad están en los partidos y candidatos con más opciones. Y, al mismo tiempo, la mayoría de las nuevas organizaciones recogen las mismas lógicas cortoplacistas y rapaces que nos trajeron hasta aquí. La política peruana cabalga sin jockey, no quedan actores de peso, las instituciones a duras penas restringen a los políticos y la legitimidad del sistema está por el suelo. Estas elecciones reproducen todo eso. Esperar un resultado distinto es ingenuo. Voy a recuperar una expresión que usé hace años en otro contexto. Se trata de un sistema de alternancia sin alternativa.
P. ¿Cómo se explica que un ciudadano deba elegir entre 35 opciones para presidente?
R. Las organizaciones políticas en el Congreso trabajaron deliberadamente para profundizar las taras del sistema político peruano, como facilitar la creación de “partidos” o cancelar cualquier mecanismo que prevenga la fragmentación (como primarias). Sabíamos que si no se cambiaban las reglas de la representación, la dispersión y mediocridad se agravaría, y es lo que ocurrió. En el año 2021 tuvimos 17 candidaturas y en estos cinco años se optó por mantener las reglas de juego que creaban la dispersión y la consecuente inestabilidad. Hay que ver la vergüenza que han sido los debates presidenciales, una mezcla de amateurismo, estupidez, desorganización. 35 candidatos precarios es la continuación muy lógica de ocho presidentes precarios en 10 años.
P. Si bien la incertidumbre rodea el proceso, nuevamente Keiko Fujimori se perfila como la favorita. ¿Por qué en las últimas cuatro elecciones al final todo pareciera reducirse a quién la acompaña en segunda vuelta?
R. Ese es otro gran incentivo a la dispersión. Como se sabe que Keiko Fujimori es suficientemente fuerte para pasar a segunda vuelta, pero también ampliamente detestada para perderla, todos los candidatos rezan para llegar a esa instancia contra ella, lo cual alimenta la fragmentación. Y probablemente ese resultado se repetirá por cuarta vez.
P. Todo indica que el aspirante con más posibilidades es el cómico Carlos Álvarez, quien en los años noventa animaba los mítines de Alberto Fujimori.
R. En realidad, hay un pelotón de cuatro o cinco candidatos con opciones para llegar a segunda vuelta. Nadie me parece netamente favorito. Las elecciones peruanas nunca defraudan en materia de aluviones de última hora. Pero es cierto, el cómico Carlos Álvarez creció en el momento preciso, entre las participaciones tan mediocres de los debates.
P. En el sur se percibe un voto de revancha de parte de quienes fueron tildados de ignorantes por ser partidarios de Pedro Castillo y consideran que, más allá del golpe de Estado, nunca se le dejó gobernar.
R. Sí, el sur tiene una relación de tensión histórica con el poder central y con Lima en particular. A esa condición histórica se suma que la derecha peruana quiso descarrilar las elecciones que Castillo había ganado legítimamente con el voto del sur y, sobre eso, la masacre de decenas de ciudadanos y ciudadanas en el sur durante el gobierno de Dina Boluarte. Es natural que exista ese ánimo de revancha.
P. ¿Se han agudizado las condiciones para que el Parlamento continúe gobernando el país?
R. En estos cinco años el diseño constitucional se inclinó a favor del Congreso. Y no va a ser fácil disolverlo. Para empezar, se ha creado nuevamente un Senado que no puede ser disuelto. Pero el problema, de todas formas, está más en las prácticas e incentivos ya asumidos por quienes llegan a la política que en las reglas formales del sistema.
P. Como ha dicho hace poco, se necesita conocer profundamente el perfil de los vicepresidentes. Al fin y al cabo son ellos los que terminan presidiendo el Perú.
R. Claro, este es un país donde conocer a los candidatos a la vicepresidencia es tanto o más importante que el candidato a la Presidencia. Como el sistema se funda en organizaciones políticas creadas para venderle la candidatura presidencial a un independiente y para subastar los puestos en las listas congresales, los vicepresidentes no tienen ninguna lealtad, ni siquiera conocen al candidato a la presidencia o a los congresistas. La política peruana es un bazar persa poblado de enanos rezando por la lotería presidencial.
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