Nicolas Sarkozy, ante el tribunal: “Cuando un presidente entra en prisión, también es una humillación para su país”
El exjefe de Estado llega a la recta final de su declaración en el juicio en apelación por la presunta financiación libia de su campaña de 2007. Es el caso por el que fue condenado y entró en la cárcel el pasado octubre

El expresidente francés Nicolas Sarkozy (2007-2012) ha afrontado este jueves la recta final de un interrogatorio clave que marcará su futuro judicial, el del proceso en apelación por la financiación de su campaña presidencial de 2007 por parte del régimen libio del fallecido Muamar el Gadafi. Es el caso más comprometido y mediático de los que tiene abiertos y el que le llevó a ingresar en prisión en octubre pasado, tras ser condenado a cinco años de cárcel por un delito de asociación ilícita.
“Que un presidente de la República cruce las puertas [de la prisión] de la Santé, es también una humillación para su país”, ha señalado Sarkozy este jueves durante su declaración, que ya está en la fase final, pues ha sido interrogado por los jueces, la acusación y la Fiscalía. Durante tres días y más de una veintena de horas, el exmandatario ha tratado de convencer al tribunal de su inocencia y hoy era su última ocasión. Se juega mucho porque si le absuelven, dará carpetazo a lo que él define como “un calvario judicial”, pero también podría entrar en prisión de nuevo y prolongarlo, si la sentencia es dura.
En primera instancia, fue condenado por el citado delito al probarse que maniobró para obtener fondos del régimen de Gadafi para lanzar su carrera al Elíseo. Fue absuelto de los otros dos delitos que se le imputaban, corrupción pasiva y desvío de fondos, porque no se pudo demostrar que el dinero se usara finalmente para ello. Como recurrió el fallo, pasó solo tres semanas en la cárcel, antes de obtener la libertad provisional.
Las jornadas de declaración han sido largas, con el propio Sarkozy pidiendo pausas. Ha tomado notas sistemáticamente de todas las preguntas que se le hacían y siempre aferrado a un bolígrafo. Empezó con un tono más conciliador y relajado. Le convenía, después de haber criticado a los jueces que le condenaron y haber denunciado un golpe al Estado de derecho, aunque en algunos momentos ha elevado el tono a raíz de algunas de las preguntas del tribunal o la acusación.
Sarkozy se ha defendido como en el primer juicio: insiste en que es inocente y sostiene que no tenía ninguna relación particular con el dictador libio. Dice ser víctima de “un complot” para ensuciar su imagen y que el asunto de la financiación libia de su campaña electoral es una confabulación orquestada por la familia Gadafi, que tiene un ”odio visceral” contra él. “Es una comedia mala, con una base política, y si alguien tiene derecho a decirlo es el acusado”, ha protestado, para justificar algunas de sus salidas de tono.
En este proceso sí ha tomado más distancia con tres de sus exministros, implicados también en el caso. Fueron los encargados de viajar a Libia cuando él era candidato presidencial para, presuntamente, conseguir los fondos para su campaña a cambio de favores políticos. “Cometieron un error al viajar a Libia” y una “imprudencia” al relacionarse con algunos de los colaboradores del régimen, ha justificado Sarkozy. Entonces, él era ministro del Interior, además de candidato presidencial.
El presidente del tribunal le ha interrogado sobre sus ambiciones presidenciales y ha cuestionado la credibilidad de sus palabras. “Creo que he mantenido declaraciones coherentes (…). He sufrido escuchas [telefónicas] durante años, se ha examinado mi patrimonio… He respondido ya muchas veces por esto. No me avergüenzo de mis actos”, ha protestado.
El reproche que se le ha hecho también, más allá de los presuntos delitos, es que negociara, directa o indirectamente, con un dictador acusado de promover el terrorismo. El propio Sarkozy ha definido a Gadafi como “un sanguinario” y ha dicho ser víctima de una campaña de odio orquestada por su familia y colaboradores como venganza por la intervención militar de 2011 en Libia, capitaneada por Francia cuando él era presidente.
Es la que llevó a la caída del régimen y la muerte del dictador. “A ver si ahora tengo que justificarme por ser un asesino, además de un delincuente”, respondió, visiblemente molesto, al presidente del tribunal cuando éste le preguntaba sobre esta operación militar y las circunstancias de la muerte de Gadafi. Sobre la familia del libio ha dicho: “Estamos en un manicomio de locos movidos por el odio”.
También se le ha reprochado que usara esta palabra tras ser condenado, cuando entró en la cárcel. “Probablemente he usado la palabra odio… Para mí era contra los gadafistas, contra el medio Mediapart, que me persigue con odio desde hace años y una parte, también lo admito, contra las peticiones que hizo la Fiscalía financiera, que se basa en argumentos poco jurídicos y más políticos. Era mi estado de ánimo. ¿Usaría esas mismas palabras hoy? Quizá no”. “Creo haber demostrado durante todo mi calvario judicial que respeto a la institución. He intentado responder a mi manera”.
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