Brasil se encamina a unas elecciones sin mujeres candidatas a la presidencia por primera vez en más de 20 años
La peculiar temporada de fichajes que precede a la campaña sitúa al partido del clan Bolsonaro como el más atractivo para los parlamentarios

Cuando el próximo mes de octubre los electores brasileños se coloquen frente a las urnas electrónicas para teclear su voto a la Presidencia, en la pantalla no habrá opción de ver ningún rostro de mujer. Todo apunta a que, por primera vez desde 2002, Brasil celebrará unas elecciones sin ninguna candidata a ocupar el Palacio del Planalto. De momento, los comicios se perfilan como una contienda entre dos hombres: el aspirante a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente, que cumple condena en prisión domiciliar. Hay un puñado de otros precandidatos con bastantes menos posibilidades, como el gobernador del estado de Goiás, Ronaldo Caiado, que se acaba de postular. Todos tienen en común que son hombres y de partidos de derechas.
Paradójicamente, en los comicios de hace cuatro años se batió el récord de candidatas a la presidencia; fueron cuatro, aunque tan sólo la senadora de centro Simone Tebet consiguió un tímido apoyo, logrando el 4% de los votos. Lo consiguió a duras penas, atrapada por la polarización entre Lula y Bolsonaro y con buena parte de su partido dándole la espalda.
Tras proclamarse vencedor, Lula la invitó a formar parte de su Gobierno como ministra de Planificación, un gesto que no pocos interpretaron como un regalo envenenado, dado que en estos años apenas ha tenido visibilidad y ocasiones de lucirse. Ahora intentará conquistar un escaño como senadora.
La ausencia de mujeres en las candidaturas presidenciales no es más que un reflejo de la falta de representación femenina en la política de modo general. Brasil está a la cola a nivel mundial, en el puesto 133 del ranking de participación femenina en el parlamento elaborado por la ONU. Son menos del 20% de los congresistas.

En el Gobierno de Lula hay apenas ocho mujeres entre una larga lista de 38 ministerios y el panorama también es desolador si se mira el mapa entero de Brasil: de 27 estados, sólo dos gobernadoras. En los últimos años se aprobaron leyes que obligan a los partidos a unas cuotas mínimas de candidatas, pero la Justicia electoral tiene que intervenir constantemente para perseguir las estrategias de las formaciones para burlar la normativa. Además, en la gran mayoría de los casos las candidaturas femeninas se colocan para cumplir, y, sin financiación adecuada ni visibilidad mediática, están abocadas al fracaso.
Los pasillos del poder en Brasil se encuentran en ese exacto momento de los tejemanejes previos a la contienda electoral que pueden ser cruciales para la viabilidad de los candidatos. Acaba de terminar la llamada ventana partidaria, una especie de temporada de fichajes, en la que durante un mes los congresistas pueden cambiar de partido sin perder el mandato. Como en el fútbol, los partidos hacen promesas y los políticos migran en función de sus intereses, en busca de dinero y tiempo de publicidad en televisión para sus campañas personales.
El partido que ha sumado más diputados es el ultraderechista Partido Liberal (PL), porque el olfato de los políticos de derechas que acaban de sumarse al carro les dice que asociar su imagen a la del hijo de Bolsonaro les hará más competitivos. Partidos de la derecha más moderada han perdido integrantes en favor de la opción más radical, mientras que el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula no ha conquistado ni perdido integrantes, se ha mantenido estable.

Los movimientos reflejan el sentir de las últimas semanas, con los vientos soplando a favor del lado conservador. Flávio Bolsonaro ya aparece empatando o incluso superando levemente a Lula en algunas encuestas, mientras el Gobierno no da con la tecla para remontar en popularidad. La campaña empieza oficialmente a mediados de agosto y los brasileños acudirán a las urnas el 4 de octubre para la primera vuelta.
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