Ir al contenido
_
_
_
_

Mayana Zatz, la genetista que busca el secreto de los supercentenarios en el mestizaje de Brasil

La veterana científica habla sobre sus casi 200 voluntarios y del estudio que coordina sobre la vejez saludable en un país diverso con acceso muy dispar a la sanidad

La genetista brasileña Mayana Zatz, coordinadora de un estudio sobre centenarios, posa en la Universidad de São Paulo tras la entrevista. Lela Beltrão

El día que Milton celebró su 108 cumpleaños años invitó a unos 40 amigos a su casa, en Brasilia. Durante la velada el anfitrión se fue dirigiendo a cada uno por su nombre para contarles cómo habían influido en su vida. Entre los presentes, una mujer con la que Milton intercambiaba correos electrónicos con frecuencia, la genetista brasileña Mayana Zatz (Tel Aviv, 78 años), que recuerda la escena para ilustrar el envidiable desempeño cognitivo que exhiben algunos de los casi 200 voluntarios centenarios, incluidos algunos supercentenarios de más de 110 años, que participan en un estudio genético que coordina en la Universidad de São Paulo (USP).

“Me preguntaba por las novedades, que cómo iban las técnicas de edición de genes o cómo íbamos a estudiar la parte inmunológica”, explica la científica en su despacho del Centro de Investigación del Genoma Humano y Células Madre de la USP. Milton no entró en el olimpo de los supercentenarios porque la muerte lo sorprendió durmiendo tras una vida que incluía café y un whisky cada mañana.

La investigación en busca de las claves de una vejez saludable, reseñada en enero en la revista Genomic Psychiatry, ha puesto el foco sobre esta bióloga molecular considerada una de las grandes especialistas brasileñas en distrofias musculares, en entender sus causas y actuar para prevenirlas.

Hasta abril de 2025, las tres personas más añosas del mundo eran brasileñas, recalca la científica. Permanece en el podio João Marino Neto, con 113 años, el hombre más viejo del mundo desde hace cuatro meses, según el Gerontology Reserach Group, que rastrea y verifica los supercentenarios por todo el mundo. “Acabamos de tomar muestras a un hombre de 111 años”, dice la genetista, satisfecha.

Brasil es el hogar de una significativa cantidad de centenarios (más de 37.000), pese a ser un país en desarrollo, lejos de los campeones de la longevidad como Japón, Estados Unidos o los países mediterráneos. Pero más llamativo aún es que haya supercentenarios brasileños. Su equipo, de ocho personas, anda con el radar siempre desplegado a la búsqueda de voluntarios, que deben continuar físicamente activos y tener al menos 95 años. Una vez aceptan participar, les toman una muestra de sangre.

Una de las hipótesis que manejan los investigadores brasileños es que la clave este en el mestizaje genético. “Una de nuestras hipótesis es que las personas mestizas tengan la suerte de reunir genes resistentes de varios grupos étnicos”. Es decir que algunos de esos brasileños hayan ganado la lotería y heredado los mejores genes de sus ancestros negros, blancos, indígenas, asiáticos…

Porque la de Brasil es una de las poblaciones más mestizas del mundo. Combina a los descendientes de los nativos supervivientes de la invasión en 1500, mezclados con los colonos portugueses, con los africanos que sobrevivieron la travesía del Atlántico y fueron esclavizados durante tres siglos en la caña de azúcar o el oro, mezclados a su vez con los inmigrantes de Europa, Oriente Próximo y Extremo Oriente invitados en el XX a poblar el país y, de paso, blanquear la población, en sintonía con la eugenesia racista de la época. Fracasaron. Desde 2022, una mayoría de brasileños se declaran mestizos.

El equipo de la USP, una universidad pública que destaca entre las mejores de América Latina, estudia otra variable porque el sistema de salud público es de acceso muy desigual y no es este un país que destaque por tener una dieta saludable, prácticamente saltó del hambre a los ultraprocesados, concepto acuñado por otro científico brasileño de la USP.

Zatz y sus colegas intentan demostrar que “los centenarios, especialmente aquellos que viven en regiones remotas y no tienen acceso a la medicina moderna, fueron seleccionados durante su infancia, ya que en Brasil era muy común que una mujer tuviera diez hijos y solo uno o dos sobrevivieran. Quienes sobrevivían eran más resistentes”. Podría ser el caso de João Marino Neto, que ha vivido sus 113 años en el interior de Ceará, en una de las regiones más empobrecidas de Brasil. Vive en Apuiarés, un minúsculo municipio rural.

“Queremos entender cómo funcionan los genes” de estos brasileños que disfrutan de una vejez saludable, para, explica, “ayudar a las personas que no tuvieron la suerte de nacer con esos genes”. “Por ejemplo, tenemos centenarios atletas como Laura, que es nadadora. Tiene 107 años, es de una familia de centenarias. Queremos entender qué mantiene ese músculo” o a qué obedece que Milton, el de la fiesta de cumpleaños, o la hermana Inah Canabarro, una monja que llegó a ser la persona más longeva del mundo, estuvieran tan lúcidos hasta el final.

Zatz empezó a estudiar centenarios al descubrir varios que habían padecido y superado la infección de covid 19 en la pandemia. Quizá fijarse en aquellos supervivientes prodigiosos era consecuencia de toda una carrera profesional volcada en enfermedades genéticas muy graves, como la distrofia muscular de Duchenne, que afecta a niños a los que les impide andar a partir de la adolescencia y a menudo no cumplen los 20. “Un día me di cuenta de que trabajar, por un lado, con esas distrofias, con diagnósticos que son devastadores para las familias, y por otro con ancianos felices quizá es una manera de compensar”.

La propia coordinadora del estudio muestra un aspecto envidiable a sus 78 años. Dejó de correr a diario hace unos años al desarrollar asma, pero aún camina entre seis y siete kilómetros diarios, no come carne desde que era veinteañera y no tiene hobbys. Su vida es la investigación y la docencia. Está encantada de seguir dando clase y de haberse quitado de encima las labores más tediosas de la universidad. Madre de dos hijos, afirma que en Brasil nunca se ha sentido discriminada por ser mujer, “me sentí discriminada en Estados Unidos, donde no hay permiso de maternidad y hay que negociar el salario, aquí cobramos igual, depende del puesto”.

La científica nació en Tel Aviv meses antes de la creación del Estado de Israel, adonde sus padres arribaron desde Rumania huyendo del nazismo. Pero la vida resultó demasiado ardua y, al año, marcharon a Francia. Aquella niña curiosa había cumplido los siete cuando un amigo instalado en Brasil les contó a sus padres que aquel era un país prometedor. Se instalaron en São Paulo. “Ya desde el colegio me interesó saber cómo se transmiten las características de una generación a otra. En esa época no se hablaba de genética. A mi madre le costaba mucho explicar a sus amigas qué iba a estudiar su hija”, que hizo Biología para especializarse en genética médica.

Una de las aportaciones de Zatz y su equipo ha sido diversificar los bancos genómicos, copados por muestras de Europa y Asia. Hace unos años aportaron dos millones de variantes brasileñas al secuenciar el genoma de 1.200 compatriotas.

Cuenta que entre los centenarios han descubierto a tres mujeres con la mutación genética responsable por una forma hereditaria de cáncer de mama -la que llevó a la actriz Angelina Jolie a extirparse los pechos—. “Descubrimos tres mujeres con más de 90 años que no habían desarrollado cáncer de mama, lo que indica que esa mutación que en un origen europeo puede ser responsable por el cáncer, en uno mestizo puede que no, mostrando la importancia de esos genes protectores”. Recalca que las investigaciones con los centenarios contribuirán a impulsar la medicina de precisión.

Lamenta que la repercusión mediática de la pesquisa sobre los centenarios no haya venido acompañada de nuevos fondos. “A ver si alguno de esos millonarios americanos que quieren vivir para siempre contribuye a nuestro trabajo”, bromea y enfatiza que la única fuente de financiación que tiene es la FAPESP, una fundación del Gobierno de São Paulo que destina a la investigación el 1% de los impuestos estatales que recauda. En Brasil “tenemos centros de excelencia como este de la USP, donde podemos hacer todo lo que se hace fuera, pero deberíamos tener más centros de excelencia por todo Brasil”.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_