La embarcación del convoy ‘Nuestra América’ arriba a Cuba con ayuda humanitaria y activistas de 30 países
Cuatro días después de lo previsto, atraca en La Habana la penúltima parte de la delegación. La oposición cubana la tilda de “turismo ideológico”


La embarcación Maguro arriba a la terminal de Cruceros de La Habana ondeando tres banderas: la palestina, la cubana y una blanca. Es la flotilla del convoy Nuestra América, una delegación de las izquierdas europeas para traer ayuda humanitaria a una isla “asfixiada” por un “bloqueo genocida” de Estados Unidos, con más de 60 años de historia y agudizado desde enero. “Abajo el imperialismo. Viva la solidaridad entre los pueblos”, vitorean medio millar de activistas, la gobernadora de La Habana y miembros del Comité Central del Partido Comunista. Aquí vieron amanecer esperando su llegada, retrasada por mal clima desde el viernes. En una esquina de la terminal, una anciana se quita las gafas para secarse las lágrimas. “Esta gente se juega la vida por nosotros, por ayudarnos”, celebra emocionada.
“Cuba es un ejemplo de soberanía y dignidad”, exclamó Thiago Ávila, activista brasileño, minutos después de bajarse de la embarcación, bautizada como Granma 2.0, en referencia al yate que inició las luchas guerrilleras que culminaron con el triunfo de la Revolución, en 1959. Abrazado a una kufiya, el reconocido activista, que también subió a la flotilla de solidaridad con Gaza, agradeció al Gobierno cubano y aseguró que este es “un acto de retribución con Cuba, el país más solidario del mundo”.

Junto a él atracaron unos 40 activistas, influenciadores y miembros de movimientos sociales de más de 30 países. Los recién llegados abrazaban emocionados a quienes llevan una semana entregando parte de los útiles médicos y placas solares a los centros médicos de la capital. Esta tarde se prevé que lleguen los dos últimos veleros. El Gobierno no ha explicado aún cómo va a repartir las 20 toneladas a lo largo y ancho del país, como ha prometido la organización del convoy, en medio de la crisis de combustible que azota la isla.
Después de que sonara el himno del país, Yanet Hernández Pérez, gobernadora de La Habana, agradeció a las autoridades de México y a los tripulantes por haber tendido la mano a la isla. “Este es un gesto de profundo significado que demuestra que la solidaridad entre pueblos hermanados es más fuerte que el bloqueo”. “Es difícil destruir el sistema más cruel y poderoso del mundo, pero juntos tenemos más fuerza que el imperio”, añadió Ávila. “Pa’ lo que sea, Fidel. Pa’ lo que sea”, concluyó.

Estas embarcaciones debieron haber llegado a Cuba el pasado viernes, pero, según contaron desde la organización, “una mezcla de corriente, viento y motor sobrecalentando” demoró la fecha planteada inicialmente. Los próximos días estarán visitando escuelas, hospitales y campos agrícolas donde pretenden dejar la ayuda.
Días después de la llegada de los primeros activistas a la isla, el director de Open Arms, Oscar Camps, anunció que harían zarpar otra flotilla desde Barcelona con generadores fotovoltaicos, para “garantizar que como mínimo el Departamento de Cuidados Intensivos de un hospital pediátrico pueda atender a los neonatos”. La embarcación, apoyada por partidos de la izquierda española, Podemos, Sumar y Bildu, será de carácter “testimonial”, con paradas en puntos de la costa mediterránea y Canarias “para poder hacer actos con el fin de sensibilizar y de recaudar fondos para financiar esta iniciativa”.
La periodista Teresa Aranguren lamentó la creciente escalada de tensiones entre La Habana y Washington e instó al Gobierno español y a las instituciones europeas “a expresar su rechazo a la guerra económica que lleva practicando Estados Unidos más de seis décadas”, dijo durante la presentación. Se estima que esta flotilla arribe en mayo.

La llegada del convoy Nuestra América y el anuncio de Camps han despertado críticas, principalmente entre el sector opositor cubano, que tilda de “turismo ideológico” el convoy y reprueba la politización de la ayuda recibida. “Ante los micrófonos rechazan la política de asfixia contra la isla y, sin embargo, abrazan a quienes nos amordazan, se toman fotos con quienes nos reprimen y sonríen junto a los que destruyen nuestra nación, haciendo emigrar a nuestros hijos y ahogando nuestra esperanza”, escribió la periodista Yoani Sánchez, directora del medio 14ymedio, residente en Cuba.
Para Elaine Acosta, investigadora cubana asociada al Cuban Research Institute de Florida International University, este convoy es parte de una “maniobra política” más vinculada “con la élite cubana que con la ciudadanía”. Acosta teme que esta ayuda sea “desviada” a otros fines y “que acabe vendiéndose” en tiendas dolarizadas. “La coyuntura actual es tan crítica que, si bien en otros momentos este convoy podría servir de gran ayuda, hoy es un parche, porque la envergadura actual no está generada por actores externos, aunque sí agravada por ello”. Es, asegura, propaganda y sobreideologización.

Este fin de semana, el grupo de rap irlandés Kneecap, que llevaba días en la capital cubana como parte del convoy, actuó gratuitamente para un centenar de personas que lo auparon al grito de “Free Cuba, fuck Trump, fuck Netanyahu!”. Este evento fue también criticado ampliamente en redes. “Los hospitales están sin electricidad, pero al menos hay un concierto de una banda de rap”, decían algunos tuits.
Ada Galano, miembro de la organización Mujeres contra la Guerra, abraza con lágrimas en los ojos a Humberto, un activista italiano con quien vino a Cuba con más ayuda sanitaria durante la pandemia de la covid-19. “Yo quisiera ver a los compatriotas cubanos que tanto critican mandando ayuda también. Si se unieran a nosotros, quizás nuestro pueblo tuviera menos necesidades”, exclama. Esta mujer cubano-italiana lleva toda la semana compartiendo en sus redes sociales la entrega de medicamentos “para todos los que piensan que no van a llegar donde se necesitan”. Levanta la bandera de Cuba y zanja: “Si tantas dudas tienen, que vengan a comprobarlo. ¿Somos 600 personas diciendo mentiras?”.
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