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Ataque de EE UU a Venezuela
Opinión

Enrique Márquez, el hombre que ponderaba 

De las celdas de El Helicoide al palco de honor de Donald Trump en el Capitolio. Márquez es un ingeniero dedicado a la política y a generar consenso

Enrique Márquez en Washington, el 24 de febrero.Kevin Lamarque (REUTERS)

La madrugada del 7 de diciembre de 2015, Enrique Márquez veía con asombro cómo la coalición de la que formaba parte arrasaba en las elecciones parlamentarias de la Asamblea Nacional de Venezuela. Ganaron 112 de los 165 escaños en disputa. Una victoria construida en el pulso de las diferencias habituales de la oposición venezolana.

En una habitación de un hotel que habían convertido en sede del comando de campaña, Márquez —entonces miembro del partido socialdemócrata Un Nuevo Tiempo— recibía junto a otros dirigentes la información que iban enviando los testigos electorales. Mientras todos sacaban cuentas y daban instrucciones para resguardar actas, él reflexionaba sobre las implicaciones de ese triunfo en la que fue la noche más linda de la oposición venezolana. Una alegría que duró poco.

En 2021, otra era la historia. Enrique Márquez, de profesión ingeniero y político de oficio, se convirtió en rector del Consejo Nacional Electoral. Para lograrlo, desafió a antiguos compañeros de ruta y buscó nuevos aliados. Había dejado sin estridencias el partido UNT en 2018, cuando esa organización se sumó al boicot electoral. Junto al muy técnico Roberto Picón, fue la cuota de una oposición fragmentada en la conformación de lo que para muchos fue el “mejor CNE” de los últimos años.

Obligado a renunciar dos años después, lo hizo confiando en una promesa de Jorge Rodríguez, de la coalición de gobierno. Los partidos de oposición que lo llevaron al Poder Electoral le sacaron la silla; el oficialismo no cumplió su palabra de escogerlo nuevamente para integrar el CNE y, por el contrario, designó a la peor directiva que ha tenido este cuerpo colegiado en los últimos 27 años.

La sentencia que lo metería en prisión fue dictada en agosto de 2024. Cuestionó la decisión del Tribunal Supremo de Justicia que validó el fraude electoral. Según testigos, le dijo a Nicolás Maduro, en privado: “Usted sabe que no ganó esa elección”.

Si alguien podía afirmarlo, era Márquez, no solo por su experiencia político-partidista, sino por conocer los recovecos del Poder Electoral. La alianza que lo postuló a las presidenciales de 2024 —Centrados y Redes— era la única, además del partido de gobierno y el de la alianza ganadora, que tenía testigos en más del 80% de las mesas de votación. También porque, ingeniosamente, coló un testigo en la Sala de Totalización del CNE que informó que el primer boletín que dio a conocer el organismo no había sido impreso en esa instancia. Y, finalmente, porque su estrategia de confrontación fue a través de la Constitución.

El 24 de febrero de 2026, a pocos días de haber salido de El Helicoide —el centro de tortura más conocido de Venezuela—, donde estuvo encarcelado por más de un año, Márquez apareció en el Capitolio de Estados Unidos. Había volado en un avión privado desde Caracas. Aunque estuvo varios días en Washington D. C., fue la noche del discurso del Estado de la Unión cuando su presencia se hizo pública.

El presidente Donald Trump lo presentó haciendo un esfuerzo por pronunciar “Enrique” con el sonido más cercano al español que podía. “Por favor, baja”, dijo en inglés. Así, el dirigente, nativo del estado Zulia (mayo, 1963), abrió la puerta de uno de los palcos del Capitolio, abrazó a una sobrina de nombre Alejandra González y la sorpresa rodó por todas partes. “Lo trajimos para celebrar su libertad”, dijo el mandatario estadounidense.

Aún todos se preguntan qué mensaje quiso dar Trump con la invitación a Márquez.

Entre algunas interpretaciones, hay quienes imaginan que el excandidato presidencial puede ser la opción de Estados Unidos para una eventual elección en Venezuela. Sin embargo, esa posibilidad choca con el hecho de que Márquez, si bien ha sido conocido en el espectro político, no es necesariamente un líder popular, como sí lo es María Corina Machado, con quien ha mantenido buenas relaciones, a diferencia de otros dirigentes opositores.

Un excompañero del partido La Causa R, una organización obrerista de la cual Márquez formó parte, valora esas capacidades, pero advierte de su poca ascendencia popular.

No obstante, hay algo en lo que coinciden muchos dirigentes y expertos en la política venezolana: Márquez es un hombre que propicia el consenso.

Para la periodista Elvia Gómez, quien conoce muy bien los entresijos de la oposición venezolana, Márquez ha tenido un buen desempeño en las distintas organizaciones políticas en las que ha hecho vida. “Tiene estómago de hierro para hablar con quien tenga que hablar, pero no claudica en su forma de ver las cosas. Dice lo que tiene que decir”.

Esta es quizás una gran diferencia con algunos de quienes se ubican en el sector moderado. Márquez es un dirigente que busca el poder y tiene capacidad de marcar distancia del tutelaje de la cúpula oficialista.

La exrectora del CNE, Griselda Colina, recuerda que durante su gestión en el organismo electoral, Márquez se dedicó al trabajo político y nunca dejó de escuchar otras voces.

Tal vez una muestra de ese talante es que la candidatura de Márquez fue apoyada por las disidencias del chavismo, entre ellas el Partido Comunista de Venezuela.

Su entorno también afirma que tiene buen sentido del humor, algo realmente necesario para lidiar con los altibajos de la oposición venezolana y con el nuevo mejor amigo de la dictadura. Que un socialdemócrata, apoyado por izquierdistas y otros sectores de ese espectro, haya sido acogido por Donald Trump es uno de esos giros que solo la política venezolana puede producir.

“Tengo todas las esperanzas para Venezuela, lo que está pasando es bueno. Tenemos una oportunidad y esa oportunidad creo que la podemos aprovechar; por lo menos ese es mi compromiso, aprovechar esta oportunidad para construir el país que todos queremos”, dijo Márquez en un video grabado el miércoles, 25 de febrero, en la sala de prensa de la Casa Blanca, a pocas horas de retornar a Venezuela.

El excandidato presidencial pudo haber sido un globo de ensayo, “un mensaje a García” o una movida inteligente. Eso aún está por saberse. En su corta estancia en EEUU hizo cabildeo y se marchó a Caracas. Según sus allegados, piensa iniciar una gira en distintos países.

Los desafíos de la Venezuela actual son distintos a los de 2015. Es un país con la “soberanía tutelada”, con un gobierno de facto y una crisis económica en puertas.

Quizá Márquez se puede convertir en una bisagra que contribuya no solo al engranaje de sectores de la oposición, sino en pieza clave de la construcción de una ruta que lleve a la transición democrática.

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