Política y economía: lecciones desde Bolivia
La estabilidad económica es crucial para mantener el apoyo de la población. Ya no basta con liderazgos carismáticos o con propuestas atractivas pero inviables

Hace un par de semanas hubo elecciones presidenciales en Bolivia. Aún no se sabe quién será el nuevo presidente, ya que será necesaria una segunda vuelta, que tendrá lugar en octubre. Los dos candidatos finalistas son Rodrigo Paz, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, y Jorge “Tuto” Quiroga, expresidente. Ambos se ubican en un espectro político que va de la derecha al centroderecha. Por ello, de lo que sí estamos seguros, es del fin del régimen del Movimiento al Socialismo (MAS), el partido político de izquierda que encabezó durante mucho tiempo Evo Morales, exlíder cocalero de origen aimara y quien fuera tres veces presidente del país (de 2006 a 2019).
Debido a la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia en 2019, su gobierno quedó inconcluso y Jeanine Añez fue designada presidenta interina. El gobierno de Añez convocó a nuevas elecciones presidenciales para 2020, en las cuales fue electo Luis Arce, candidato del oficialista MAS. En total, habrían sido prácticamente 20 años de gobierno del MAS en Bolivia (2006-2025), los cuales llegarán a su fin al término del periodo de Luis Arce.
¿Cómo fue que llegó a su fin un régimen que obtuvo en cuatro ocasiones consecutivas la presidencia de Bolivia con márgenes de victoria muy amplios? Para mucha gente, la respuesta es política: le atribuyen este resultado a las disputas partidistas internas entre el presidente Arce y el expresidente Morales y a la falta de coordinación para nombrar a un candidato de unidad que representara los intereses de su movimiento. Sin embargo, esta respuesta es posiblemente incompleta, ya que no fue en realidad una división del voto de la izquierda lo que permitió el triunfo de los candidatos de la oposición. De hecho, los dos candidatos ideológicamente más afines al MAS, Andrónico Rodríguez (líder cocalero) y Eduardo del Castillo (candidato del MAS), quedaron, respectivamente, en cuarto y sexto lugar en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. En conjunto no alcanzaron ni siquiera el 12% de los votos en la primera vuelta. Muy lejos de los niveles superiores al 50% con los que fueron electos los cuatro gobiernos anteriores del MAS, ninguno de los cuales tuvo necesidad de ir a una segunda ronda de votaciones presidenciales.
Una explicación alternativa de estos resultados tiene que ver con el agotamiento de un modelo económico que no dio los resultados esperados y que ya mostraba claras señales de deterioro. Esto podría explicar por qué los bolivianos decidieron otorgarle su apoyo a candidatos que ofrecían un reajuste en el modelo económico y que planteaban el retorno a la estabilidad como parte de sus ofertas de campaña. En ese sentido, resulta importante entender la magnitud del desequilibrio de las condiciones macroeconómicas en Bolivia que ha ocurrido en los últimos años. Veamos algunas cifras.
Con cifras de julio de 2025, la inflación anual en Bolivia ya es de 25%. Tan sólo la inflación acumulada en los primeros siete meses del año fue de 17%. El déficit fiscal de los últimos dos años ha llegado a ser superior al 10% del PIB y se espera que en 2025 y 2026 exceda al 12% del PIB. La deuda pública en su conjunto ya es superior al 90% del PIB y se espera que continúe aumentando. El tipo de cambio fijo ya no funciona en la realidad y ha dado paso a un fuerte mercado negro de las divisas. Mientras que el tipo de cambio oficial es de 7 bolivianos por dólar, en el mercado negro la divisa se cotiza al menos al doble. Las reservas internacionales, que hace algunos años llegaron a superar los 13 mil millones de dólares, ya han caído a menos de 2 mil millones de dólares. Además, la mayor parte de estas reservas están en oro, ya que en términos líquidos se estima que el Banco Central tiene apenas poco más de 50 millones de dólares. El crecimiento económico en los últimos años, aunque positivo, se ha desacelerado significativamente y se espera que se mantenga en niveles bajos en este y el próximo año. Un reporte reciente del Fondo Monetario Internacional lo ha expresado con toda claridad: “Las perspectivas macroeconómicas bajo las políticas actuales son insostenibles y los riesgos de una crisis de balanza de pagos y fiscal están aumentando.”
¿Por qué se deterioró tan significativamente el entorno macroeconómico en Bolivia? Esto no es algo que haya ocurrido de la noche a la mañana. Han sido años de malas políticas públicas que paulatinamente han ido contribuyendo a este deterioro. Los subsidios a la gasolina y al diésel consumen alrededor de cuatro puntos porcentuales del PIB. La falta de inversión en el sector del gas ha llevado a un estancamiento en la producción de una fuente muy importante de divisas. La caída en la disponibilidad de dólares, aparejada con un régimen cambiario fijo, ha generado una amplia distorsión en el mercado cambiario, que solo se resuelve mediante el mercado negro. El litio, alguna vez la esperanza de Bolivia, no ha podido ser explotado debido a la falta de tecnología e inversión.
La solución a esta compleja situación no es sencilla. Es evidente que no se puede seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes. Es por ello que los bolivianos optaron por alternativas que al menos reconocen el problema y que se preocupan por tratar de resolver los problemas de fondo. Lograr el retorno a la estabilidad macroeconómica no será sencillo ni gratuito. Pero así son estos problemas cuando no se atienden con prontitud.
En resumen, la estabilidad económica es crucial para mantener el apoyo de la población. Ya no basta con liderazgos carismáticos o con propuestas políticamente atractivas, pero económicamente inviables. Hay que ofrecer y garantizar estabilidad y prosperidad económica. La gente también vota con el bolsillo en mente. Ese es quizá el mensaje y la lección más importante de la elección presidencial en Bolivia. Ojalá tomen nota otros gobiernos de la región.
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