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En colaboración conCAF

Los huérfanos del femicidio, una infancia invisibilizada en Argentina

La psicóloga Sonia Almada publica una investigación clínica y social que expone la complejidad del duelo y una deuda aún no reparada

Sonia Almada en Buenos Aires, el 13 de enero.

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“He tratado a cientos de niños huérfanos y privados de cuidados parentales, incluidos aquellos que quedaron huérfanos por el femicidio de sus madres. (...) No es lo mismo crecer sin la madre por enfermedad o abandono que perderla en una muerte violenta. Los niños y niñas quedan atravesados por una categoría más reciente: la orfandad por violencia de género, huérfanos a causa del femicidio”. Este análisis forma parte del prólogo de Huérfanos atravesados por el femicidio, un libro que acaba de publicar Sonia Almada, psicóloga de la Universidad de Buenos Aires y especialista en infancias.

La investigación clínica y social de la argentina llevó más de cuatro años de trabajo. Incluye relatos de familiares de víctimas y aportes de la psicología, el psicoanálisis, la investigación social y el pensamiento feminista. En 2025, se registraron 280 femicidios en Argentina, de acuerdo con datos de observatorios de violencia de género y ONGs. Eso equivale, aproximadamente, a un femicidio cada 31 horas.

A lo largo de sus años de experiencia, Almada notó que el tratamiento del tema de la violencia de género —y el femicidio como su expresión más letal— ponía el ojo en la víctima y en el proceso judicial del victimario. Pero había un gran tema que quedaba prácticamente olvidado. “La problemática de quienes quedaban aparecía de manera muy marginal”, dice Almada, quien insiste en las diferencias en los duelos de las infancias.

Según su investigación, uno de los aspectos destacados es la longitud del duelo y el recuerdo muy vívido de las circunstancias del asesinato. “Ese duelo de mayor extensión no es patológico sino algo absolutamente necesario en relación con la traumatización que sufrieron. En más del 90% de los casos, los niños asisten al asesinato de sus madres o están dentro del lugar donde ocurrió. En el libro hay relatos impresionantes. Aparece un doble duelo por la figura de la mamá y la del femicida, que no les resulta alguien ajeno”. Atraviesan un duelo al que se refiere como múltiples capas.

El libro de Almada cuenta con el valioso testimonio de familiares de víctimas. Marcela Morera, fundadora del colectivo Atravesados por el Femicidio y madre de la víctima Julieta Mena, es una de las entrevistadas. En 2015, su hija de 22 años, que estaba embarazada, fue asesinada por su novio. El agresor fue condenado a prisión perpetua.

“El libro es un gran aporte porque ayuda a visibilizar lo que dejan los femicidios: las infancias truncas y las familias devastadas. Muchas veces se cree que el caso queda cerrado con el entierro de la víctima y la resolución o no de la cuestión judicial. Los chicos son los grandes olvidados. Se necesita atención diferencial para ellos y apoyo para las familias que deben contenerlos”, cree Morera, que lleva adelante una fundación que ayuda a 250 familias del país. “La vida sigue después del femicidio y más aún si quedan niños en la familia. Vos no querés saber más nada ni festejar la vida, pero ellos tienen que ser criados con los mismos derechos e ilusiones que cualquiera”.

María de los Ángeles Zárate es otra de las exponentes de ese dolor sin fondo del femicidio. Ella es madre de Eliana Mendilaharzu, que fue asesinada en 2020 por su pareja en Azul (provincia de Buenos Aires). La pequeña Valentina, de 10 años, hija de Eliana, presenció el asesinato de su madre a manos de su padrastro. “El libro muestra un tema importante, que la sociedad deja abajo de la alfombra y echa luz sobre la falta de políticas públicas. Son infancias invisibilizadas en una sociedad a la que le falta empatía e información”, opina.

Además, pidió que el Estado argentino haga cumplir la Ley Brisa (Ley 27.452), un régimen de reparación económica para niñas, niños y adolescentes que quedan huérfanos por femicidio o violencia familiar. Esa normativa otorga una suma mensual, similar a una jubilación mínima, y cobertura de salud hasta los 21 años, para garantizar su protección y desarrollo integral. Pero para acceder a ella se necesita una sentencia penal firme contra el victimario.

“La falta de celeridad para esos casos es notable. Después de cinco años de lucha logré que mis nietos pudieran cobrarla. No hay una política pública para sostener a los niños ni una asistencia psicológica que funcione de manera urgente. Las prestaciones están paralizadas hace tiempo”, apuntó Zárate.

La idea de los niños como los grandes olvidados, casi como seres invisibilizados, atraviesa el libro de Almada y es una de sus grandes preocupaciones. En uno de sus capítulos, ella señala que muchas estadísticas los nombra como víctimas “colaterales” de la brutalidad de los femicidios. Incluso dice que la niñez es lo último en atender en otras problemáticas.

“Hay una teoría adultocéntrica que dice: ‘Yo te ayudo a vos, que tenés un hijo. Por efecto derrame, eso le llegará a tus chicos’. Las ayudas no van dirigidas directamente a los niños ni son pensados como protagonistas de sus propias vidas e historias. Ellos son sujetos de deseo y de derecho. En cualquier temática que recorras, desde la pobreza hasta la violencia sexual o los huérfanos, los niños son un efecto colateral del drama”, reflexiona Almada.

Es por ello que apuesta por visibilizar el tema: que se tome a la violencia de género como una forma de maltrato infantil con secuelas psicológicas severas. Esas son algunos de los temas que la autora quiere poner sobre la mesa de discusión en la Argentina y en el resto de la región. “Queda un cuerpo en alerta, en estado de susto constante y en desconfianza en el mundo adulto. Tu vida va a ser difícil si empezás a desconfiar de un mundo adulto que te agrede, justo en el momento en el que te estás desarrollando”.

Por último, desea algo que parece difícil en este momento del país, que sufre una desfinanciación y desmantelamiento de las políticas de género en la era de Javier Milei. “No lo creo posible en este contexto pero sería deseable crear programas especiales para los huérfanos, donde se les pueda asistir de forma integral. Me gustaría que, de una vez por todas, se ponga a la niñez en la agenda”.

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