Lyana Latorre: “Queremos aprender de los locales porque conocen qué pasa en cada comunidad”
La vicepresidenta para América Latina de la Fundación Rockefeller ha firmado un acuerdo con CAF que contempla un proyecto de alimentación escolar regenerativa en Colombia, El Salvador y Barbados


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La Fundación Rockefeller desembarcó en América Latina en diciembre de 2025 con la apertura de su oficina de Bogotá, al final de un año muy duro para la cooperación internacional, especialmente tras el desmantelamiento de la agencia estadounidense USAID, responsable hasta entonces del 43% de los fondos que los gobiernos del mundo dedican a ayuda al desarrollo. Pero quien dirige la operación latinoamericana de esta organización filantrópica estadounidense que lleva más de 113 años operando en el mundo cree que su llegada puede enviar un mensaje “de optimismo, permanencia y de querer hacer cosas en la región”, dice Lyana Latorre, vicepresidenta para América Latina y el Caribe de la Fundación Rockefeller.
Latorre está en Panamá, donde acaba de firmar un memorando de entendimiento con CAF- banco de desarrollo de América Latina y el Caribe, en el marco del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe para desarrollar proyectos conjuntos en los próximos tres años. “Sabemos cómo hacer filantropía a nivel global y queremos humildemente llegar a esta región para aprender de los locales porque son los que conocen qué está pasando con esa particularidad de cada país, de cada comunidad”, le dice a América Futura.
Latorre reconoce que la caída de fondos para la cooperación provocó un cambio en el ecosistema de la filantropía. Por eso, cuando la fundación llegó a la región, cuenta, decidieron hacer un “ejercicio de escucha” para ver qué podían aportar, en el que participaron decenas de líderes regionales, empresarios y organizaciones sociales. Así, decidieron que trabajarían en tres pilares: energía, temas climáticos y sistemas alimentarios y de salud. “También entendimos que coordinar es colaborar. Son dos cosas diferentísimas. Estamos muy acostumbrados a coordinarnos, pero no a colaborar y a cocrear”.
La Fundación Rockefeller también está determinada a buscar más recursos y usarlos mejor, explica Latorre. En ese sentido, la vicepresidenta cree que tanto el sector filantrópico como las organizaciones que buscan esos fondos deben cooperar. “Es el momento de unirse y tener un propósito”, señala. Otras de las apuestas de la Fundación Rockefeller son los proyectos de largo plazo (de más de un año), con los que buscan la sostenibilidad y el conocimiento local.
La apuesta por la alimentación escolar
Una de esas primeras apuestas es el acuerdo firmado en Panamá este jueves con CAF que se enfocará en proyectos de seguridad alimentaria, desarrollo de mecanismos de financiamiento innovador, cambio climático, salud pública, recursos energéticos, agricultura regenerativa y agronegocios sostenibles.
La primera acción concreta de esta alianza es una cooperación técnica no reembolsable aprobada por CAF para el mejoramiento de los procesos de gestión de la alimentación escolar en Colombia, El Salvador y Barbados. Se trata de un proyecto piloto de dos años que se enmarca en la iniciativa Regenerative School Meals de la Fundación Rockefeller, que recientemente comprometió 100 millones de dólares para transformar los sistemas de producción hacia modelos regenerativos y agroecológicos para que 100 millones de niños de todo el mundo reciban alimentos producidos de manera sostenible en cinco años.
“La alianza con la Fundación Rockefeller refleja nuestra convicción de que los grandes desafíos de América Latina y el Caribe requieren nuevas formas de colaboración”, dijo tras la firma del memorando de entendimiento el presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados. “La seguridad alimentaria es una prioridad para CAF y trabajar junto a una institución con más de un siglo de trayectoria en innovación filantrópica nos permitirá amplificar el impacto de nuestras acciones en beneficio de millones de niños y familias de la región”.
Para Latorre, esta colaboración ayudará a generar modelos que vayan más allá “más allá de la asistencia básica y se conviertan en motores de transformación económica y social”. El objetivo final, dijo, es sentar las bases para un “sistema que fortalezca los programas de alimentación escolar y mejore las cadenas locales de suministro de alimentos”.
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