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La moneda de América Latina y el Caribe debe ser la biodiversidad

Dos ministros de ambiente y expertos en conservación se dieron cita en Panamá para desmitificar la idea de que proteger la naturaleza es un mal negocio

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Pocas regiones del mundo podrían pelearse por cuál de sus países tiene más biodiversidad por metro cuadrado, un escenario que se dio con tintes cómicos durante el Foro Internacional para América Latina y el Caribe que se celebra en estos días en Panamá y que evidencia una capacidad latente. Lo dijo primero orgulloso Juan Carlos Navarro, ministro de Ambiente de Panamá. Lo refutó minutos después la ministra de Ambiente y Energía de Ecuador, Inés María Manzano. “Haré énfasis en que somos nosotros”, aseguró la jefe de cartera. “Lo que hace que, año a año, y sin tener mayor énfasis en investigación, tengamos unas 85 nuevas especies descritas”.

Más allá de quién tiene la razón —es un ranking que puede cambiar según la metodología—, la puja entre ministros puso el tono del panel al que asistieron: América Latina y el Caribe es megadiversa y eso debe respaldar cualquier crecimiento económico, mercado o idea de negocio. “Todos nuestros países son tan ricos como cualquier país adinerado, como Japón o Europa”, advirtió Gustavo Manrique, exministro de Ambiente, Agua y Transición Ecológica del Ecuador. “La diferencia es que nuestra moneda es la biodiversidad”.

Una mirada simplista suele llevar a la engañosa creencia de que proteger la naturaleza pasa por sacrificar el crecimiento económico. Pero durante la conversación, de la que también hizo parte la brasilera Rachel Biderman, vicepresidente Senior para las Américas en Conservación Internacional, quedó claro que no es un verdadero dilema. Ecuador ha liderado distintos canjes de deuda por naturaleza, incluyendo el que se hizo en 2023 para liberar más de 600 millones de dólares e invertirlos en las islas Galápagos. Brasil, junto a entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), apostó por hacer de la bioeconomía amazónica un sector competitivo. De sur a norte, el subcontinente viene explorando pagos por servicios ambientales, ecoturismo y mercados de carbono, no solo en los bosques, sino en sus mares y manglares.

“En Panamá hemos decidido ordenar la casa”, lanzó Navarro al respecto. “Hace 18 meses creamos un fondo patrimonial para siempre tener flujos de inversión destinados a conservar”. Y es que adaptarse al cambio climático y al declive de los ecosistemas es también una urgencia económica. “La última sequía nos costó mil millones de dólares”, aseguró el ambientalista y político, recordando que el Canal de Panamá, ese motor que marca las cuentas del país, depende de las cuencas y el agua dulce.

Durante la conversación también surgió un tópico que es imposible esquivar en la región: los delitos y el narcotráfico. Sobre todo, cómo las economías criminales tiran coletazos que profundizan la triple crisis ambiental. “Muchos problemas en la Amazonia están asociados al narco”, dijo Biderman. “Hay facciones que no permiten que las economías legales, como la bioeconomía, prosperen. En Brasil hay más de 10 economías ilegales, así que conservar la Amazonia significa combatirlas”.

Ese tema, el narcotráfico, fue ganando protagonismo. Cuando se le preguntó a la ministra de Ecuador qué pensaba sobre las tensiones arancelarias que hay entre el dirigente de su país, Daniel Noboa, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro, respondió con un ejemplo. “¿La gente que hace negocios trata mal a su mejor cliente? Acá hay un cliente [refiriéndose a Ecuador como cliente de Colombia] que está pidiendo que, por seguridad, haga su parte”, se limitó a decir. Apuntando, eso sí, que “todos fuimos parte de la Gran Colombia” y que en la región, más allá de sus divisiones políticas, es “posible una unión”. En especial, cuando se trata de sus ecosistemas que, precisamente, superan las fronteras de cualquier país.

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